antofagasta

Deportes Antofagasta: la punta del iceberg en el reino de la corrupción

La ley acaba de determinar que el club del norte debe retornar a sus verdaderos dueños: sus socios e hinchas. ¿No es hora ya de revisar cómo fue que los poderes fácticos de este país usurparon a Colo Colo y Universidad de Chile para implantar en el fútbol nacional un sistema de Sociedades Anónimas Deportivas nefasto y absolutamente fracasado?

 

Fue, qué duda cabe, una muestra más de la inmoralidad que marcó el advenimiento del sistema de Sociedades Anónimas Deportivas impuesto por la fuerza en el país para usurpar una de las pocas actividades que, generando recursos, no había caído aún en las voraces fauces de inversionistas y empresarios tan codiciosos como ineptos, sinvergüenzas y figurones: el fútbol chileno.

A casi seis años después de una de las negociaciones más turbias y aberrantes que se han visto en Chile, sin embargo, el Segundo Juzgado de Letras en lo civil de Antofagasta determinó la anulación del proceso de venta del Club Deportes Antofagasta al empresario y prestamista Jorge Sánchez en 2012, por lo que, si no se produce un giro increíble, tan propio de este país, la institución volverá a manos de sus socios a través de la Corporación, presidida por Ricardo Rojas.

¿Podía dictarse un fallo distinto, en circunstancias que Sánchez compró el club en la irrisoria cantidad de 10 millones de pesos a Osciel Guzmán, presidente trucho de la Corporación y que no tenía, además, ninguna potestad para enajenarle la institución a sus socios e hinchas?

Se calcula que sólo el gato angora que espantaba los ratones de la sede valía 500 lucas.

¿Podían? Por cierto que no. Pero en este país este tipo de cosas son de ordinaria ocurrencia desde hace décadas sin que el populacho reaccione, por lo que quienes mandan a todo nivel se sienten liberados de rendir cuentas que nadie o muy pocos piden, transformándose, de paso, -víctimas y victimarios- en cómplices activos o pasivos de cuanta paparruchada se acomete habiendo plata de por medio.

En este caso específico, sin embargo, hubo un grupo de socios antofagastinos dispuestos a no dejarse avasallar. A no permitir, por ningún motivo, la concreción de un latrocinio más en la larga lista que jalonan de un tiempo a esta parte al fútbol nacional.

Con una fe digna de encomio, puesto que existen motivos de sobra para que esta flaquee o simplemente desaparezca, recurrieron a los tribunales. Y en un fallo tan justo como inesperado, puesto que en Chile a los delincuentes de cuello y corbata no les sale ni por curados, obtuvieron la razón, sumando a esta victoria legal otras anteriores que daban indicios acerca de para dónde iba la cosa: a fines del año pasado habían conseguido no sólo la invalidación del “proceso” eleccionario que culminó con la presidencia de Osciel Guzmán, sino que la Justicia –además- ordenara congelara los aportes a la Sociedad Anónima antofagastina provenientes de la televisión y los 3,2 millones de dólares que Sánchez y sus regentes se aprestaban a recibir por concepto de la venta del Canal del Fútbol al consorcio estadounidense Turner.

Sánchez y sus adláteres tienen, por cierto, la posibilidad de apelar, contando para ello con un plazo de diez días. Sin embargo, los hechos que rodean la compra del club por parte de estos inversores son tan increíbles y pueriles que no se advierte por dónde podría aparecer el vuelco.

Con todo, la experiencia aconseja no cantar victoria todavía. En este país de juguete, en que hasta resulta presidente electo quien en su oportunidad debió  haber vestido trajecito a rayas, cualquier cosa puede pasar.

Y decimos cantar victoria porque este hecho –la compra de un club de fútbol en monedas- es sólo la punta del iceberg del cúmulo de irregularidades que se fueron concatenando con el tiempo para que el fútbol chileno, antes compuesto por Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro, se transformara en el mamarracho que es hoy, conformado por clubes Sociedades Anónimas Deportivas que no han traído ni de broma la grandeza y el progreso que nos anunciaron cuando se trató de mostrar un futuro idílico para pasarnos gato por liebre.

Con una que otra excepción, la gestión desarrollada por estas Sociedades Anónimas Deportivas ha sido para llorar. Desde el punto de vista administrativo, la inmensa mayoría sobrevive a medo morir saltando gracias exclusivamente a lo que mes a mes les entrega el CDF. Deportivamente, por otra parte, nuestros clubes denominados “grandes” lloran miseria a mares, y nos dicen compungidos que plata no hay para invertir en refuerzos que puedan transformarlos en equipos competitivos a nivel internacional.

Lo que viene, ya se advierte sin necesidad de mirar en una bola de cristal. La U explicará su eventual fracaso echándole la culpa a un grupo muy poco propicio y Colo Colo protagonizará su enésima eliminación temprana de Copa Libertadores con la manida y futbolera frase de que “no nos salieron las cosas y para otra vez será”.

Sobre Wanderers y la U penquista, mejor ni gastar tiempo en análisis y cálculos delirantes. El porteño está con todo derecho en la “B” y el cuadro universitario –mediocre en un torneo por lo demás mediocre-, no tiene nada que hacer en estas instancias.

Lo mismo vale para nuestros aguerridos representantes en la Copa Sudamericana: Everton, Unión Española, Audax Italiano y Deportes Temuco, sólo podrían salvarse del bochorno en la medida que puedan salvar la valla de esos clubes tipo “Titanes del Orinoco” que plagan la primera ronda de este certamen claramente de tono menor. De ahí en más, sin embargo, y como decía el “Coco” Basile, “hay que ir a la iglesia a rezar”.

Por lo demás, esa ha sido la habitual impronta de nuestros clubes en los últimos tiempos en lo que respecta a torneos internacionales: volver con la cola entre las piernas a la primera de cambio.

¿En qué quedó aquello de que en un plazo de cinco años los iluminados regentes de Blanco y Negro iban a transformar a Colo Colo en el Manchester United de Sudamérica y sus alrededores?

Y en cuanto a Gabriel Ruiz Tagle, vetado para cualquier cargo público en el segundo gobierno de excelencia que se nos viene de forma irremediable, por su reiterada ineptitud como ministro de Deportes y pillín consumado en la colusión del papel tissue, a estas alturas de la vida debe tener tareas más urgentes. Como explicar, por ejemplo, cómo fue que la Fiscalía Nacional sancionó a la empresa papelera de la que fue propietario con más de 18 millones de dólares de multa mientras que a la familia Matte, en este punto al menos, la sinvergüenzura de diez años corridos le salió gratis.

La frescura sin nombre que significó robarles el club a los antofagastinos debiera ser el punto de partida para revisar a fondo la existencia de este nefasto y corrupto sistema de Sociedades Anónimas que hoy campea sin contrapeso en el fútbol nacional. Y aunque suene como pedirle peras al olmo, la sangre nueva que llega al Parlamento, en reemplazo de algunos carcamales que pretendían morirse en la Cámara o en el Senado, se anotaría todo un poroto si en su intención de realizar cambios partieran por el fútbol. Porque es una muestra a escala de lo que viene sucediendo en el país desde la Dictadura hasta acá.

¿La compra fraudulenta de Deportes Antofagasta no les recuerda la liquidación a precio de huevo de 725 empresas estatales hacia los finales de la dictadura cívico-militar?

¿Las fraudulentas y digitadas quiebras de Colo Colo y Universidad de Chile las van a seguir considerando de lo más justas y normales, en circunstancias que dieron origen no sólo a la usurpación de ambos clubes, sino al robo flagrante de sus derechos de imagen por parte del Canal del Fútbol?

¿Van a seguir tolerando que el fútbol evada impuestos con pretextos que el Servicio de Impuestos Internos considera de lo más normales y que, más aún, alcahuetea?

¿Qué el Ministerio de Justicia se haga el leso cuando el directorio de la ANFP se mete al bolsillo estatutos y reglamentos y haga desaparecer, en los hechos, a la Federación Chilena de Fútbol?

Avívense, muchachos novatos en tareas parlamentarias. No se dejen contaminar por aquellos que han hecho de la política una profesión y están ahí para defender privilegios de todo tipo, partiendo por los propios.

Nos robaron la salud, la educación, la previsión, el mar, el agua, la luz. Sólo les faltaba el fútbol, pero pirañas como son, también lo consiguieron.

Eduardo Bruna

Eduardo Bruna

Periodista. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (2000). Fue director de Revista Estadio, redactor de El Mercurio, La Tercera, Don Balón, Deporte Total y El Gráfico. Ex profesor de Periodismo Deportivo en la USACH y en el Instituto Nacional del Fútbol.