Bolivia vs Chile

La “amnesia” de la Roja nos deja sólo esperando por el milagro

La doble fecha clasificatoria se transformó de propicia en una pesadilla. A la derrota frente a Paraguay se sumó el contraste inobjetable frente a Bolivia. El equipo de Pizzi extravió por completo el fútbol, el gol y la jerarquía, y lo cierto es que jugando de esta forma el Mundial de Rusia se antoja un objetivo casi imposible.

Desolador.

De los muchos adjetivos que se pueden utilizar para calificar lo que fue este triste partido de la Roja en La Paz, cosechando una nueva derrota, esta vez por 1 a 0, que se suma al fracaso de hace sólo unos días en el Monumental, frente a Paraguay, pareciera que el término “desolador” es el que mejor refleja lo que fue la pasada del cuadro de Pizzi en estas dos fechas clasificatorias.

De partida, se cosechó cero puntos de los seis que los irremediables optimistas creían posibles, pero no sólo eso: el equipo jugó muy mal en Santiago y en la capital altiplánica y prolongó una sequía goleadora que ya se torna intolerable, sumando nada menos que 417 minutos sin convertir un miserable gol.

Para refrescar la dolorosa memoria: la última conquista nacional se produjo frente a Australia, por la Copa Confederaciones disputada en Rusia (Martín Rodríguez), quedándose luego en blanco la Roja frente a Portugal, Alemania, Paraguay y Bolivia.

Ningún equipo puede aspirar a algo con tal obsceno nivel de impotencia e ineficacia. En otras palabras, si hasta esta doble fecha clasificatoria la Selección Nacional figuraba en zona de clasificación directa a Rusia, a partir de ahora hay que volver a apelar a la calculadora y, en una de esas, hasta rogar por el milagro.

¿Qué le pasó a este equipo, capaz de pararse de igual a igual frente al campeón de Europa y a la linajuda Alemania, que ante Paraguay primero y ahora Bolivia sencillamente dio pena?

¿En cosa de algunas semanas a todos se les olvidó jugar al fútbol? ¿Qué queda de ese juego que se ejecutaba como de memoria, que sometía al rival, lo envolvía y, la mayoría de las veces, salía vencedor?

Por lo visto, sólo los despojos. El equipo –absolutamente amnésico-, ya no marca con la aplicación y eficiencia de antes, se ha mostrado incapaz de exhibir fluidez en su juego y –naturalmente- donde antes había precisión e intención por dañar hoy sólo existe atolondramiento y nula claridad para al menos llegar a posición de gol. Que ese gol llegue es otro cuento, pero al menos existiendo posibilidades netas siempre quedará la esperanza de que alguien, alguna vez, dé con el arco para dar por concluida esta escasez que ya constituye todo un maleficio.

Frente a Paraguay, hablamos de la extraviada jerarquía que había evidenciado este cuadro de Pizzi. Apuntamos a lo mal que se vieron jugadores que, como Vidal y Sánchez, por calidad y categoría resultan fundamentales e imprescindibles. Y dijimos que, estando ambos en un nivel bajísimo, lo colectivo se resiente de manera exponencial, porque el resto –siendo buenos jugadores- son sólo normales en lo que a la alta competencia respecta.

Y desgraciadamente, ni Vidal ni Sánchez pudieron, en la altura de La Paz, rehabilitarse de la pésima actuación que a ambos les cupo frente a los paraguayos. Sorprendentemente para jugadores de ese nivel, los dos volvieron a fracasar estruendosamente frente a un cuadro boliviano que, sin  tener grandes argumentos ni muchas luces, con lo poco que tiene hizo lo justo para llevarse una victoria tan inobjetable como justa.

En lo colectivo, la Roja volvió a jugar a nada. A un juego absolutamente mediocre sumó una lentitud exasperante que no podía apurar la sorpresa. La verdad, tampoco parecía buscarla mucho. Era como si la mayoría, a pesar de que el trauma de la altura otras selecciones lo han superado, y siempre nos hemos jactado de eso, tuviera sobre si el fantasma de una puna que podía liquidarlos físicamente si intentaban jugar como en el llano. ¿Recuerdos, tal vez, del desastre experimentado en Quito, frente a los ecuatorianos?

El hecho es que Chile no prosperaba con el balón en su poder. Balón que, por lo demás, los jugadores perdían una y otra vez con una contumacia exasperante.

Negros presagios se cernieron sobre las posibilidades de la Roja concluida la primera etapa. Y es que, salvo un remate de Vidal de distancia, atrapado sin problemas por Lampe, y una oportunidad de gol que dejó ir increíblemente el propio Vidal en la única jugada destacada que pudo concretar el equipo, el resto fue todo de Bolivia.

Para decirlo claro: a nadie le podría haber extrañado, o parecido injusto, si el cuadro dueño de casa se hubiera ido al vestuario con uno o dos goles de ventaja.

Aunque parezca miserable para el bicampeón de América, lo que ofrecía era tan pobre que, de mantenerse el 0 a 0, había que lanzar las campanas al viento.

A esa pobreza de fútbol y de ideas, sin embargo, tuvo que sumarse una nueva intervención irreflexiva de Marcelo Díaz, que cometió penal al intentar bloquear un remate luego que el fondo rojo se hiciera un nudo en su tarea de sacar de esa zona el balón, alejando el peligro. El volante fue con los brazos abiertos y la mano fue tan innecesaria como evidente.

Frente al balón, Arce no desperdició la oportunidad que le brindaba el fútbol para que su equipo se cobrara revancha de esos dos puntos arrebatados por la mañosa inclusión en Santiago del paraguayo Cabrera. Alertado seguramente de lo que Bravo había hecho en la Copa Confederaciones frente a Portugal, le pegó violento y arriba, haciendo estallar al Hernando Siles.

Tal como ocurriera frente a Paraguay, Pizzi reaccionó tarde. Recién en la desventaja intentó torcer el rumbo de un equipo que no funcionaba para nada desde el primer minuto. Partió haciendo ingresar a Paredes por Vargas y luego a Valdivia por Marcelo Díaz, pero ya la desesperación cundía y la imprecisión se multiplicaba, al punto de perder una y otra vez balones que eran fáciles al menos para coordinar y acercarse al área boliviana.

Sólo faltando 10 minutos, más descuentos, se atrevió a sacar a Vidal para ubicar en el supuesto armado a Valencia. No tenía más alternativas, porque otro que hizo méritos de sobra para ser sustituido, era Alexis Sánchez, un espectro del jugador del Arsenal pretendido por poderosas instituciones de Europa durante el período de fichajes.

Bolivia hizo completo su negocio: superó a Chile, hizo tiempo cuando pudo y hasta hizo desaparecer a los pasapelotas para ir quemando minutos. Estrategia tan antigua como desacreditada y a la cual, por cierto, la Roja no puede apelar para incorporarla al arsenal de explicaciones que el hincha espera. Simplemente porque un equipo de jerarquía siempre será capaz de imponer sus términos, por más mañas que el rival intente.

El problema es que este cuadro extravió por completo la jerarquía de su fútbol en cosa de semanas.

La Roja está sufriendo de una dramática y prolongada amnesia que lo transforma de candidato cierto a clasificar a Rusia en un equipo a la que sólo le queda encomendarse a todos los santos.

 

PORMENORES

Clasificatorias sudamericanas. Decimosexta fecha.

Estadio: Hernando Siles, de La Paz.

Público: 30 mil personas, aproximadamente.

Arbitro: Wilmar Cabrera (Colombia).

SELECCIÓN BOLIVIANA: Lampe; Bejarano, Zenteno, Raldes, Flores; Valverde (73’ Candia), Arce, Justiniano, Escobar (46’ Alvarez); Campos (66’ Chumacero), Moreno Martins.

SELECCIÓN CHILENA: Bravo; Isla, Medel, P. Díaz, Beausejour; Hernández, M. Díaz (65’ Valdivia), Silva; Vidal (80’ Valencia); Sánchez y Vargas (63’ Paredes)

Gol: 59’ Arce (penal).

Tarjetas amarillas: En Bolivia, Bejarano, Justiniano, Campos y Chumacero; en Chile, Beausejour y Sánchez.

Tarjeta roja: Chumacero, en el minuto 90.

Eduardo Bruna

Eduardo Bruna

Periodista. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (2000). Fue director de Revista Estadio, redactor de El Mercurio, La Tercera, Don Balón, Deporte Total y El Gráfico. Ex profesor de Periodismo Deportivo en la USACH y en el Instituto Nacional del Fútbol.