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La Roja debutó con el pie derecho

Venciendo por 2 a 0 a Camerún, la Selección Chilena sumó sus tres primeros puntos en el Grupo B de la Copa Confederaciones. El equipo de Pizzi fue claramente superior, pero igual deberá enmendar errores de entrega en la salida desde sus últimas posiciones y concretar de mejor forma las ocasiones de gol que se propicia.

La Roja debutó en la Copa Confederaciones con un triunfo que le hizo justicia a su mejor juego, a su superioridad frente a Camerún. Pero el 2 a 0 conseguido en el estadio del Spartak, de Moscú, dejó tanta satisfacción como dudas. Dudas que tienen que ver, principalmente, con su escaso poder de finiquito respecto de las oportunidades de gol que se propicia y con errores en la salida que frente a un rival más calificado que este elenco africano, podrían haber costado muy caros.

Terminado el primer lapso con el marcador en blanco, luego que debutara para Chile el sistema de revisar electrónicamente jugadas para la polémica, y que significó la anulación del tanto de Vargas, producido justo en el minuto de descuento, fue inevitable no recordar aquel historiado partido de Melbourne, en el año 2.000, por las semifinales del torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos, que había enfrentado por segunda vez en la historia a ambas selecciones.

Y es que, en aquella oportunidad, la Selección Chilena, un cuadro Sub 23 dirigido por Nelson Acosta con el reglamentario refuerzo de tres jugadores que superaban la edad (Nelson Tapia, Pedro Reyes e Iván Zamorano), había zarandeado a su regalado gusto al representativo camerunés, sólo que había dejado ir una tras otra las muchas oportunidades de gol que había sabido procurarse. El resultado de la farra fue que la Roja olímpica no sólo al final perdió el partido (1 a 2), sino que una oportunidad preciosa para haberse hecho de la medalla de oro, toda vez que su rival en la final habría sido España, a la que ya había vapuleado en la fase de grupos.

Chile, en esta oportunidad, también se había creado cuatro o cinco ocasiones claras de anotar y, sin embargo, terminados los primeros 45 minutos de juego, se iba al descanso con un magro empate a cero que en nada reflejaba la superioridad expuesta.

Entre la mala suerte, la impericia y la ausencia notoria de ese goleador que todo equipo debiera tener para cazar rebotes y balones que quedan flotando, la Roja claramente no podía irse al descanso con el marcador en blanco. Por contraste, Camerún tomaba rumbo a los vestuarios más que satisfecho. Y es que, claramente, la había sacado barata.

Con muchas precauciones, entregándole por completo la iniciativa a Chile, Camerún evidenció desde temprano que respetaba mucho al Campeón de América.

A pesar de la falta de espacios que dejaba el conservador esquema africano, Chile se las había arreglado en más de una oportunidad ganando por las bandas. Y eso a pesar de que, por la izquierda, Beausejor y Puch ofrecían bastante menos que lo que por la derecha lograban –pese a todas sus intermitencias- Isla y Fuenzalida.

Antes del minuto ya lo había tenido Vargas, cuyo derechazo dio contra el vertical, rebotó en las piernas del meta africano Ondoa y la pelota se fue dramáticamente al córner cuando el autogol era la consecuencia más lógica. Y como esa incidencia hubo varias más en que el gol rondó por el arco de Camerún, siendo la más clara de todas aquella del minuto 40, cuando Vargas, tras recibir precisa y preciosa habilitación de Arturo Vidal, elevó increíblemente con el arquero completamente entregado a su suerte.

¿Qué oponía a esa Roja superior el juego de Camerún? Poquita cosa, como no fuera su superior juego aéreo en pelotas detenidas y el arrimarse a través de esporádicos contragolpes no surgidos precisamente de su propia búsqueda y talento, sino por errores en la entrega cometidos por los nuestros.

En eso, Jara llevó el estandarte, aunque después corrigió esas fallas. Pero, como él, también se equivocaron feo Fuenzalida y Puch en la salida, dejando a la defensa peligrosamente mal parada.

De hecho, la única oportunidad clara de Camerún provino de una mala entrega de Jara. Bassagog, con la defensa de la Selección totalmente desacomodada, entró al área para rematar en forma furibunda, evitando providencialmente el gol Herrera con su pierna izquierda.

El segundo tiempo fue claramente de tono distinto. Camerún ya no cedió tanto terreno. Se paró más arriba, con la clara intención de cortar el armado de la Roja desde sus últimas posiciones. Y lo consiguió,  lo que de paso le significó tener mucho más la pelota de lo que hasta ahí la había tenido, sólo que la mayoría de sus hombres mostró un dominio de balón muy precario como para que esa posesión se tradujera en daño.

Alexis Sánchez, con problema en uno de sus tobillos, ingresó en esos momentos en que Chile había dejado de monopolizar el dominio del juego y del balón. Y que no estaba ciento por ciento físicamente, se notó pronto. No era capaz de imponer su velocidad y habilidad para producir en el fondo camerunés los desaguisados que se presumían. Lo suyo era claramente intermitente. Pero como el fuera de serie que es, bastó que en el minuto 81 pusiera ese centro milimétrico que hasta ahí había escaseado, para que Vidal –otro gigante- les ganara a los grandotes defensores africanos y provocara el estruendo liberador de un público mayoritariamente volcado a la Roja.

Con más ganas que fútbol, con más ímpetu que talento, Camerún se fue con todo en procura de mejor suerte. A juego perdido, hizo lo que hasta había escandalosamente regateado: la ambición. Pero el fondo nacional –con apuro o sin él- siempre supo resolver de manera adecuada.

Y estaban en eso cuando, en el minuto 90, Sánchez escapó solo en velocidad, ganándole a la línea del off-side. Como en el partido de las clasificatorias, frente a Uruguay. Y, como en aquella oportunidad, tampoco esta vez los veloces defensores cameruneses pudieron pararlo. Sánchez tuvo la sangre fría para eludir al arquero y al defensor que se cerraba, pero el gol, y la posibilidad de sobrepasar a Marcelo Salas como goleador histórico de la roja se la negó el despeje desesperado de otro defensor prácticamente sobre la línea.

El rebote lo capturó Vargas, que también con una gran frialdad hizo llegar el balón  a las mallas.

El festejo, todo un desahogo a esas alturas, tuvo sin embargo que ser “en diferido”, de acuerdo a esta introducción a la tecnología que está explorando la FIFA para evitar las injusticias. El árbitro esloveno Damir Skomina sólo sentenció la conquista luego que sus consuetas, estratégicamente ubicados, y con varios monitores frente a sus ojos, le ratificaran que en el segundo gol chileno esta vez no había existido ningún vicio.

¿Irá a imponerse, finalmente, este recurso innovador? El fútbol a lo mejor ganará en lo que concierne a justicia, enmendando errores arbitrales a veces tan involuntarios como garrafales; pero indudablemente va a perder espontaneidad. Porque claramente no tiene la misma gracia –y mucho menos emoción- celebrar con todo una conquista que se produjo un par de minutos antes.

A pesar de que en líneas generales Chile jugó bien, deberá jugar mejor todavía si quiere escribir otro capítulo glorioso en esta Copa Confederaciones. Claramente, no puede cometer los errores en la entrega cometidos frente a Camerún, porque alemanes, portugueses y mexicanos sabrán mucho mejor cómo aprovecharlos.

Y tampoco se puede permitir producir tan poco en la red para las muchas oportunidades propiciadas. Porque eso es algo que tampoco perdonarán rivales más calificados.

PORMENORES

Partido por el Grupo B de la Copa Confederaciones.

Estadio: Spartak, de Moscú.

Público: 33.492 espectadores.

Arbitro: Damir Skomina, de Eslovenia.

CHILE: Herrera; Isla, Medel, Jara, Beausejor; Aránguiz (71’ Silva), Díaz, Vidal; Fuenzalida (64’ Valencia), Vargas, Puch (57’ Sánchez).

CAMERUN: Ondoa; Mabouka, Ngadeu, Teikeu, Fai; Siani (86’ Ngamaleu), Anguissa (88’ Mandjeck), Djoum, Bassogog; Moukandjo y Aboubakar.

GOLES: Vidal a los 81’ (cabeza) y Vargas a los 90’.

Tarjetas amarillas: en Chile, Jara.

Eduardo Bruna

Eduardo Bruna

Periodista. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (2000). Fue director de Revista Estadio, redactor de El Mercurio, La Tercera, Don Balón, Deporte Total y El Gráfico. Ex profesor de Periodismo Deportivo en la USACH y en el Instituto Nacional del Fútbol.