Brasil vs Chile 3-0

La Roja dijo adiós al Mundial y a un ciclo brillante

Vapuleada por 3 a 0 por Brasil, el cuadro nacional quedó fuera de Rusia 2018 porque en la fase decisiva de las clasificatorias lo hizo todo mal y ya no podía seguir dependiendo de otros. Los integrantes de esta “generación dorada” podrán seguir escribiendo cada uno su propia historia en forma individual, pero en lo colectivo la obligación de sacar las conclusiones adecuadas le corresponderá a la generación que viene. Si es que viene alguna en este hoy pobre fútbol nuestro…

Se acabó.

El sueño frágil, la ilusión etérea, se difuminó de la forma más brutal y contundente. Goleado inmisericordemente por Brasil, por 3 a 0, la Roja vio diluirse definitivamente la tenue posibilidad de clasificar al Mundial de Rusia 2018.

Y ello a pesar de que al frente tuvimos a un Brasil que jugó a media máquina. Que los resultados que se producían en Lima y Asunción seguían respaldando nuestra opción, a esas alturas milagrosa.

Cayendo por 2 a 0 cuando el partido concluía, Bravo graficó la desesperación nacional yendo a buscar un lanzamiento de esquina. Era el todo o nada y fue nada, porque al contrario de llegar a ese gol providencial, que a pesar de todo nos metía en el repechaje, fue contragolpe veloz de Brasil para que Gabriel Jesús, compañero del meta de la Roja en el Manchester City, entrara con pelota y todo en el arco para darnos la paletada final.

La verdad, llegamos a esta última fecha abusando de nuestra suerte. Cayendo en Santiago ante Paraguay, y frente a Bolivia en La Paz, la Roja siguió en zona de clasificación porque, a pesar de ese par de increíbles e inesperadas claudicaciones, había contado con la fortuna de algunos resultados igualmente increíbles e inesperados. El problema es que de la suerte no se puede abusar eternamente. Menos cuando el fútbol que el equipo de Pizzi ofreció luego de la Copa Confederaciones no nos daba grandes posibilidades de recuperar, aunque fuera en parte, el nivel que elevó al equipo a ser en un determinado momento la cuarta selección más poderosa del mundo.

Nos vinimos abajo de golpe, sin transiciones de ningún tipo. Porque aún ganando a Ecuador, la Roja había dejado más dudas que certezas. Se había ganado más con corazón que con buen fútbol y eso, para enfrentar a Brasil en su casa, no se antojaba suficiente.

Cuando terminó el primer tiempo, sin que el marcador se moviera, el corazón mostrado hasta ahí daba para pensar que los dioses podían seguir acompañándonos. Con los ojos puestos en el estadio de Palmeiras, pero la mente viajando entre Asunción y Lima, podíamos sentirnos plenamente conformes con el resultado. Y ojo, que decimos conformes, pero en ningún caso satisfechos.

Jugando suelto, más displicente que nunca, Brasil igual había sido superior. Lo acreditaba su mayor fluidez en la fase de combinaciones y el par de llegadas clarísimas que había sabido procurarse en los pies de Neymar primero y luego en la cabeza de Gabriel Jesús.

A los 16 minutos, Jara cometió el error de mandar un rechazo al cielo, es decir, dividirla, y sucedió lo que se esperaba: la pelota la ganó Brasil y Gabriel de Jesús entrando al área dejó solo a Neymar, cuyo remate no llegó a la red sólo gracias al oportuno achique de Bravo. Y a los 38, en otro balón perdido sobre la línea lateral, Paulinho metió el centro que sorprendió solo al goleador del Manchester City. El cabezazo de este, fue recto hacia Bravo.

Claramente, durante el descanso sólo podíamos llegar a una sola conclusión: la estábamos sacando barata. Y como a pesar de todo seguíamos en carrera, la siguiente conclusión también tenía que ser que, hasta ahí, sobrevivíamos de milagro.

Para colmo de males, Aránguiz no pudo salir a disputar la segunda etapa. En otras palabras, fruto de la suspensión de Vidal, y la no convocatoria de Díaz, el mediocampo nacional era un remedo del que alguna vez había sido. Pero apuntar a este hecho como determinante sería un error de enfoque tan grosero como falaz.

Lo cierto es que la Roja no jugaba a nada. No porque no quisiera. Era que, simplemente, no podía. Los nuestros, que ya la habían perdido bastante durante el primer tiempo, en la segunda parte ya ni siquiera podían quitarla para al menos intentarlo. Brasil, tras la siesta de 45 minutos que se había dado, decidió que a ese rival de tan pocos recursos que había al frente sólo cabía pasarlo por encima.

Y en cosa de dos minutos la Roja recibió dos mazazos. Alexis, de bajo partido, como casi todos, cometió foul contra Casemiro y el tiro libre de Dani Alves hizo que Bravo diera rebote. Paulinho, mucho más vivo que los defensores rojos, aprovechó el grueso error del capitán y sólo tuvo que tocarla para empezar a ubicarnos en ese escenario que muchos sospechábamos, pero que nos negábamos tozudamente a aceptar.

Fue el propio Alexis quien, quedándose con el balón más allá de lo que el buen criterio y la práctica aconsejan, posibilitó el veloz contragolpe brasileño. Perdió el balón por hacer una de más y, tras recibir una habilitación desde sus últimas posiciones, Coutinho emprendió veloz carrera para dejar solo a Neymar, quien aseguró el gol cediéndola a un Gabriel Jesús que entraba absolutamente destapado por el centro del área.

¿Asunto liquidado? Respecto del partido, sí, pero respecto de la clasificación, increíblemente todavía no. El cero que se mantenía en Asunción, y el gol de James Rodríguez para los colombianos, en Lima, seguían preservándonos una opción que a esas alturas, y aunque duela decirlo, no merecíamos por ningún motivo.

El gol de Paolo Guerrero fue la lápida definitiva. Chile necesitaba un gol para seguir aferrado a la posibilidad del inmenso consuelo que a esas alturas significaba el repechaje, pero ¿cómo podía conseguirlo si a través de todos el tiempo que hasta ahí se había jugado sólo había llegado una vez a inquietar relativamente a Ederson, con un cabezazo que Vargas había ensayado a los 3 minutos?

La única, y la última posibilidad, se produjo gracias a una pelota muerta. Iban 78 minutos cuando el “Mago” buscó una cabeza roja en el área brasileña y Medel, ganándoles a los grandotes brasileños, la mandó apenas sobre el travesaño.

Lo que vino después fue justo colofón para un equipo que terminó extraviando por completo los papeles, la compostura y, lo que es más importante, la esencia de su fútbol. Mientras los brfasileños se floreaban, los nuestros sólo tenían el foul como recurso.

De ese equipo del cual hasta hace poco nomás nos enorgullecíamos, sólo quedaban jirones.

El lapidario 3 a 0 no es más que la consecuencia de lo mal que se jugó y de lo mal que se venía jugando.

En la última parte de estas clasificatorias la Roja lo hizo todo mal y eso explica que pague las consecuencias de la forma más brutal y dolorosa.

Ya llegará el momento del análisis frío. De concluir qué cosas se hicieron mal para no volver a repetirlas.

Lo triste es que deberán ser otros hombres lo que tendrán la misión de enmendar el rumbo. A esta generación dorada, como en el tango “Sur”, ya nunca la volveremos a ver como alguna vez la vimos. Desperdigados en sus clubes, cada uno será soberano para ir escribiendo su propia historia en forma individual, pero dejando en el pasado el colectivo.

 

PORMENORES

Clasificatorias Sudamericanas para el Mundial de Rusia 2018.

Ultima fecha.

Estadio: Allianz Parque, de Sao Paulo.

Público: 43 mil espectadores.

Arbitro: Roddy Zambrano (Ecuador).

BRASIL: Ederson; Dani Alves, Marquinhos, Miranda, Alex Sandro; Paulinho, Casemiro, Augusto (81’ Fernandinho); Coutinho (86’ Firmino), Gabriel Jesús, Neymar (84’ Willian).

CHILE: Bravo; Isla, Medel, Jara, Beausejour; Fuenzalida (62’ Puch), Hernández (76’ Paredes), Aránguiz (46’ Pulgar); Valdivia; Vargas y Sánchez.

Goles: Paulinho a los 54’ y Gabriel Jesús a los 56’ y a los 92’+2.

Tarjetas amarillas: En Brasil, Coutinho y Neymar; en Chile, Sánchez e Isla.

Eduardo Bruna

Eduardo Bruna

Periodista. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (2000). Fue director de Revista Estadio, redactor de El Mercurio, La Tercera, Don Balón, Deporte Total y El Gráfico. Ex profesor de Periodismo Deportivo en la USACH y en el Instituto Nacional del Fútbol.