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La U se topó con papá Paredes y papá Cacique

Estaba todo dado para que el cuadro azul rompiera, por fin, una racha de cinco años sin ganarle a Colo Colo. Al final de los 90’, sin embargo, el cuadro que llegaba al compromiso “de punto”, terminó siendo banca.

Pareció que los más negros vaticinios albos se confirmaban cuando, transcurridos apenas seis minutos del Superclásico, la U se ponía arriba en el marcador. Terminado el encuentro mayor del fútbol chileno, sin embargo, el marcador del Estadio Nacional mostraba una realidad distinta a la esperada, aunque nada de incongruente con lo que ha sido el partido en los últimos años: superando un pésimo momento futbolístico, Colo Colo había vuelto a vencer al archirrival por 3 a 1 para ratificar su incontrarrestable paternidad ante un cuadro que no sólo terminó superado, sino que absolutamente descontrolado.

Razón tienen los que afirman que este partido es distinto a todos. Que es un encuentro aparte, donde no valen la historia, las estadísticas ni la posición en la tabla.

Porque en la previa, ¿cuántos eran los que pensaban que la U, que no le gana al Cacique desde el 2013, tenía la gran oportunidad de quebrar esa racha ante un Colo Colo que, futbolísticamente, estaba en el suelo? Sin duda, la inmensa mayoría, incluido en el concepto no sólo los hinchas azules, sino también una buena parte de los seguidores albos, hartos ya de un cuadro incapaz de dar el tono frente a rivales mediocres.

“Las estadísticas están para romperlas”, dijo Guillermo Hoyos, el técnico azul, durante la semana. Cristián Castañeda, ex jugador, había sido más categórico. Hasta despectivo: “A los muertos hay que enterrarlos”, había dicho. Y no había que ser muy perspicaz para entender que el finado rumbo al camposanto no era otro que Colo Colo.

Los cálculos, la lógica implacable, se veían refrendados con ese comienzo azul que hasta se pensó podía ser arrollador.

Carmona perdió una pelota que era suya en terreno peligroso, por no rechazar a tiempo, y su grueso error fue aprovechado al segundo por Matías Rodríguez, que se la robó para cedérsela a Soteldo poco menos que diciéndole “haz el gol”. Y el venezolano, que quedó de cerca y mano a mano con Orión, no supo revolver, aunque el rebote le quedó a Pinilla, que la empujó contra el arco desguarnecido con cualquier cosa.

Era todo un mazazo para Colo Colo, que a sus obvias dudas sumaba una tempranera desventaja. En otras palabras, el cuadro teóricamente inferior futbolísticamente se veía obligado a remar contra la corriente.

A favor del gol, de su mejor juego en esos minutos iniciales, la U manejaba el partido a sus anchas. Mientras los hombres albos llegaban frecuentemente tarde, lo que desde los minutos iniciales se tradujo en la aparición de tarjetas amarillas, y eran incapaces de prosperar pasada la mitad de la cancha, el equipo de Hoyos, si bien no se procuraba nuevas oportunidades, se acercaba repetidamente a la zona defendida por Orión. Es decir, como se dice siempre, se veía mucho más posible una nueva conquista azul que una eventual paridad alba.

La mejor del repertorio azul se vivió a los 23 minutos, cuando Reyes rompió líneas y avanzó sin que ningún rival pudiera pararlo. El último toque del volante, sin embargo, significó que el balón se le abriera demasiado para quedar con el ángulo adecuado para el tiro de gol y la promisoria carga se diluyó en un centro que no trajo consecuencias.

Cuando Colo Colo estaba prácticamente “groggy”, y con poca o nula capacidad de reacción, surgió el jugador que a estas alturas es todo un prócer de la institución popular. Cacheteando de primera un centro de Opazo, que quedó destapado por la izquierda ante la excelente habilitación de Rivero, Paredes hizo estallar la minoritaria galería alba, devolviendo la ilusión a un cuadro que, al parecer, lo único que necesitaba era un gol como ese para tranquilizarse y empezar a jugar en lugar de caer reiteradamente en el fútbol de refriega.

Si el gol contribuyó a tranquilizar a Colo Colo, en la U, al parecer, produjo el efecto contrario. ¿Cómo es que este Colo Colo había logrado empatarles? ¿Cómo era posible que este Paredes, que llevaba siete partidos sin anotar, reapareciera justo en su rol de goleador implacable precisamente frente a ellos y, lo que era peor, justo ante Johnny Herrera, a quien ya tiene de hijo?

El entretiempo, al parecer, tuvo para ambos cuadros un distinto sabor. Mientras jugadores y cuerpo técnico azul buscaban una explicación a lo inexplicable, en el camarín algo crecía la certeza de que este, más que nunca, era un partido para ganar.

La U no alcanzaba a acomodarse en el terreno de juego cuando recibió un nuevo mazazo. Mejor dicho, todo un golpe de nocaut. Un rechazo desde el fondo fue capitalizado por Valdivia, quien la metió justa para el carrerón que por la banda derecha iniciaba Paredes. Y el artillero, viendo que llagaba al área sin tener con quién jugarla, decidió vestir sus mejores galas. Figuradamente, por cierto, desprenderse de su atuendo de futbolista para calzarse el “smoking” de crack: enganchó ante el brasileño Vaz, que pasó tocando bocina, y desde el borde del área, por un costado, expidió un disparo imposible. La pelota se le coló a Herrera por el ángulo más alejado, provocando un verdadero delirio en la hinchada popular presente en el estadio y en los millones que veían el duelo a través de la televisión.

Un golazo, sin ninguna duda. Destinado a quedar entre las grandes conquistas no sólo de este campeonato, sino de los que vienen y los que ya pasaron.
El peso de la noche, cual incontrolable aluvión, se vino contra la U y sus posibilidades de torcer su destino. Si el primer cachetazo de Paredes había calado hondo, este definitivamente enloqueció a un equipo que perdía un encuentro que en los cálculos nadie creía perder.

La U perdió la línea de juego pero, sobre todo, la serenidad. Y el nerviosismo, frente a la sorpresa tremenda que se estaba produciendo, los permeó a todos. Comenzó a fallar Pizarro en sus pases, desapareció Araos y no eran pocos los que se lanzaban en un ataque atolondrado y ciego, como el toro que embiste frente al torero.

En medio de esa locura, de ese desconcierto total, Beausejor, que ya tenía amarilla, le pegó un manotazo a Baeza. El árbitro Tobar, que al parecer no se había percatado, vio su omisión cuando el volante albo le exhibió sus fosas nasales sangrantes y le mostró la segunda amarilla que nos entregó la peor cara de Beausejour.

Porque el lateral-volante azul no sólo le protestó airadamente a Baeza, por su supuesta simulación, sino que al mismo árbitro. Sólo que faltaba más: reprendido por Pinilla, que de seguro le reclamaba su torpeza, aparte de demorar su salida de la cancha, Beausejor no encontró nada mejor que agredirlo con dos cabezazos que pueden traerle consecuencias aún peores, y reñir ampulosamente a cualquiera que, tardíamente, intentara calmarlo.

Superada en la cancha, con un hombre menos, la única oportunidad azul de evitar una nueva derrota frente al Cacique se perdió en el minuto 74, luego que un cabezazo de Vilches, tras un lanzamiento de esquina, diera en el travesaño y se perdiera por la línea de fondo.

Con Colo Colo despejando para cualquier parte, pero jugándola bien y con criterio cuando se podía, la U se limaba los dientes en busca de un empate que, a decir verdad, no se veía cercano. Salvo un acierto individual. O un error mayúsculo de la zaga alba.

La impotencia azul, a esas alturas, era tanta, que Reyes golpeó a Opazo estando la pelota lejos. Tobar, en una decisión incomprensible, les mostró la tarjeta roja a ambos.

Faltaba más para coronar la faena alba. A cinco minutos del final, tras un rechazo defensivo que cayó en los pies de Valdivia, vino el gol que le dio en el suelo a Universidad de Chile. Porque el “Mago” se la metió profunda y precisa a un Baeza que se había descolgado en ofensiva y el volante, que se encontró mano a mano con Herrera, se la picó suavemente por sobre el cuerpo para que el balón llegara suave y mansamente a las mallas.

Asunto liquidado. Aunque queda la impresión de que estaba liquidado desde ese invento, de esa genialidad de Paredes.

La U había vuelto a doblegarse ante el archirrival y en el peor momento de todos: cuando estaba arriba y el Cacique, por contraste, en el suelo.

Paternidad absoluta. Algo que suele darse en el fútbol y de lo cual cuesta mucho sacudirse.

PORMENORES
Torneo Nacional. Novena fecha.
Estadio: Nacional.
Público: 43.907 espectadores.
Arbitro: Roberto Tobar.

U. DE CHILE: Herrera; Vilches, Echeverría, Vaz (64’ Schultz); Rodríguez (76’ Guerra), Reyes, Pizarro, Beausejour; Araos; Pinilla, Soteldo.
COLO COLO: Orión; Campos, Zaldivia, Insaurralde, Opazo; Baeza, Carmona, Valdés (64’ Pinares), Valdivia (89’ Morales); Rivero y Paredes (74’ Suazo).
GOLES: para la U, Pinilla a los 6’; para Colo Colo, Paredes a los 34’ y 49´y Baeza a los 85’.
Tarjetas amarillas: en la U, Rodríguez, Beausejor y Pinilla; en Colo Colo, Campos, Zaldivia, Insaurralde, Carmona y Rivero.
Tarjetas rojas: en la U, beausejour y Reyes; en Colo Colo, Opazo.

Eduardo Bruna

Eduardo Bruna

Periodista. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (2000). Fue director de Revista Estadio, redactor de El Mercurio, La Tercera, Don Balón, Deporte Total y El Gráfico. Ex profesor de Periodismo Deportivo en la USACH y en el Instituto Nacional del Fútbol.