Jorge Wilstermann vs huachipato Copa Libertadores 1975

Yo lo viví: Cuando Bolivia nos recibió con los brazos abiertos

En marzo de 1975 Huachipato tuvo su bautizo internacional empatando 0-0 con Jorge Wilstermann, en Cochabamba, por la Copa Libertadores. Los altiplánicos se mostraron atentos y cariñosos y todo terminó con una cena tan extraña como inolvidable.

Llovía cuando la delegación de Huachipato descendió del avión que la había trasladado a Bolivia, pero los efectos de la altura igual se hicieron sentir. Al sentarse en el bus que trasladaría a los acereros desde el aeropuerto El Alto hasta un hotel céntrico de La Paz, Hugo Riveros y Francisco Pinochet estaban a punto de desmayarse. A otros les zumbaban los oídos.

En ese trayecto conocí a Pedro Morales, un técnico que dejó huella en el fútbol chileno por sus conocimientos, su bonhomía y su seriedad. Como era habitual en esa época, los periodistas nos trasladábamos en el bus con los jugadores y aprovechábamos esos momentos para conocerlos mejor y hacerles notas. Me fui conversando con Daniel Díaz, uno de los pocos integrantes de ese plantel que conocía.

Las agüitas de coca regularizaron las presiones arteriales y calmaron los malestares. No era tanto lo que iban a estar en la capital altiplánica. Su destino inmediato era Cochabamba, a 379 kilómetros por carretera y a unos 300 por el aire. El viaje se hizo vía aérea la mañana siguiente, y el alojamiento fue en una bien restaurada casa colonial, convertida en hotel.

EN COCHABAMBA

Hubo reconocimiento de cancha en el estadio Félix Capriles y un entrenamiento que llamó la atención: a exigencia máxima. Cochabamba está a menos altura que La Paz, pero igual afecta el esfuerzo a 2.500 metros sobre el nivel del mar. Se lo hice ver a Morales, y la respuesta fue categórica: “Todos nuestros entrenamientos son a ese ritmo”.

El miércoles 5 de marzo de 1975, Huachipato cumplía como campeón del fútbol chileno su primer partido oficial fuera del país. Al frente tenía al Jorge Wilstermann, subcampeón boliviano, por el Grupo 3 de la Copa Libertadores. Rumbo al estadio, con el bus esperando paso en un cruce, el entrenador se paró de su asiento y alzó la voz: “Los que van asustados pueden bajarse”. Hubo algunos que bromearon acercándose a la puerta, y eso distendió el ambiente. Y muy pronto, en la cancha, demostrarían que no había miedo.

Cuatro ocasiones de gol tuvo Huachipato en el primer tiempo, contra una del local. A Carlos Sintas le anularon, sin explicación, un gol legítimo. Y eso hacía sospechar del arbitraje: a última hora, apareció con el pito en la boca el argentino Alberto Ducatelli, en reemplazo del paraguayo Héctor Ortiz, designado inicialmente como juez principal. Dijeron que se había lesionado.

En el segundo lapso fue más amplia la superioridad acerera: cinco situaciones contra una, incluyendo un remate de Sintas que besó el vertical en el último minuto de juego.

Los colegas bolivianos llenaron de elogios al equipo chileno, especialmente a Guillermo Azócar. No se explicaban cómo un central de tan baja estatura pudiera ganarle todos los duelos aéreos al más alto de sus delanteros. El defensor era, sin saberlo, un predecesor de Gary Medel por su sentido de anticipación y su gran impulso al saltar.

Se había anunciado que esa noche asistiría al estadio el Presidente de la República, Hugo Banzer, que había asumido el poder a través de un golpe de estado. No apareció. Pero al camarín del Wilsterman se acercó el Secretario de Deportes. Y su arenga fue breve: “Su Excelencia quería venir a ver los tres goles que harán esta noche. No pudo, pero les traigo su mensaje: piensen en la Patria”. Después fue al vestuario chileno y les deseó suerte a los chilenos.

Fue la única vez que se escuchó algo patriotero durante la permanencia de Huachipato en Bolivia. El público era muy correcto y aplaudió muchas veces los lujos de Mario Salinas, las paredes de Moisés Silva con Daniel Díaz y los carrerones de Carlos Cáceres. Incluso fue más duro con su equipo que con el visitante.
El título de la crónica de este partido decía “(Huachipato) no sólo pudo ganar: debió ganar”.

Los colegas bolivianos se deshicieron en atenciones. Nos ofrecieron un almuerzo bien conversado y bien regado en su sede social y nos manifestaron un afecto que sentimos desinteresado. Después nos llevaron a conocer las plantas cerveceras que le han dado fama a esa zona. Y siempre estuvieron dispuestos a facilitarnos la labor. En mi caso, máquina y papel para escribir mis notas y fotografías para complementarlas.

La gente con que compartimos también fue amable siempre.

En esa ciudad ocurrió una de las anécdotas más divertidas vividas en mis viajes periodísticos. Caminábamos por la calle principal y entramos a un bazar. Juan Facuse se acercó al que atendía y le alargó la mano:

-Juan Facuse, para servirle -le dijo cordialmente.
El locatario lo miró entre dudoso y asombrado.
-No puede ser. Mi primer nombre es Juan y mi segundo apellido es Facuse.
-¿Y cuál es su nombre completo?
-Juan Heresi Facuse.

Y ahora fue el actual notario, entonces periodista de la radio Minería, el que quedó de una pieza.

-Es que no puede ser: yo me llamo Juan Facuse Heresi.
-¡Entonces somos primos! -dijo el sirio-boliviano.

Y eran primos. Nombraron parientes comunes y se abrazaron cariñosamente.

-Ya, señores -dijo Heresi Facuse-: esta noche los esperamos a todos en el club Palestino de acá. Yo soy el presidente, y quiero festejarlos. Inviten a sus colegas.
No recuerdo a todos los que estábamos en Cochabamba, pero no éramos muchos. Tengo en la mente a Pedro Carcuro, que ya estaba en TVN; Óscar Araya, que iba por La Tercera; Waldemar Christianssen, que era el técnico de radio Cooperativa… Tenemos que haber sido unos seis a siete, y llegamos esa noche a los lujosos salones del club, donde nos esperaba toda la directiva paisana.

Frente a cada puesto había dos platillos: uno con un polvo blanco que pensé que era sal, y era coca. Y otro con hojitas que me parecieron de boldo, pero que también eran de coca.

-Sírvanse -nos dijeron.

Y para dar el ejemplo, algunos le dieron una aspiraditas al “salero” y otros empezaron a masticar “el boldo”. Nos miramos, tomamos las copas, dijimos salud y cada cual se dedicó a comer.

Nunca estuve más cerca de darme un toque con coca. No me atreví. En cambio, tomé una hoja y me la llevé a la boca. La tuve ahí toda la noche, sin masticarla, sólo chupándola. Y a las siete de la mañana, cuando nos despedíamos, entre ellos había varios volados y otros con la bemba amoratada e hinchada. Miramos los envases vacíos y sacamos la cuenta: nos habíamos tomado, por lo menos, una botella de whisky por nuca. Y ni siquiera estaba mareado.

De ahí nos fuimos a La Paz, donde Huachipato enfrentaría a The Strongest. Pero ese es otro cuento.

J. WÍLSTERMAN 0, HUACHIPATO 0
Miércoles 5 de marzo de 1975.

CANCHA: Estadio Félix Capriles de Cochabamba.
ASISTENCIA: 13 000 personas.

ARBITRO: Héctor Ortiz, de Paraguay (El argentino Alberto Ducatelli, designado como guardalíneas, reemplazó a Ortiz, por lesión).

J. WÍLSTERMAN (0): Bilbao; Del Llano, Awad. Villalón y Cabrera Buzet: Martínez (Ríos); Sánchez (Sosa), Cabrera; Joanna, Vargas y Da Costa.

HUACHIPATO (0): Luis Mendi; Flavio Silva, Guillermo Azócar, Hugo Riveros, Francisco Pinochet; Moisés Silva, Daniel Díaz, Mario Salinas; Carlos Cáceres (Miguel Neira), Carlos Sintas y Pablo Astudillo (Luis Godoy).

Julio Salviat

Julio Salviat

Periodista de la Universidad Católica. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (1996). Experiencia en importantes cargos de distintos diarios, revistas y radios.