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YO LO VIVÍ: El día que Carlos Caszely escapó de Pinto Durán

Se preparaba la selección chilena de fútbol para el Mundial de España cuando se encendieron las alarmas: el gran goleador no estaba en la concentración y abundaban las conjeturas. Por una casualidad, yo estaba esa tarde ahí y di el gran golpe.

Había concertado con bastante anterioridad la entrevista, y llegué -como acostumbraba- con bastante anticipación. La mayoría de los jugadores se había ido a la siesta después de almuerzo y unos pocos se quedaron jugando pool.

Por esos días, el ingreso al complejo deportivo Juan Pinto Durán no era tan riguroso y, además, yo era habitué del lugar porque estaba encargado de cubrir las actividades de la Roja. A nadie le llamó la atención que me paseara por las dependencias, aunque era el único periodista que estaba en el recinto.

El trato con los jugadores también era diferente al que se estila hoy: la mayoría me conocía y el trato era cordial pero respetuoso. Me invitaron a echar bolas en las troneras y recordé los viejos tiempos del Instituto Nacional, cuando nos arrancábamos de clases para disputar reñidas partidas en las mesas del Manila, ubicado en Arturo Prat con la Alameda.

Un par de horas después, Carlos Caszely aún no aparecía para la entrevista concertada. Pregunté por él. Lo fueron a buscar a su pieza, y no estaba. Fuimos al casnoi, y tampoco. Miramos hacia las canchas, ¡menos!

-No está – me dijo Daniel Castro, presidente de la Comisión Selección-… ¡No está! -repitió como si recién se diera cuenta de la gravedad de la situación.

Mientras él partió a preguntar a los jugadores si alguien lo había visto, yo hacía lo mismo con los cocineros. Y uno de ellos me dio el dato:

-Se fue enojado.
-O sea, ¿salió de Pinto Durán?

-Se fue… No le he dicho nada, ¿eh?

-No se preocupe.

Busqué un teléfono y disqué el número de Agencia Orbe, donde me desempeñaba como Jefe de Deportes paralelamente con mi trabajo de subjefe en Las Últimas Noticias. Ya eran las cuatro de la tarde.

Segundos después, la información llegaba todos los medios: “El goleador de la Selección Chilena de Fútbol, Carlos Caszely, salió esta tarde de Juan Pinto Durán sin autorización y se ignoran su paradero y las causas de su actitud. Los dirigentes están reunidos en el recinto analizando la situación”.

Abel Alonso, presidente de la entonces llamada Asociación Central de Fútbol, estaba demudado.

-Me acaban de llamar de Francia preguntándome por Caszely… ¡Joder!, ¿cómo supieron?

No era desde París el llamado. Provenía de la sucursal chilena de la Agencia France Press, alertada por la información de Orbe. Y al rato, la puerta de entrada era un hervidero de periodistas.

Yo permanecía adentro, y ya tenía medio puzle solucionado: antes de retirarse del comedor, los jugadores habían decidido ir al cine esa noche. Y cuando eligieron la película, el Chino estuvo en desacuerdo. Eso había provocado su enojo.

Faltaba saber dónde estaba.

Mientras tanto, las especulaciones radiales cundían. Mientras algunos sugeríanque había escapado para un encuentro amoroso, otros insinuaban una pelea con un compañero. Y no faltaban los que apostaban a un secuestro.

A la vez, los dirigentes llamaban a todos los lugares a los que podía haber ido Caszely, y lo encontraron donde era más probable: en su casa. Ante la negativa de regresar a la concentración si no cambiaban de cine, estudiaban qué sanción aplicarle. Y fue Elías Figueroa el que salvó la situación. Lo convenció de que volviera porque el asunto había adquirido ribetes de conmoción nacional.

Los periodistas fueron autorizados para ingresar y se improvisó una conferencia de prensa en la que estaban el propio Caszely, el entrenador Luis Santibáñez, los dirigentes Alonso y Castro y el capitán de la Roja, Elías Figueroa.

Se explicó la situación, el jugador ofreció disculpas, los dirigentes las aceptaron. Y aquí no ha pasado nada.

Pero había una sorpresa para mí: mis colegas me felicitaron por el golpe periodístico, y los dirigentes me miraron con mala cara.

-Así que fuiste tú -me encaró Abel Alonso.

Pero la furia se le pasó pronto.

-Olvídalo – me dijo con tono normal-. Entiendo que estabas cumpliendo con tu deber.

Nos dimos la mano, y tan amigos como antes.

Julio Salviat

Julio Salviat

Periodista de la Universidad Católica. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (1996). Experiencia en importantes cargos de distintos diarios, revistas y radios.