Ecuador_Chile_1981

Yo lo Viví: estaba en Guayaquil y no supe del partido de la Roja contra Ecuador de 1981

Chile debutaba en las Clasificatorias del Mundial de España cuando, instalado en una caseta radial, supe antes que todos que había fallecido el Presidente Jaime Roldós. Dejé el Estadio Modelo y me fui al lugar de la tragedia.

Había llegado esa misma mañana a Guayaquil, y apenas tuve tiempo para acreditarme para el partido que esa noche iban a disputar Ecuador y Chile por las Clasificatorias para el Mundial de 1982.

Era el primer encuentro de una serie que también incluía a Paraguay y que iba a terminar con la Roja invicta, sin goles en contra y con la etiqueta de equipo respetable para la cita universal en España.

Como acostumbraba, partí temprano al Estadio Modelo, sede del encuentro. Pero, aun así, la tribuna de prensa ya estaba invadida y no había lugar para trabajar con alguna comodidad. Colegas ecuatorianos me vieron de pie en la escalinata cuando iba a comenzar el partido y me invitaron a una caseta de radio.

Era bueno ese equipo chileno dirigido por Luis Santibáñez, pero cauteloso. Mario Osbén en el arco. Línea de cuatro en el fondo: Lizardo Garrido, René Valenzuela, Mario Soto y Vladimir Bigorra. Dos volantes de contención: Rodolfo Dubó y Eduardo Bonvallet. Otros dos de creación y enlace: Miguel Neira y Manuel Rojas. Y dos atacantes: Carlos Caszely y Gustavo Moscoso.

En los primeros 45’ minutos no fue mucho lo que ocurrió. El pertinaz dominio ecuatoriano fue bien controlado por la defensa chilena, y el arquero no pasó sustos mayores. El de ellos, menos. Pero no alcancé a verlo completo. Cuando se cumplía el cuarto de hora de juego, por comunicación interna se le avisó al equipo radial que el avión presidencial estaba extraviado, pero que no había autorización para entregar la noticia. Relator, comentarista, radiocontrolador y locutor comercial acataron la orden, me miraron y me dijeron, sin palabras, que hiciera lo mismo.

Más que mirar el partido, me acerqué al control para escuchar qué informaban desde los estudios. Por unos minutos tuve en mi poder una primicia mundial. No quise darla, por respeto a mis colegas.

Quince minutos más tarde, coincidiendo con el entretiempo, se levantó el veto y los encargados de la transmisión dieron la noticia. Ya se sabía que el avión presidencial se había estrellado contra el cerro Huayrapungo, en Loja, a poco más de 400 kilómetros de Guayaquil, y que Jaime Roldós, su esposa y varios funcionarios de Gobierno habían fallecido.

Cuando el locutor oficial comunicó la tragedia, el estadio enmudeció. A la sorpresa siguió el dolor. La gente quería a su Presidente, el más joven en la historia ecuatoriana y el primero después de la dictadura militar. Mis compañeros de caseta enjugaron sus lágrimas y guardaron un minuto de silencio. Los acompañé solidariamente, salí de ese lugar y busqué un teléfono. Me comuniqué por teléfono con mi diario, Las Últimas Noticias (cuando era diario de verdad), y conté lo sucedido. Y sin esperar órdenes, les avisé que dejaba el estadio para dedicarme al caso.

En Santiago estaban viendo el partido por televisión y cualquiera podía hacer el comentario. Otros se encargarían de escuchar las declaraciones después del partido. Así lo hicieron.

Salí del estadio y me encontré en la más absoluta soledad: nadie en la calle, ningún vehículo transitando. Calculé que estaba a unas 25 cuadras del centro y, guiado por la mayor luminosidad de este sector, busqué calles amplias que me llevaran hacia allá o por las que pudiera pasar algún taxi.

En lo que me ha parecido la caminata más larga de mi vida, atravesé poblaciones en las que –después me contaron- hasta de día eran lugares peligrosos. Me atreví a pasar cerca de perros que ladraban, aunque les tenía pavor. Logré orientarme finalmente, y llegué a mi hotel. Ahí averigüé cómo llegar a la sede del Consejo Cantonal, donde se estaba centrando la información.

Hugo Brito, el reportero gráfico que me acompañaba, se quedó en el estadio. Después de despachar sus fotos, se reunió conmigo en el edificio cantonal y decidimos partir a la zona de la catástrofe. No nos permitieron acercarnos al lugar de la tragedia y, para peor, Brito fue atacado por un perro policial que se soltó del uniformado. En vez de insistir en la búsqueda, tuve que regresar con mi compañero a Guayaquil para llevarlo a la posta.

Nos quedamos tres días en la antigua capital. Mandé notas de las exequias y homenajes. Conversé con gente de todos los pelajes y tendencias, y sentí de cerca su pena. Lo que no pude comprobar es si fue accidente o atentado. Y todavía lo están investigando.

La selección empató a cero esa inolvidable noche el 24 de mayo de 1981 en el centro del mundo.

Julio Salviat

Julio Salviat

Periodista de la Universidad Católica. Premio Nacional de Periodismo Deportivo (1996). Experiencia en importantes cargos de distintos diarios, revistas y radios.