Un sillón que parece vitalicio (parte I)

Si hay un lugar cercano a la eternidad en este país, ese es la presidencia de las asociaciones de tenis. Perpetuidad absoluta, escasez de información transparente y, por cierto, un enorme afán de hacer las cosas de manera antojadiza. Más allá de las interpretaciones, me gustaría partir el relato de manera geográfica, con un personaje que tristemente estancó el tenis de Tarapacá: Sergio Bruna.

Carlos Tordoya, la apuesta que no funcionó.

Formado en la rica cantera boliviana de la Academia Tahuichi Aguilera (desde donde han salido, entre otros, Marco Antonio Etcheverry y Erwin “Platini” Sánchez), Carlos Tordoya inició su camino como profesional probando suerte en el exigente fútbol argentino, militando en Rosario Central y Arsenal en series de reservas, lo cual le hizo regresar con cierto fogueo a su natal La Paz. Allí se incorporó con 19 años al Bolívar, club en el que alcanzó a disputar 50 partidos (anotando dos goles) y se consagró campeón en el torneo de Apertura 2009.