A Colo Colo le pasó por meterse en cosa de grandes

El cuadro albo prácticamente hipotecó cualquier opción de seguir ilusionándose con la Copa Libertadores tras perder inapelablemente por 2 a 0 frente a Palmeiras. La derrota, considerando la mediocre campaña que el “Cacique” cumple a nivel casero, significa para el cuadro albo dar por cerrado el año. Serán tres meses eternos para el aficionado popular, que sólo puede aspirar a que el plantel sufra una cirugía mayor y a la llegada de un director técnico realmente capacitado.

Salvo un milagro, Colo Colo dio por cerrada la temporada 2018 tras su derrota por 2 a 0, en el Estadio Monumental, frente a Palmeiras, por la fase de cuartos de final de la Copa Libertadores.

Ocioso es decir que, con lo que tiene futbolísticamente, el cuadro albo sólo puede pretender, en el encuentro de vuelta de la llave, sufrir una derrota digna, escapar del papelón al que va a estar expuesto durante 90 minutos que pueden ser de pesadilla.

Y lo peor es que, a nivel casero, tampoco puede aspirar a mucho, ocupando posiciones secundarias de la tabla y con una campaña a la que calificar de mediocre es un concepto condescendiente y generoso. La verdad es que, con ocho derrotas cosechadas, lo realizado hasta aquí por el cuadro de Héctor Tapia es derechamente malo y para el olvido.

Eliminado tempranamente además de Copa Chile, por un absurdo capricho de su técnico, Colo Colo ni siquiera tiene la expectativa de clasificar a la Copa Libertadores del próximo año, premio que las bases del torneo contemplan para el campeón del certamen.

En realidad, para abrigar ilusiones coperas en esta fase, había que ser muy fanático o muy ignorante. Colo Colo entró a octavos casi pidiendo permiso, como el equipo de peor rendimiento de los 16 que clasificaron. Palmeiras, por contraste, había sido el mejor, con una cosecha de cinco partidos ganados y uno empatado. Y no sólo eso: en la fase de grupos había ido a ganar a domicilio a Alianza de Lima, al Junior de Barranquilla y a Boca Juniors en la mismísima “Bombonera”, nada menos.

¿A qué podía aspirar Colo Colo en este partido? A que cada uno de sus hombres jugara el partido de su vida. A no cometer errores, ni siquiera el más mínimo. Y a aprovechar, por último, cada una de las jugadas de gol que pudiera procurarse.

Seamos claros: este Palmeiras está lejos -más bien lejísimo- de incluirse entre los mejores exponentes del fútbol brasileño en la historia de este torneo. No es el Santos de Pelé ni el Flamengo de Zico. Pero comparado con este Colo Colo añoso, lento, limitado y poco resolutivo, es un don equipo. Un cuadro que sabe a lo que juega y lo hace muy bien, agregando además el reconocido pragmatismo de su técnico, Felipe Scolari.

Colo Colo, eso está claro, se veía enfrentado al peor de los panoramas. Y no tardó mucho para darse cuenta en lo que estaba metido. Corrían apenas tres minutos de juego cuando ya Palmeiras abría la cuenta. Esteban Paredes, mezclado con sus defensas, quiso salir jugando en lugar de mandarla lejos y le costó caro. Recuperaron los brasileños y un centro desde la izquierda del colombiano Borja cruzó toda el área. Por el otro extremo apareció Moisés, para cedérsela a un Bruno Henrique que pisaba el área completamente destapado. Fue como un penal en movimiento ante el cual Orión no pudo hacer nada.

Recibido el mazazo, Colo Colo intentó reaccionar, pero para tener cierta esperanza de vulnerar la bien parada defensa no mostraba mayores recursos. Salvo Valdivia, que sabía qué hacer con el balón en los pies, y Opazo, que se mostraba como el único factor para abrir la cancha, el cuadro de Tapia no mostraba mucho más. Pérez no pudo desbordar nunca por su flanco y en el centro del área Barrios y Paredes eran permanentemente anticipados. Los volantes, como Baeza y Carmona, pesan en la marca, pero con obligaciones ofensivas carecen de mayores recursos para dejar hombres atrás, rompiendo líneas.

Lo de Colo Colo fue tan esporádico que durante toda la primera etapa sólo se pueden anotar dos llegadas con relativo peligro. A los 26, cuando tras gran esquive de Valdivia a dos brasileños, Carmona metió el balón al área para un Opazo que se la bajó de cabeza a un Paredes que, sin tiempo para acomodarse, la mandó por arriba. Y a los 42, cuando un tiro libre de Paredes fue manoteado de apuro por el meta Weverton y Barroso, entreverado en ataque, desvió el remate cuando el gol ya se aclamaba.

Lo mejor de Colo Colo vino en el segundo tiempo. Y no es que superara a Palmeiras. Simplemente, el cuadro brasileño consideró que, a favor de una ventaja que era clave por donde se le mirara, por aquello de que gol de visitante vale el doble, le entregó al Cacique el balón y la cancha, permitiendo que el cuadro albo comenzara a martillar una y otra vez en procura del tanto de la paridad.

En ese lapso, Colo Colo echó a la cancha lo único que podía ofrecer, dada las evidentes limitaciones que posee su juego. Puso temperamento y corazón para dar la impresión de que hacía merecimientos para al menos no ir perdiendo. Pero se sabe que el fútbol no es cuestión de méritos. Hay que aprovechar las pocas posibilidades de gol que podía procurarse y eso no lo consiguió nunca.

Carmona, por ejemplo, desvió lamentablemente su remate cuando tenía, a la entrada del área, todo el arco de frente. Y Barrios, en esos minutos en que Colo Colo era más desesperación que mente fría y corazón caliente, desvió apenas un cabezazo junto a un vertical tras tiro libre de Baeza.

Ante cuadros tan certeros, tan pragmáticos además, está prohibido cometer errores. Y cuando se jugaba el minuto 78 Opazo cometió otro, para sumarse a Paredes. Quiso meter de zurda una pelota al área y de la intercepción brasileña surgió el veloz contragolpe que pilló a todo el fondo albo mal parado. Remató Willian, desvió apenas Orión, pero tras dar en el vertical la pelota le quedó a Dudú, quien liquidó con un remate alto.

Asunto concluido. Sin ser una maravilla, Palmeiras había sido mucho más que un Colo Colo que claramente no tiene equipo para meterse en peleas de grandes. De mediocampo hacia atrás está lejos de ser un desastre, porque Zaldivia, Barroso e Insaurralde tienen juego y oficio para manejarse satisfactoriamente; pero de mediocampo hacia arriba carece por completo de explosión, habilidad y velocidad para tener posibilidades de éxito frente a defensas que, además de contar con todos esos atributos, imponen una marca férrea y aplicada que escasamente se ve en nuestras canchas.

¿Qué delantero tenía en la banca Colo Colo para al menos intentar algo? Cero. Ninguno. Con su criterio siempre discutible, Tapia dejó fuera de la nómina a un Morales que está lejos de ser una solución confiable, pero al menos puede aportar fuerza y velocidad para pelear esos balones que se dan por perdidos. Sus cartas para intentar el vuelco fueron el “Pajarito” ingresando por Baeza y un Pavez que ingresó por Barroso cuando ya se jugaba el minuto 89. ¿Qué pretendía el técnico albo con este postrero cambio?

A la espera sólo de no ser en Sao Paulo protagonista de un papelón, Colo Colo se queda sin nada a qué aspirar en lo que resta del año.
Nada que pueda sorprender, en todo caso. Con un plantel demasiado envejecido y un director técnico que, como la mayoría de los entrenadores chilenos, está más pasado de moda que las polainas, al aficionado albo sólo le queda rogar por que estos meses que restan del año pasen lo más rápidamente posible.

PORMENORES
Copa Libertadores. Cuartos de final. Partido de ida.
Estadio: Monumental.

Público: 36 mil espectadores, aproximadamente.
Arbitro: Andrés Cunha, de Uruguay
COLO COLO: Orión; Zaldivia, Barroso (89’ Pavez), Insaurralde; Opazo, Baeza (75’ Valdés), Carmona, Pérez; Valdivia; Barrios, Paredes.
PALMEIRAS: Weverton; Mayke, Antonio Carlos, Dracena, Barbosa; Thiago Santos (73’ Gómez), Moisés, Henrique; Willian, Borja (64’ Jean) y Dudú (90+2’ Lucas Lima).
Goles: Bruno Henrique a los 3’ y Dudú a los 78’.
Tarjetas amarillas: En Colo Colo, Baeza e Insaurralde; en Palmeiras, Thiago Santos y Bruno Henrique.
Tarjetas rojas: Pérez, de Colo Colo, a los 90+6’.