A Francia lo salva Griezmann, Alemania impone su contundencia y Bélgica deslumbra

El goleador del Atlético de Madrid volvió a ser clave para hacer avanzar a los anfitriones en la Eurocopa. Los germanos no fueron brillantes pero sí avasalladores para golear 3-0 a Eslovaquia. Bélgica, el único que puede arruinar la fiesta de los grandes, aplastó 4-0 a Hungría.

La primera fase de la Eurocopa amenazó con convertir a este torneo en una decepción. Esfuerzo meritorio de los más débiles y talento mezquino entre los candidatos. Nada sabroso para el paladar del mundo futbolístico.

Pero en los octavos de final, cuando no hay un próximo compromiso para salvarse, todos han entrado a dar lo mejor. Y en ese ir y venir menos cauteloso el rédito ha sido para los mejores.

Así ocurrió en la jornada de hoy. Pasaron los favoritos: Francia, Alemania y la ambiciosa Bélgica, tal vez la que por fútbol más promete en cuartos de final.

Los anfitriones sufrieron para derrotar a Irlanda. Fue un 2-1 que solo se zanjó en la segunda etapa, gracias a Antoine Griezmann. Segundo triunfo que los galos le deben al goleador del Atlético de Madrid, que busca en este campeonato su consagración definitiva tras una campaña de dulce y agraz de su equipo en la Liga BBVA y en la Champions League.

Hoy anotó de cabeza en el minuto 58 y repitió con un tiro rasante en el minuto 61 para superar a una dura Irlanda que se había puesto en ventaja apenas comenzado el partido con un penal anotado por Robbie Brady.

Fue suficiente. Es cierto que la oncena de Didier Deschamps desperdició otras ocasiones, pero dejó en claro que con espacios su talento puede desplegarse al punto ahora de oler a finalista.

Alemania es otra cosa. Juega bien o mal, pero con la seguridad del que se cree superior al resto. Así lo hizo en la primera fase y lo repitió hoy ante una difícil Eslovaquia. No está el brillo del Mundial de Brasil, pero sí el aplomo de un grande. A falta de jugadas lucidas, los germanos copan todo el terreno, siempre tienen la pelota y taladran hasta que se les abre un espacio por donde fusilan al adversario. En esta ocasión mataron de entrada con un gol de Boateng, a los 8 minutos. Cuando se iba el primer tiempo, a los 43′, apareció el resucitado Mario Gómez para definir el partido. En la segunda etapa, a los 63′, el nuevo talento germano Julian Draxler convirtió el tercero, recibiendo así un justo premio a su calidad, acaso la más a punto de todo el plantel.

En el último partido de la jornada, Bélgica se deshizo de una renacida Hungría, apabullándola por 4-0.

Los diablos rojos brindaron la mejor exhibición hasta ahora de octavos de final. Sus finos y rapidísimos Eden Hazard, Kevin de Bruyne y Dries Mertens combinaron con acierto y propiciaron varias ocasiones de gol, que solo fructificaron cuatro veces, pero que pudieron ser muchas más.

Un cabezazo del defensa Toby Alderweireld en el minuto 10 rompió la estrategia defensiva magyar. La cancha se ensanchó para los belgas y su portería se convirtió a partir de allí en un objetivo casi inalcanzable para sus rivales.

Hazard, De Bruyne y Mertens, pero también el goleador Lukaku y los volantes defensivos Witzel y Nainggolan sacaron lo mejor de su repertorio para hacer saltar repetidamente al público de sus asientos.

En la parte final del encuentro el equipo de Marc Wilmots sacó la diferencia que merecía. A los 76′ Michy Batshuayi, una de las varias perlas negras de este elenco, convirtió el segundo gol, y a los 78′ Hazard consiguió un premio a su talento. En el minuto 90, Yannick Carrasco, pupilo del «Cholo» Simeone en el Atlético Madrid, cerró el marcador con un golazo.

Bélgica llega a cuartos de final manteniendo viva su ambición de ganar por primera vez la copa europea de naciones.

En la jornada de mañana se avecina un choque de gigantes con España e Italia. Los hispanos lucen más pero los azzurri demuestran que siguen siendo los de siempre: avaros, fomes, pero casi impenetrables y certeros para aprovechar lo poco que crean. Un duelo de pronóstico reservado.

El segundo encuentro lo protagonizarán Inglaterra e Islandia. Contra cualquier otro gigante europeo, los islandeses ya deberían estar haciendo maletas para regresar a Reikiavik, pero teniendo a Inglaterra al frente cualquier proletario del balompié tiene derecho a soñar. Es que tal como se ha repetido en cualquier torneo de alcurnia, los astros ingleses han jugado esta Eurocopa bajo su potencial. Afuera de la isla se olvidan del vértigo, la potencia y las ganas de comerse al mundo que lucen en la Premier League. Los únicos que exhiben su fiereza fuera de las fronteras son los hooligans.

Hasta aquí ya hay dos duelos claros en cuartos de final. Uno es el de Polonia-Portugal, a priori el menos atractivo. El otro es el de Gales-Bélgica. Son dos naciones emergentes, ambas ambiciosas, pero más llamativa Bélgica. Los británicos dependen mucho de Gareth Bale, aunque este es un tipo capaz de volcar un duelo por sí solo.

Francia, en tanto, esperará a Inglaterra o a Islandia. Y Alemania aguardará a España o a Italia. Cualquiera sea el rival del local, será un partido imperdible.