A partir de hoy, me declaro un “fachito” cualquiera

Aprovechando la conmemoración del 11 de septiembre, que preludió la tragedia que vive Chile hasta nuestros días, el lumpen se tomó los barrios populares para destruir y saquear. Como siempre, las policías no dieron abasto frente a tanta impúdica barbarie. Si no se pone las pilas, Presidente Boric, me temo que usted va a sufrir un fracaso tan estruendoso como el Apruebo, pavimentándole de paso a un nazi su camino a La Moneda.

Por: Lautaro Guerrero

El balance que dejó el lumpen tras esta nueva conmemoración del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 es, ciertamente, desolador. Pero más que desolador, es indignante, porque la caótica jornada habla a las claras de que la lucha en contra del flaiterío la tenemos perdida hace tiempo, y por goleada. Ocho policías lesionados, 18 vehículos policiales dañados, cuatro retenes atacados, diez saqueos a locales comerciales y apenas 27 detenidos, son hechos que, cantidades más, cantidades menos, se replicaron a través de casi todo el territorio nacional, dejando -¡cómo no!-, la idea de que la delincuencia de este país está absoluta y completamente desatada, y que por las vías convencionales –administrativas y legales- a estas alturas es bien poco lo que se puede hacer.

El lumpen, que por cierto no conmemoraba nada, porque no le interesada nada, excepto aprovechar cualquier circunstancia para llevar a cabo sus aviesos propósitos y ganar a río revuelto, ha llegado a tal nivel de desfachatez y de provocadora insolencia que, a estas alturas, debiera quedarnos meridianamente claro que se sienta en la autoridad y en todas esas medidas coercitivas supuestamente destinadas a frenarlos. Y, cuando eso pasa, sólo nos restan dos alternativas: o levantamos las manos y sacamos bandera blanca en señal de rendición, o les rompemos de golpe la sensación de impunidad con la que actúan. ¿Con penas mayores para cada delito? Salvo que hablemos de condenas realmente draconianas, no parece ser ese el camino más adecuado. En los últimos tiempos se han aumentado penas para variados delitos, pero eso no ha inhibido al flaiterío que, confiando en su buena suerte, sigue haciendo lo que se le viene en gana, para espanto de la gente decente, claramente mayoritaria.

En otras palabras, entre temerle al riesgo y dejar de lograr un sabroso botín, el lumpen no tiene dónde perderse. Saben que las cárceles están tan atochadas de patos malos que, hasta es probable que la estricta pena se remita a una firma mensual, reclusión nocturna y, en el colmo de la crueldad, arresto domiciliario total. Eso en lo que respecta a los mayores de 18, porque lo que son los niños delincuentes saben de antemano que, ante cualquier barbaridad que cometan, van a ser devueltos a sus papitos o enviados al Sename con una palmadita en el poto. Los émulos del “Cizarro” están brotando como callampas, muchachos.

¿No va siendo hora de que, si estos niñitos son inimputables, sean sus padres los que paguen con cárcel? Porque los primeros responsables son ellos, sólo que se lavan las manos porque la alcahuetería en el fondo les resulta muy, pero muy conveniente.

De entre los muchos saqueos que se produjeron la noche de este 11 de septiembre, destaca el de una farmacia de la comuna de Cerro Navia, ubicada en la intersección de Mapocho con Huelén. Una horda de delincuentes vulneró la reja y la cortina con el claro propósito de robarse lo que pillaran a mano. Y esto fue tan literal que de los estantes no sólo desaparecieron los remedios, sino también televisores, computadores, máquinas para comprar sin efectivo, teléfonos y hasta el aparato más económico e insignificante.

Lo peor es que la dueña, identificada como Daniela, entrevistada por un canal de televisión, contó que pudo ver la invasión de flaites a su local a través de sus cámaras de seguridad, pero que, llamando a la comisaría más cercana, según ella a dos cuadras de la farmacia, la respuesta que tuvo resultó desoladora: “Lo sentimos, pero son muchos para el personal de que

disponemos y no podemos hacer nada”. Cuando insistió, desesperada al ver lo que seguía ocurriendo, la réplica fue incluso peor: “No siga llamando, porque ya le dijimos que nada podemos hacer”.

Por cierto, la situación se repitió en muchos otros puntos de barrios populares tomados por la delincuencia. ¿Y por qué no? El lumpen lo viene haciendo desde hace tiempo y todo hace suponer que, hasta ahora, le ha ido de maravillas. Envalentonados en medio de la turba, a veces bebidos y/o drogados, los patos malos nos vienen demostrando día a día que no están ni ahí con ser detenidos. Es más: suele ser al revés. Caer en cana, por un par de días o lo más unos pocos años, es como si les enriqueciera el currículo y fuera, ante sus pares, toda una condecoración. Aunque a los normales nos parezca aberrante, les aumenta el cartel de choros en el envilecido medio en que esta escoria se desenvuelve.

¿De qué otra manera se explica que, en los últimos días, además, se hayan producido tres alevosos crímenes tras encerronas? Los pobres conductores que tuvieron la mala fortuna de verse cara a cara con estos delincuentes entregaron el vehículo sin oponer resistencia, como mandan los manuales policiales y de los “expertos”, pero los mataron igual. Frente a eso, la típica querella “contra todos quienes resulten responsables” se antoja un mal chiste. Primero tienen que pillar a esos desalmados, y no es fácil. Segundo, que si no son capturados en delito flagrante es muy complicado condenarlos, porque los abogados tinterillos que los defienden también se las saben por libros.

Años atrás, entre sus muchas ideas delirantes, Joaquín Lavín, en ese tiempo alcalde de Las Condes, propuso trasladar al máximo de delincuentes que fuera posible a una de las cientos de isla que tenemos en el archipiélago de Chiloé, por ejemplo. Sin embargo, viendo ahora que, si no se construyen viviendas para la gente, mucho menos se van a construir cárceles, la idea no parece después de todo tan deschavetada. ¿Qué sus familiares no van a poder ir a visitarlos ni para hacerles un cariñito? Mala pata nomás, viejo. Una sociedad tiene que defenderse de la delincuencia con todo lo que tenga a mano. Porque, o son ellos, o somos nosotros. Así de grave es la situación que enfrentamos.

Para combatir los saqueos es preciso, también, no andarse con chiquititas. Porque, ¿qué efectividad puede tener un pequeño grupo de carabineros frente a una turba absolutamente fuera de control y desalmada? ¿No quedará otra que meterles bala nomás? No digo que se les dispare a matar, pero ¿qué tanto sería un balazo bien dado en una pata o en el poto? Y me importa un comino que, al decir esto, los puristas de los derechos humanos me acusen de “facho”. Porque en esto sí que lo soy. Como hijo de obrero matricero de Mademsa viví muchas apreturas y necesidades no satisfechas, pero ni a mí ni a mis amigos, tan pobres y atorrantes como yo, se nos ocurrió nunca salir a “colgar” a alguien o asaltar cualquier boliche “de la pobla”.

Estamos de acuerdo en que la dictadura envileció a este país. Que se destruyó el movimiento obrero para tener sólo borregos que actuaran individualmente, cada uno para su santo. Que, como consecuencia de eso, dejamos de tener un proletariado pobre, pero digno, y además mucho más consciente políticamente. Lo malo es que esos 17 ominosos años se prolongaron tras la vuelta a la democracia de morondanga que hemos tenido, con políticos de casi todos los colores arreglándose los bigotes entre ellos e importándole un comino el salvaje sistema neoliberal que nos legaron los “Chicago Boys”. Porque los discípulos de Milton Friedman siguen tan campantes como siempre. Vivitos y coleando.

Te advierto, Gabriel Boric, que si no tomas el toro por las astas y le plantas cara a la delincuencia como se debe, lamentablemente tu gobierno, que encarnó las esperanzas de muchos, y que significó de paso negarle la pasada a La Moneda a un nazi, va a sufrir un fracaso tan rotundo como el que sufrió el Apruebo, el pasado 4 de septiembre. Estamos de acuerdo en que, desgraciadamente, tenemos un pueblo espantosamente ignorante, como lo dejó en claro el reportaje de CiperChile preguntándole a la gente de sectores populares cuáles habían sido sus argumentos para votar Rechazo. Porque las respuestas reflejaron, mayoritariamente, una ignorancia tan supina como apabullante. Para llorar a gritos, viejo.

Este pueblo necesita educarse mejor. Apertrecharse de esos conocimientos y de esa cultura que le fue escamoteada burdamente a partir de los milicos y sus amanuenses civiles. Pero eso llevará décadas, y mientras tanto, ¿qué? Ignorantona y todo, esa gente mayoritariamente decente merece y necesita sentirse protegida por el Estado, sólo que, hasta aquí, nunca ha podido ver las adecuadas respuestas frente a la profunda crisis que enfrentamos. ¿Quién podía no aburrirse cuando, tras el estallido social, el lumpen se citaba cada viernes en la Plaza Baquedano para destruir, saquear, y alterarles la vida a vecinos y transeúntes de ese golpeado barrio?

Avíspate, Boric, porque si sigues con tus medias tintas le estás pavimentando al nazi el próximo camino a La Moneda. Dale con todo a la delincuencia y, si tienes que sacar los milicos a la calle en fechas “conflictivas”, o copar con ellos La Araucanía y el norte, para impedir que se nos sigan colando patos malos, por favor hazlo. El lumpen local e internacional nos tiene hasta la tusa, por si no te has dado cuenta.

Porque aquí no se trata de reprimir ideas. Se trata de hacerle un parelé firme y claro al lumpen, que sigue en jauja. ¿Te sientes traicionando tus antiguas convicciones? Ya debes saber que otra cosa en con guitarra. ¿Te sientes vulnerando derechos humanos? Primero están los derechos humanos de la gente decente, Presidente. Y, por lo demás, ¿cuáles son los derechos humanos que respeta esta escoria cuando asesina, roba y saquea?