A Qatar, pasando por el Camp Nou

Sin un recambio de calidad a la vista, buena parte de las posibilidades de la nueva Roja dependen de la titularidad de Arturo Vidal en el Barcelona.

Celebración unánime motivó el aterrizaje de Arturo Vidal en el Barcelona. Tanto por lo sorpresivo como porque significa la ratificación de su incuestionable calidad superlativa.

Un justo premio para uno de los mejores en la historia del fútbol chileno y sostén de la década de oro de nuestro balompié, iniciada con el Colo Colo de Borghi y finalizada con el subtítulo en la Copa Confederaciones.

Pero más allá del júbilo colectivo, hay alguien que debe estar siguiendo con mucha atención el futuro inmediato del Rey Arturo en el Camp Nou.

Es Reinaldo Rueda, el colombiano traído a Chile para recuperar a la Roja y devolverla al pináculo mundial.

Tal como lo demostraron los primeros amistosos del nuevo ciclo, Rueda no cuenta con un recambio a la altura de la generación dorada. Ni entre los de edad intermedia ni entre los más jóvenes.

Rueda ya debe haber extraído conclusiones y sabe que está obligado a sostener a la nueva Roja en al menos siete de los titulares habituales: Bravo, Isla, Medel, Aránguiz, Vargas, Sánchez y, obviamente, Vidal. Particularmente en el caso del mediocampo, no hay entre los nuevos tipos calidad ni madurez a la altura del inmenso desafío que se avecina.

Por eso, el derrotero de Vidal en Barcelona es crucial para las posibilidades de éxito de la selección.

Seguramente, en los últimos días Rueda pasó de la preocupación al alivio cuando se anunció la casi segura llegada de Vidal al Inter de Milán. El nuevo plan del Bayern Munich, traducido en la contratación de jóvenes y pujantes mediocampistas, condenaba al chileno a remar desde atrás. En Milán, en cambio, la titularidad estaba asegurada. Y con ello, certificada la mantención de la fortaleza de la Roja en la zona donde se ganan o pierden los partidos.

Ahora, con Vidal aterrizando en territorio catalán, Rueda debe estar de nuevo mordiendo el lápiz a la hora de dibujar alineaciones y tácticas en su cuaderno.

Porque en Barcelona la titularidad de Vidal no está asegurada.

A primera vista, su contratación responde a una necesidad urgente del elenco culé. No cualquier gigante del fútbol contrata a un jugador de 31 años, por muy talentoso que sea. Si lo llevó es porque precisa de él. En este caso, porque la partida del brasileño Paulinho dejó un espacio clave en la zona media. Y ese vacío, en la zona mixta izquierda, debería llenarla Vidal, jugando en línea con el croata Rakitic, por delante de Busquets y detrás de Messi, Coutinho y Suárez.

Es que en las alturas que se mueve el Barcelona, las oncenas no se arman y desarman así como así. Menos en un club que, a despecho de sus últimas decepciones en la Champions League, sigue arrasando en el torneo español y mantiene intacto su potencial para situarse de nuevo como el mejor del mundo.

Por eso, en el comienzo de la Liga BBVA es muy posible que el entrenador Valverde le pase una camiseta titular.

Pero también hay algo de incertidumbre. Porque Barcelona está refrescando su plantel. Todos sus pilares ya son treintones. Piqué, Busquets, Rakitic, Suárez y Messi necesitan sangre fresca a su alrededor. Esa que está llegando en las últimas semanas de la mano del defensa francés Lenglet (23), del delantero brasileño Malcom (21) y de su compatriota Arthur (21), volante mixto que brilló en el último título del Gremio de Porto Alegre en la Copa Libertadores, lo que le significó ser convocado al Scratch, pero sin llegar a Rusia.

En su capacidad de marca, técnica y visión de juego está el peligro para Vidal. Y de paso para la nueva Roja. Porque con menos abundancia de clase que en el ciclo anterior, a Rueda ni a nadie le es indiferente un Vidal jugando todos los domingos junto a Messi y Suárez que solamente entrenando con ellos.

Por ahora todo es expectación. En pocos días más, cuando comience la liga hispana, Rueda y el fútbol chileno podrán calibrar en serio qué tantas son sus posibilidades de llegar a Qatar 2022.