Actores de reparto

Nuestro columnista Sergio Gilbert reflexiona sobre la importancia que tienen en nuestro deporte personajes que conocen la intimidad de las estrellas nacionales y que en los últimos días aparecieron en los medios por su fallecimiento, en el caso de Patricio Canales, «Patito», y por el contagio de covid sufrido por Exequiel Carvajal, “Yogurth de Mora”.

Sergio Gilbert J.

Hace algunos días, el pequeño mundillo del fútbol chileno se conmovió al conocerse el fallecimiento de Patito, el histórico cocinero de Juan Pinto Durán (ver nota). Seleccionados de varias generaciones hicieron recuerdos de él y en la prensa. Como ahora hay espacio, se le dedicó cobertura para que se recordaran (o conocieran) sus mejores anécdotas.

No es todo.

En los últimos días, ha sido la familia del tenis la que se ha estremecido al saber de la batalla que hoy pelea contra el maldito coronavirus el popular encordador de raquetas “Yogurth de Mora”. Y de nuevo lo mismo. Mucha publicidad y nota emotiva casi como para saldar una cuenta pendiente.

No es extraño. Ambos representan, en medio de la súper profesionalización, los cables a tierra, las miradas simples que todo deportista, aunque no lo sepa o quiera ocultarlo, requiere para ser un triunfador.

Patricio Canales -Patito- y Exequiel Carvajal -Yogurth de Mora-  nunca estuvieron en la primera línea de competición pero sí que fueron, cada uno en su propia trinchera, protagonistas esenciales de historias que han quedado grabadas.

Y es que, como en una película o serie de calidad, los personajes secundarios son los que finalmente determinan el desarrollo y el eventual éxito de un proyecto. Son los sostenedores, los bandejeros, los patiños que, finalmente, ayudan a los protagonistas a lucirse y que, pocos méritos se le atribuyen.

Patito se llevó a la tumba mil anécdotas de los jugadores que vistieron por muchos partidos, o tan solo uno, la Roja en todas las divisiones. A su cocina entraban los futbolistas en momentos de alta tensión a pedir un café con un sanguichito para la ansiedad y aprovechaban así de contar alguna pena atragantada o tirar la talla morbosa en contra del entrenador o de algún compañero.

Patito siempre estaba ahí, escuchando. En las buenas y en las malas. En las duras y en las maduras. Con su cara de “yo no fui”. Calleuque el loro por lealtad y no por simple código de camarín.

El “Yogurth de Mora”, lo mismo. Aunque lo de él era incluso más íntimo porque finalmente fue incorporado a todos los equipos de Copa Davis como uno más del staff porque su labor es de especialistas. Hans requería de una raqueta más tensa, el Chino Ríos de otra más sueltecita. A gusto del consumidor, “Yogurth” estaba ahí para cumplir los deseos de los ídolos, de los divos no porque ese fuera su destino sino que porque ese era su forma de vida.

Grandes esos pequeños y hasta invisibles personajes. Nadie los toma mucho en cuenta sino que hasta que llega la mala.

Deberíamos aprender de una vez y darle escenario y luces cuando están en pleno apogeo.