Adiós a Juan Aguad Kunkar

El periodismo deportivo perdió a uno de sus valores más queribles. Gran basquebolista y abogado, fue un sólido comentarista y un positivo columnista de la actividad cestera que tanto lo apasionaba.

Por JULIO SALVIAT

Alguna vez alguien lo vio preocupado. Pero nunca triste.

Tenía un carácter que lo hacía querible a primera vista y una voluntad de oro para ayudar al que estuviera en dificultades.

Parecía lento, pero era seguro. Y además, “ágil, hacendoso y servicial”, como lo define Humberto Ahumada (Tito Norte), su compañero de coberturas cesteriles durante décadas.  

Abogado, se metió en el periodismo nada más que para escribir de básquetbol, el deporte que lo apasionaba y en el que había destacado como jugador en los años 60 cuando, después de ser seleccionado universitario, se integró al Club Sirio, permanente protagonista de la Liga Metropolitana de Básquetbol.

Quienes lo vieron jugar lo definen como un gran marcador individual, capaz de bajarles siempre el puntaje a los mejores anotadores de los equipos rivales, Eso lo llevó a ser preseleccionado para el Mundial de Básquetbol en 1959 y a integrar la Selección Nacional que disputó campeonatos sudamericanos en Lima (1963) y Córdoba (1966). Después de retirarse, fue DT de Palestino en el torneo de Santiago.

Se le recuerda como colaborador de la revista Estadio y columnista de El Mercurio. Yo lo conocí en los diarios La Prensa y La Tarde como comentarista de baloncesto. Y amigable como era, me incluyó pronto en su grupo de cercanos. 

Juntos dimos la batalla por renovar el Círculo de Periodistas Deportivos que había mantenido su directiva durante toda la dictadura por la imposibilidad de hacer elecciones. Encabezó una lista que integraban Edgardo Marín, Juan Carlos Douzet y este servidor y que arrasó con los votos. No fue presidente por una alianza de última hora de las dos listas perdedoras, y al frente quedó Juan Facuse. Pero terminados los períodos de éste, Juan Aguad Kunkar pudo por fin comandar a los periodistas de deportes.

Fue fiscal de la Caja de Empleados Públicos y Periodistas, abogado del Colegio de Periodistas en el peor momento de los Derechos Humanos y, finalmente, Juez de Policía local en Lo Espejo. Y en cada lugar dejó su huella de hombre bueno, cordial y eficiente.

Falleció el domingo en la tarde y fueron pocos los que pudieron despedirlo. En tiempos normales, el gremio se habría volcado para rendirle homenaje y expresar su dolor.