Advierten de niveles críticos de arsénico en agua de cárceles californianas

Estudio de la Universidad de California detectó que la contaminación supera el máximo permitido a nivel mundial.

 

En las cárceles y prisiones de California, el agua potable contiene niveles de arsénico peligrosos, según un estudio que publicó este miércoles la revista Environmental Health Perspectives.

Los investigadores analizaron los datos de calidad del agua durante 20 años en la prisión estatal de Kern Valley y las comunidades cercanas en el Valle Central, incluidas Allensworth, McFarland y Delano.

El agua en esas regiones proviene de acuíferos subterráneos que contienen ya naturalmente niveles insalubres de arsénico, y en todos los sitios el estudio encontró niveles de ese elemento en el suministro de agua que han excedido por meses y aún por años los límites de salubridad establecidos.

La exposición a largo plazo a cantidades aún pequeñas de arsénico en el agua potable se ha vinculado con una variedad de cánceres y otros problemas graves para la salud. En 2001, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) bajó el nivel máximo permisible de contaminación 50 a 10 partes por mil millones (ppb, en inglés).

El estudio encontró que en las cuatro comunidades estudiadas los niveles de arsénico excedieron las 10 ppb en las últimas dos décadas, a veces incluso después de que la comunidad había recibido fondos del estado para remediar la situación.

“Ha habido mucho trabajo, principalmente de periodistas y de los reclusos mismos, que indican graves amenazas ambientales para la salud en las prisiones, pero ha habido pocos estudios sobre esto”, dijo Jenny Rempel, de la Universidad de California.

Y añadió que “el nuestro es uno de los pocos estudios que documenta los retos estructurales que siguen afectando este derecho humano básico de tener agua a ambos lados de los muros de las prisiones”.

“Debido a que en Estados Unidos se espera que los fondos para el tratamiento y suministro de agua provengan principalmente de los residentes, es más probable que las instalaciones de tratamiento en las áreas rurales y con bajos ingresos no cumplan con las regulaciones”, indicó Alisdair Cohen, autor del artículo.

“Esto es, en parte, la razón por la que la gente que vive en comunidades rurales con bajos ingresos en este país tiende a tener exposiciones desproporcionadamente más altas al agua contaminada”, añadió.

Los latinos, que son el 38 por ciento de la población de California, representan el 41% de la población penal en el estado, con una tasa de reclusión de 757 personas por cada 100 mil habitantes, según detalla Prison Policy Initiative (PPI).

Los afroamericanos, en tanto, que son solamente el 6 por ciento de la población, representan el 27% de los encarcelados, con una tasa de 3.036 confinados por cada 100 mil habitantes.

En California, las tasas más altas de reclusión se concentran en los condados del norte y centro, incluidos Siskiyou, Shasta Tehama, Lake, Yuba, Kings y Tulare, según PPI.

Hace un par de semanas, el Estado de California aprobó que más reclusos enfermos y moribundos sean liberados de prisiones estatales, según una iniciativa que fue aprobada sin oposición por el Senado estatal y que espera ser aprobada en la legislatura estadual.

En caso de que se implemente, la propuesta relajaría la norma actual, que según los críticos es tan restrictiva que mantiene encerrados a reclusos que están demasiado enfermos para ser peligrosos. Eso no sólo llena las camas de las prisiones innecesariamente, sino que es costoso porque esos reclusos suelen requerir cuidados más caros e intensivos.

Un total de 91 presidiarios de California murieron mientras esperaban la liberación compasiva entre enero de 2015 y abril de 2021, según el grupo de defensa sin fines de lucro Families Against Mandatory Minimums (FAMM), lo que representa casi un tercio de los que estaban esperando. Durante ese lapso, 304 reclusos solicitaron la libertad compasiva, y solamente les fue concedida a 53.