Selección Chilena

Al final del sueño…

Por Rodrigo Hernández del Valle (*)
Tras la goleada sufrida contra Paraguay y la derrota frente a Bolivia, muchísimos responsabilizan exclusiva o particularmente a Juan Antonio Pizzi. Sin embargo, Pizzi fue el técnico que la Selección y sus jugadores, ya consagrados como estrellas y golpeados tras el traumático fin de la era Jadue-Sampaoli, necesitaban en ese momento exacto si querían  renovarse en el éxito. Y así fue: además de ganar el segundo título en toda la historia de la Selección Chilena (y el primero conseguido en el extranjero), fuimos finalistas de la Copa Confederaciones, un torneo visto en todo el planeta. Como si fuera poco, jugamos nuestro mejor partido en 107 años en contundencia y volumen de ataque (7-0 a México, que no perdía un partido hace más de un año) y el mejor en cuanto a posesión de pelota (0-0 ante Portugal, con un baile tal, que predispuso psicológicamente a los dos equipos a lo que se vivió en la tanda de penales). A quien quiera rebatir esta afirmación, lo invito antes a realizar un simple ejercicio que he puesto en práctica durante más de 20 años: repetirse una o dos veces los mejores partidos de la Selección completos, plenamente concentrado y sin los nervios ni pasiones del “en vivo y en directo”. 
Para mí, retomando la hebra inicial, los responsables de lo que pasó en la última Fecha FIFA fueron los jugadores. No todos, pero casi todos, parecieron desconectados del objetivo común… Pero el análisis individual o el reproche colectivo ya no vienen al caso. Y además, con qué ropa, después de diez años de emociones, entretención, orgullo y alegrías…
Qué les puedo reprochar a Arturo Vidal y a Alexis Sánchez, si por citar un solo ejemplo, aún tenemos opciones de ir al mundial gracias a los partidos épicos que jugaron en Santiago contra Perú y Uruguay, respectivamente.
Qué les puedo reprochar a Gary Medel y Claudio Bravo, nuestro guerrero y nuestro líder, si juegan bien incluso cuando todos juegan mal.
Qué le puedo reprochar a Charles Aránguiz, si empuja y lucha por nuestra camiseta como un sherpa con 100 kilos de carga subiendo el Himalaya.
Qué les puedo reprochar a Isla, Vargas y Beausejour, si cuando juegan por Chile se les hincha el corazón y multiplican el rendimiento que muestran en sus clubes.
Qué le puedo reprochar a Marcelo Díaz, si para quienes amamos la táctica es un goce verlo jugar.
Qué le puedo reprochar a Paredes, que nos ha apagado varios incendios con su temple de bombero.
Qué le puedo reprochar al Mago, si es el futbolista chileno que más me ha entretenido ver en toda mi vida, y está tan enamorado de la camiseta roja que ha vuelto a ponérsela una y otra vez, cada vez que desmesuradamente lo han juzgado en la lapidaria plaza pública, por la que debieron pasar tantos políticos y empresarios en su lugar.
Qué les puedo reprochar yo, desde la comodidad de mi escritorio, a todos nuestros héroes de la Generación Dorada, si Aránguiz, Vidal y Medel terminaron jugando desgarrados contra Brasil en el último Mundial, y si Alexis Sánchez jugó toda la final de la Centenario con un esguince de tobillo que parecía pelota de béisbol.
Quién puede ser tan desvergonzado de reprocharles algo, si la mayoría lograron todo a pesar de vivir infancias o historias familiares muy crudas.
Los jugadores tienen una deuda sólo con ellos mismos. El país ya no puede exigirles nada, después de que clasificaron en cancha a dos mundiales seguidos, por primera vez; después de que ganaron una Copa América, por primera vez, y dos copas América seguidas, por primera vez; después de que le ganaron a Argentina, por primera vez; después de que ganaron las dos únicas finales que hemos jugado en toda la historia contra la Albiceleste y revirtieron así un siglo de paternidad, por primera vez;  después de que Bravo, Sánchez, Jara y Medel se convirtieron en los jugadores  que han defendido La Roja en más de cien ocasiones, por primera vez (¿o ya olvidamos que antes que apareciera Marcelo Bielsa, prácticamente ningún jugador de la generación anterior quería venir a jugar por Chile?)… Esa deuda con ellos mismos es seguir luchando por su sueño, y para luchar por un sueño no se necesita otro motivador que el sueño mismo. Y jamás, para alcanzar un sueño, se deben atender ni escuchar los reproches de quienes han logrado menos que uno.  Y ese sueño es el que ellos mismos vienen repitiendo hace diez años y sólo a ellos les pertenece: ser campeones del mundo… Yo sólo les deseo que clasifiquen a Rusia, para que su leyenda no tenga un final que no merecen. Pero el panorama no es fácil…
Alguien, además de tomar la calculadora y sumar y restar números fríos, ¿ha ponderado el factor humano a la hora de jugar a la combinación de resultados, frente a  las dos jornadas de eliminatoria sudamericana que restan? Me refiero a que para hacer proyecciones, se debe evaluar el impacto que pueda tener en cada selección el resultado obtenido en la primera jornada. Ponderando esto, y suponiendo que la “lógica” es que le ganemos a  Ecuador y perdamos con Brasil, para así llegar a 26 puntos,  necesitaríamos los siguientes resultados, sin mirar a los de muy arriba y concentrándonos en que Argentina y Perú tienen 24 puntos (uno más que Chile en este momento) y que Paraguay tiene 21 (dos menos que Chile en este momento):
-Primero, que Argentina le gane a Perú. Porque luego, en Ecuador, ganarán por las buenas o por las malas. Mejor que se despeguen y dejen a Perú golpeado.
-Segundo, y dado el resultado anterior, que Perú no le gane como local en la última fecha a Colombia, a pesar de que habrá 70 mil personas en el Monumental de Lima y el estadio será una caldera. Será el partido más importante para el fútbol peruano en 35 años.
-Tercero, que Colombia, en condición de local, empate en la primera jornada con Paraguay. Porque si gana, jugará clasificada en Perú; y si pierde, se mete Paraguay, que en la fecha final recibe a Venezuela.
Toda esta combinación es tan compleja, que aparentemente no bastará con ganarle a Ecuador.  Prefiero creer en estos jugadores que han desafiado y derrotado a la “lógica” durante diez años, y confiar que en octubre nos regalarán otro “golden hit”,  otra “primera vez”: como cuando clasificaron a Sudáfrica goleando a Colombia en Medellín; como cuando eliminaron al campeón del Mundo en Brasil 2014; como cuando le ganaron dos finales de América a Argentina de Messi; como cuando -hace apenas dos meses- eliminaron de la Confederaciones al campeón de Europa con Cristiano Ronaldo incluido; y como cuando durante una década, jugando al fútbol, fueron lo mejor que le pasó al país.
(* Rodrigo Hernández es periodista deportivo. Se ha desarrollado profesionalmente como corresponsal de Fox Sports para Latinoamérica, y como reportero, productor y comentarista en Radio Portales y Radio Zero, entre otros medios).