Alberto Quintano: “Obvio que quiero que la U se salve, pero tengo mis dudas”

Azul hasta los huesos y protagonista de la mejor pareja de zagueros centrales que ha tenido el fútbol chileno jugando al lado de Elías Figueroa, ve con preocupación el difícil momento que vive el equipo, en las últimas posiciones de la tabla. Reconoce que el cuadro de Diego López no juega bien, pero, para él, el principal problema de los jugadores es “mental”.

Saliendo de un covid que lo tuvo a mal traer, pero que no pudo doblegarlo para lanzarlo a la cama, Alberto Quintano, el gran Mariscal de la U y protagonista de una dupla defensiva dorada con Elías Figueroa en La Roja de todos, no puede sustraerse, sin embargo, al mal momento que vive su club de toda la vida. Señala:

“Obvio que espero que la U se salve en estas ocho fechas que quedan de campeonato, pero tengo mis dudas. El equipo no juega bien, y no ha sido capaz de ejercer superioridad prácticamente frente a ningún rival. No se advierte ninguna sincronización entre las líneas. Los defensores parecen jugar aparte de los volantes y estos a su vez no logran conectarse con sus delanteros. Y así es muy difícil. Más allá de todo eso, que por cierto influye, el problema más grave que tiene el equipo, para mí, es otro”.

-¿A qué te refieres, específicamente?

“A lo mental. Los malos resultados han producido mucha inseguridad en el plantel. Hay mucho nerviosismo y eso se advierte en el juego, que en esas circunstancias no puede ser fluido. Falta que los mayores del equipo aporten en ese aspecto, porque son los llamados a hacerlo. Los muchachos jóvenes que han ido apareciendo pueden tener muchas condiciones, pero son los grandes los que tienen que ordenarlos, aconsejarlos y dirigirlos dentro de la cancha”.

-¿Crees que sea sensato, a estas alturas, cambiar a Diego López como director técnico?

“Depende. La lógica indica que no, pero yo en esto también tengo mis dudas. Si en varios partidos ya a cargo del equipo no ha podido levantarlo, ¿podrá en las fechas que restan? Yo espero que sí. Todos quienes somos hinchas de la U deseamos lo mismo, pero uno no puede dejar de preocuparse cuando los resultados no se dan”.

-¿Cómo podrías definir tu momento en la U?

“También estoy entre muchas dudas. He venido trabajando desde hace tiempo en forma esporádica, colaborando con la marcha del club en temas bien puntuales, pero no descarto dar un paso al costado en los próximos días. Veo muchas pugnas internas a nivel de los encargados y al final uno no sabe quién tiene la razón ni quién es el equivocado. Es algo que sin duda desgasta. Por lo demás, a estas alturas de mi vida tengo la suerte de dejar de percibir esos emolumentos, que tampoco eran fijos o constantes, y no temerle al futuro”.

-Por lo que se ve, estás cansado…

“De todas maneras. Pero llegado el momento de tomar una decisión no tengo la menor intención de aportar más al caos haciendo acusaciones o críticas. Si tengo que decir algo, sólo lo haré frente a los personeros que corresponda”.

-Como ex jugador, ¿qué sientes cuando ves una serie de chicos que vienen de abajo y pueden ser protagonistas de un descalabro, como sería descender a Primera B?

“Diría que ellos no tienen la culpa. No podrían tenerla, además. Son muchachos de probadas condiciones, pero que por experiencia y trayectoria sería injusto pedirles que se transformen en salvadores del equipo. De esta difícil situación a la U deben sacarla adelante entre todos, pero, como ya te dije, son los mayores los que deben ayudarlos”.

Figura inmensa del Cruz Azul mexicano, Alberto Quintano es recordado, hasta hoy, como uno de los mejores jugadores extranjeros que pasaron alguna vez por la denominada “Máquina cementera”. Y cuando partió a tierras aztecas, se cuenta que hasta el propio River Plate anduvo tras sus pasos. Pero demoraron en entrar al área y los mexicanos se les adelantaron.

-En esas asesorías que prestabas, Alberto, ¿a nadie se le ocurrió nunca llevarte al CDA para enseñarles a jugar a los actuales defensas centrales de la U?

Sólo obtuve su risa y un aproblemado “noooooooo…” como respuesta. Es que el Quintano sobrio, eficiente y rendidor que fue como futbolista, no podría nunca asumir actitudes de divo. Serio, criterioso, jamás podría cambiar.

Haciéndole una vez una nota, para uno de los tantos medios en que he trabajado, me enteré por Lucho Ibarra, no por él, que su verdadero apellido es Qüintano, con diéresis. Alberto no le había dado importancia, pero el “Turco” –técnico de la Roja juvenil para el Mundial de 1987- sentado a su lado en el café del Instituto Nacional del Fútbol (INAF), se sintió obligado a hacer esa aclaración, que llegó cuando Alberto ya estaba dedicado a dirigir la carrera de entrenador en el centro de estudios.

“Es verdad –me aclaró aquella vez Quintano-. Mi verdadero apellido es con diéresis en la u, pero en el Registro Civil obviaron ese detalle y lo escribieron así nomás. Por lo demás, nunca eché de menos esas ‘cremillas’, como suele decir la gente”.