Albos y azules unidos, jamás serán vencidos

Como las medidas que anunció el Mandatario son insuficientes para una sociedad con cáncer, las marchas han seguido siendo multitudinarias. Y en ellas, Piñera consiguió un milagro impensado: que las banderas de Colo Colo y de la U se unieran y se mezclaran con las de Chile que enarbolaba el pueblo. Los con etiqueta de “flaites” demostraron que también son ciudadanos.Por EDUARDO BRUNASebastián Piñera, con su absoluta incapacidad de no entender nada de lo que en el país está pasando, logró sin embargo un milagro impensado: que en la multitudinaria marcha del día siguiente de su anuncio, se juntaran y hasta se mezclaran los hinchas de Colo Colo, de la U, y en menor proporción, los de Universidad Católica.

Un par de días antes, es cierto, los regentes de esos mismos clubes se habían pronunciado acerca del estallido social que tiene a empresarios y políticos caminando por la cornisa. Le pedían al Ejecutivo, como no podía ser de otra manera, dada la magnitud de la crisis, escuchar al pueblo y actuar en consecuencia.

Valioso, sin ninguna duda, sólo que el documento conjunto, recogido y difundido por los medios, era meramente cupular, surgido entre cuatro paredes. Y la gente también está harta de pronunciamientos en los que siempre queda al margen.

Seguidores de los dos clubes más populares de Chile, actuaban por fin como ciudadanos, acaso para demostrarle al país que, más allá de sus distintos afectos y sus profundas diferencias, en esta lucha estaban juntos.Albos y azules unieron sus banderas a las banderas chilenas que llenaban las calles de Santiago para demostrarnos, acaso, que el rol de flaites que asumen en los estadios no es más que otro producto de la sociedad profundamente desigual que por casi medio siglo nos han creado, pero que llegada la hora de la gente ellos sí pueden diferenciarse del cuma, del lumpen que actúa movido también por ese hondo resentimiento de ver que unos pocos tienen mucho y la inmensa mayoría nada.
Observar a la “Garra Blanca” y a “Los de Abajo”, compartiendo motivaciones y consignas mezclados con la multitud es, sin duda, atribuible a otro milagro de Piñera. Como este mismo colosal estallido social hasta hace pocos días nada más era absolutamente impensado, porque se pensaba que este era un pueblo de borregos eternamente anestesiado por las bondades de un modelo neoliberal obscenamente injusto y desigual. Como el que hasta en sectores acomodados, como Las Condes y El Golf, y donde nunca pasa nada, resonaran fuerte las cacerolas… ¡y hasta canciones de Víctor Jara…!

Chile se había convertido en una olla a presión a punto de estallar. El “oasis”, que en su profunda estulticia veía nuestro Presidente, era un cráter que, como dicta la naturaleza, tarde o temprano iba a reventar, con sus devastadoras consecuencias.

Confieso, muchachos albos y azules, que verlos juntos en esta protesta me reconcilió en buena medida con la esperanza y con la vida. Porque hace años que dejé de ir a los estadios, para no toparme con ustedes en el papel de simios que a veces asumen, tal vez choreados como todos de no sentirse parte de nada, como no sea de ese afecto futbolero que, aunque parezca insólito para los tiempos que corren, es de lo poco que les han dejado.

Quiero informarles además y una vez más, muchachos, que más allá de vuestra identificación con diferentes afectos futbolísticos, ustedes, hinchas albos y azules, son compañeros de la misma desgracia: porque la voracidad insaciable de los poderosos a ambos les robó sus clubes, decretándoles en su momento quiebras tan fraudulentas como truchas.

¿Por qué? ¿Para qué?

Simple: para poder implantar en nuestro fútbol un Sistema de Sociedades Deportivas que no se habría sostenido sin que antes se les echara el guante a los dos clubes más populares. Y para poder inventar ese negociado gigantesco en que se convirtió el Canal del Fútbol, que tampoco podía llegar a ser realidad en la medida que tanto Colo Colo como la U, a través de sus respectivos presidentes -Peter Dragicevic y René Orozco-, siguieran cautelando los “derechos de imagen” de ambas instituciones, reconocidos y respetados, por lo demás, internacionalmente.

Para dejarlo claro una vez más: un Canal del Fútbol como negocio no era viable si en su parrilla no iba a poder ofrecer los partidos que como dueños de casa debieran disputar Colo Colo y Universidad de Chile. ¿Quién iba a ser tan amermelado para contratar un servicio que sólo iba a poder entregar encuentros entre clubes que no calientan a nadie?

Les tengo otra información, muchachos albos y azules: detrás de la implantación de este Sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, tan nefasto como corrupto, hay muchas manos. Algunas muy visibles, como la del Presidente “socialista” Ricardo Lagos, el mejor mandatario que ha tenido el empresariado chileno en un siglo, y otras mucho más ocultas, como las de Sebastián Piñera, que mandó a trabajar a todo su equipo de asesores legales para ir dándole forma de ley a este verdadero esperpento de organización futbolera que ahora sufrimos.

Como no podía ser de otra manera, el mundo mira con justificado asombro lo que aquí está pasando. Es “Chilezuela” en todo su esplendor, con su secuela de caos, saqueos, incendios y una represión que, estando los milicos involucrados, no discrimina entre el pato malo y el ciudadano honesto aunque harto.

Hasta la final de la Copa Libertadores en Santiago, fijada para el 23 de noviembre en el Estadio Nacional, corre peligro. Para qué decir el Foro de Cooperación Asia Pacífico (APEC, en noviembre) y la COP 25 (diciembre). Ya hay voces internacionales que advierten que no están dadas las condiciones para que Chile acoja ambos eventos, donde iba a estar todo dado para que nuestro Presidente le sacara lustre a su “liderazgo mundial”.

Más allá de sus legítimas diferencias, hinchas albos y azules, parecen saludablemente estar entendiendo que se necesitan unos a otros, por más que en los partidos que protagonizan se digan y se griten de todo. Porque Colo Colo y la U se necesitan mutuamente, como actores principales de un campeonato que es mediocre y lo sería mucho más en el caso de que uno de ellos faltara, como puede ocurrir ahora.

De partida, ya entendieron que todos son ciudadanos del mismo país en crisis, que hasta podría ser terminal si los que aún conservan el poder no atinan ni se ponen en real sintonía con lo que la gente espera de ellos,

Y porque, como ya les conté chiquillos, son hermanos en la misma desgracia. La desgracia de que hasta sus clubes les fueran birlados con alevosía y en despoblado.