Alemania vuelve sus ojos hacia el carbón

  • Ante el temor de un corte total del gas ruso durante el próximo invierno, los germanos han elevado el precio del combustible fósil con una demanda inusitada.

Aunque sea malo para la salud, miles de alemanes están dispuestos a exponerse a los gases de la quema del carbón antes que quedarse sin calefacción para el próximo invierno.

Frente al peligro de un corte total del gas ruso como represalia por las sanciones de la Unión Europea por la invasión a Ucrania, en Berlín y otras grandes ciudades se están abasteciendo de carbón.

De hecho, en la capital se calcula que entre cinco mil y seis mil familias todavía se calientan con carbón. Una proporción mínima, si se considera que hay cerca de un millón 900 mil hogares. Se trata de personas mayores, a veces totalmente dependientes de este combustible y que viven en casas antiguas que nunca han sido renovadas.

Pero este año, ha llegado “una avalancha” de nuevos clientes, dice Frithjof Engelke, cuya pequeña empresa se ha diversificado también hacia los pellets de madera y el diésel.

La producción de carbón se ha disparado en toda Alemania desde principios de año, pero como la demanda es fuerte, los proveedores temen no poder satisfacerla en su totalidad durante el invierno.

Con muy pocas opciones en casa, Alemania empezó una carrera para encontrar quién le suministre carbón. Colombia, como el país con la mayor mina de carbón a cielo abierto de América Latina, es uno de los candidatos para hacer negocios energéticos con la nación europea, pero, aunque parece un trato con el que ambas partes se verán beneficiadas, la explotación del combustible fósil tiene un impacto considerable para la población y el medio ambiente.

Integrantes del Parlamento alemán se desplazaron hasta La Guajira, al norte de Colombia, para analizar la viabilidad de compra de carbón a ese país sudamericano.

“La mina tiene un impacto significativo en la región en términos de suministro de agua potable y también de contaminación del aire. La empresa minera por supuesto me dice que todo está perfecto y que lo tienen bajo control, pero durante nuestra visita no hicieron explotación. Como soy una aficionada del tema, conozco la diferencia”, aseguró Kathrin Henneberger, representante del Partido Verde alemán.

Una de las conclusiones de la misión es que les preocupan las repercusiones medioambientales y las quejas de la comunidad.

“Antes teníamos toda el agua que necesitábamos. Desde que la empresa está aquí, nos estamos quedando sin agua. Nos falta comida y muchos niños han muerto de hambre y sed”, dijo Leobardo Sierra, líder de la comunidad wayuu.

La mina necesita 24 millones de litros de agua al día para rociar carreteras y enviar el carbón, litros de agua que escasean en una región semidesértica que tiene constantes problemas humanitarios por la falta del líquido.

Pese a todo, el negocio está lejos de cancelarse.

La necesidad es mucha, sobre todo por la amenaza de Putin y por un alza considerable en los precios del gas y de la electricidad, que esta semana alcanzó una cifra histórica para las grandes empresas eléctricas e intermediarios: 557 euros de megavatio por hora (MWh) según datos de la Bolsa Europea de Energía AG.

Hace un año, en esta misma fecha, el costo era de unos 50 euros por MWh.

El precio para los hogares en Alemania es de 39 céntimos por kilovatio por hora (kWh), que es un incremento del 28% en comparación con el año pasado, lo que significa que un hogar promedio que consume 5.000 kWh tendría que pagar unos 2.000 euros anuales.

El gas, en tanto, ha subido más de cuatro veces desde el inicio de la guerra en Ucrania.

Por eso el carbón es visto como una opción válida: es mucho más barato y calienta bien.