Alexis pierde en la cancha y en la secretaría

Después de vivir un domingo de pesadilla, el delantero del Inter sigue sin saber si tendrá que volver dentro de dos meses al  fútbol inglés o, si se queda, si podrá defender al Inter en la Europa League. Así como fue héroe a mitad de semana en la victoria sobre el Brescia, ahora fue uno de los villanos en la derrota ante el Bologna.

Por Julio Salviat

El mundo futbolero se alistó durante media semana para el gran duelo de chilenos en Italia: el partido de Inter de Milán con el Bologna tenía el sabroso ingrediente de la confrontación del resucitado Alexis Sánchez con el fiero Gary Medel en los pastos del imponente y vacío Giuseppe Meazza. Pero el porfiado de Antonio Conte no le dio el gusto y, al otro lado, un estado febril impidió la convocatoria del “Pitbull”.

Y así, el televisor mostró un partido que sólo tenía como incógnita y atractivo cuántos minutos iba a jugar el tocopillano. Como se preveía, su ingreso ocurrió a los 70’. Y no fue en reemplazo de Lautaro Martínez  o Rumelo Lukako, la dupla titular, sino que se les agregó.

No parecía mala idea juntar en la cancha a los tres temibles, pero resultó un desastre: ubicado como armador por el centro, obligó al argentino a abrirse por la izquierda y casi no tocó más la pelota, mientras el belga con ancestros congoleños se ubicó como puntero derecho sin ninguna trascendencia en el juego. Además, se desarmó la línea de contención, y el cómodo 1-0 se transformó rápidamente en un lapidario 1-2.

Veinticinco minutos tuvo Alexis para mostrar su valía. Hasta ahora, había sido importante – hasta decisivo- en el rendimiento de los negriazules. Cada vez que entraba aportaba algo, asistencias o gol, y cambiaba para bien el rumbo del equipo. Y cada vez que salió, el Inter sintió su ausencia.

El problema es que Antonio Conte fue el único que no le encontró gracia a la última actuación de Sánchez, considerado por todos los medios como la figura del equipo luego de reencontrarse con el gol, aunque fuera de penal, y de asistir en tres de los seis goles que anotó su equipo esa tarde. La evaluación del entrenador fue tibia, casi indiferente.

De todos modos, el primer tiempo le dio la razón. La dupla formada por Martínez y Lukaku estuvo dentro de lo mejor del equipo. El primero complicó siempre con sus diagonales y anticipaciones, mientras el segundo usaba su corpulencia para complicar a los centrales boloñeses. Y el gol de ventaja tenía sus firmas: cabezazo de Lautaro, pelota en el vertical y empalme solitario y cómodo de Rumelu.

Ese gol parecía sentenciar el partido, sobre todo porque el Inter se había salvado del empate cuando un poste devolvió un balazo de Musa Barrow, un nacido en Gambia que dejó chicos a todos los renombrados de este duelo, y porque el Bologna quedó con diez jugadores por expulsión de Roberto Soriano, un italiano nacido en Alemania que estaba convertido en un baluarte. 

“Coser y cantar”, habría escrito Míster Huifa en la revista Estadio, frase que usaba mucho para describir partidos fáciles para algún vencedor.

Pero se le vino la noche al Inter desde el mismo momento en que Lautaro Martínez desperdició un penal que sentenciaba la brega. Lo tiró como lo hacen los malos: a la derecha del arquero y a media altura.

Pero no importaba: ya estaba calentando Alexis y con eso se arreglaba todo.

Ingresó el “maduro Maravilla” y antes de tocar la pelota ya estaban uno a uno. Otro Musa, también gambiano y de apellido Jarawa, había conseguido la igualdad. Pero tampoco importaba: quedaban unos veinte minutos, contando el tiempo de recuperación, y Alexis venía con las pilas puestas.

Partió bien el chileno, porque en su primera intervención provocó una tarjeta amarilla para el que lo derribó. Pero casi de inmediato perdió un pase que pretendía ir entre líneas y provocó la segundo conquista boloñesa. El autor fue Barrow, que merecía algo así por su gran actuación.

Tres veces pudo Alexis corregir la chambonada. En una habilitó a Martínez y lo dejó en situación de disparo, pero el balón que iba para gol rebotó en Lukaku; después, quitó el balón en la salida de los visitantes y desvió el remate; más tarde, enfrentó libre al arquero, lo quiso fusilar y su envío fue demasiado recto y la pelota dio en los brazos del arquero.

Lo peor para Sánchez no termina ahí. Nadie la ha podido dar todavía una buena respuesta sobre su futuro. 

Cuando vencía su préstamo y debía regresar al Manchester United, el Inter consiguió que se prorrogara por dos meses la devolución. Eso le permitirá terminar la competencia en Italia. El Inter está dispuesto a contratarlo, pero el club inglés pone una condición: que no juegue en la Europa League, donde también participan los “Reds”, que ven al equipo italiano como uno de los que pueden dejarlo sin la copa.

Sensible como es, esta situación pudo influir en su disminución de rendimiento y podría repercutir en los próximos compromisos. No debería importar mucho, pero vienen las Clasificatorias mundialistas y el país espera a un Alexis sanitó y contento para que rinda mejor.