Antofagasta: ¿De la Sudamericana a la B?

El 28 de octubre del año pasado, Deportes Antofagasta conseguía el pase directo a la primera cita internacional en sus cincuenta y dos años de profesionalismo. Un ticket a Copa Sudamericana que personalmente me pareció un premio de consuelo por lo que venían siendo las posibilidades del plantel y su alta posición en la tabla durante tres cuartas partes del campeonato.

Ese mismo día en Sausalito, Everton ganaba 3-2 a los «Pumas», desbaratando toda opción real de conseguir la primera estrella en una de sus peores presentaciones del torneo. Luego me tocó salir al aire en nuestro espacio partidario, y lancé un categórico: «Gerardo Ameli debe irse”. Las equivocaciones y las presiones de la dirigencia sometieron demasiado al argentino. La suma de constantes errores afectaron su credibilidad al interior del plantel y fue muy notorio cómo semana a semana incluía a jugadores forzadamente.

¿Campaña histórica el 2018? Sí, indudable. ¿Ameli histórico? Me parece que cómo terminó, la conclusión es que tuvo suerte de haber estado en el lugar preciso y en el tiempo perfecto. El 18 de mayo de este año será recordado oficialmente como el fin de la era Ameli. Noticia revelada por un comunicado de prensa que publicó Antofagasta en su cuenta oficial de twitter. Sinceramente, un respiro. Aunque automáticamente, luego de digerir la bomba de un “breaking news” así, me volvieron viejas imágenes. El primero con algo de nostalgia: cuando lo bauticé como “Míster”, utilizando el lenguaje universal del fútbol para referirnos a un entrenador. Nunca me nació tutearlo y jamás llamaré «profe» a un DT.
Al comienzo me pareció un buen director técnico, al menos en personalidad. Su primer semestre fue excelente, llegando a una altura que hacía imposible pensar en el descenso (algo recurrente en este club). El peak se logró faltando mucho, a fines de julio, con la goleada a Universidad de Chile 4-0 (28 de agosto de 2018) en el Calvo y Bascuñán, con el doblete mágico de “Tucu” Contreras. 
¡No había cómo bajar a Antofagasta! Para una mayoría, el momento pareció único, como algo inesperado. Para mí no. Desde el primer día de pretemporada percibí el hambre de los protagonistas. Daba la impresión que ningún equipo quería enfrentar al CDA, y menos proponer un partido de igual a igual.

Pero los tiempos cambian: hoy, la desvinculación de Ameli es oxígeno para alguien sufriendo de puna a más de cuatro mil metros de altura (una metáfora, obvio). Algo lógico y más que esperable. Él mismo sabía internamente que el presidente, Jorge Sánchez, sondeaba entrenadores. El único que lo sostuvo tanto tiempo fue el gerente deportivo, Víctor Oyarzún, quien formó con el rosarino una amistad un poco maquillada por lo evidente. Ameli se había convertido en un DT cien por ciento manejable a la hora de oír sugerencias de algunos jugadores que la dirigencia necesitaba mostrar para poder generar una venta. Uno de ellos es Augusto Barrios, que pese a no estar a su nivel tras una lesión de rodilla, volvió al primer equipo con camiseta de titular en un puesto poco frecuente para él, donde salvo un partido (ante la UC, como local) jamás demostró nivel para ser imprescindible. Augusto Barrios sería vendido a Universidad de Chile luego por una cifra récord para el club.

El clima de crisis estalló por lo deportivo, y escaló a lo institucional. La imperdonable «ausencia» de Jorge Sánchez (en su anonimato eterno sin intención de comunicar algo sobre el futuro). Con tristeza, la realidad nos advierte que esta temporada es de descenso y, por supuesto, Gerardo Ameli no es el único responsable de algunas decisiones administrativas que lo perjudicaron para armar su equipo, pero el argentino no ayudó mucho: primero, al ceder su autoridad; y, segundo, por no poder mejorar dentro su básica metodología el orden táctico y la elaboración de estrategias ofensivas cuando se necesitó ser protagonista.

Tanto para recordar y contar. No para destruir per sé, sino para destruir lo que se está haciendo pésimo hace años. Hay una mínima de 25 puntos a remontar en los próximos 16 partidos que faltan. No se puede aceptar que la memoria falle tan seguido. La ciudad de Antofagasta debe comenzar a reconocer cómo y por qué la suma de equivocaciones en la institución que nos representa a todos, muestra a toda la opinión pública un débil manejo y una apatía que debe detenerse si es que algunos quieren mantener una posición de poder que no es hereditaria.