Arqueros de Selección

La inminente despedida de Claudio Bravo de la Roja encuentra al fútbol local desprovisto de sucesores confiables. Por ahora, el nacionalizado Gabriel Arias es el que tiene más posibilidades de llenar la vacante.

Mientras Claudio Bravo dice estar disponible, no da muchas señales de que desee volver a la selección nacional de fútbol. Y, al frente, Reinaldo Rueda sostiene que las puertas de la Roja están abiertas para todos, pero no muestra muchas ganas de nominar a uno de los mejores arqueros –si no el mejor- que ha tenido el fútbol chileno en toda su historia.

Todo hace pensar que el largo y exitoso ciclo de Bravo está por cerrar su última página. Y el panorama sobre la sucesión se ve absolutamente oscuro. Su reemplazante natural es Johnny Herrera, pero su edad y sus lesiones lo hacen poco confiable para procesos de mediano plazo.

Queda poco para elegir, entonces. Y eso explica de alguna manera que el nuevo entrenador haya recurrido al eterno tercer arquero en las nóminas nacionales, aun cuando Cristopher Toselli fue un desastre en México y se quedó sin puesto durante casi todo el torneo azteca; a un argentino de padres chilenos, Gabriel Arias, y a un proyecto con mucho que mostrar todavía, Bryan Cortés.

Los elegidos tendrán los amistosos contra Rumania, Serbia y Polonia para mostrar sus virtudes y su personalidad con miras a seguir optando a un puesto en la Copa América del próximo año.

TIEMPOS DE GLORIA

No siempre costó designar al arquero de la selección. Tal vez la época más conflictiva fue a fines de los años 40 y comienzos de los 50. Y el fenómeno era el revés: sobraban los grandes guardavallas. La ventaja para el adiestrador es que contaba con Sergio Livingstone, y su difícil tarea era elegir al segundo.

Abundaban los candidatos, todos de enormes condiciones para el puesto. En Colo Colo jugaba Misael Escuti, que finalmente, después del retiro del Sapo, se adueñó del puesto y fue titular en el Mundial de 1962. También asomaba Raúl Coloma, de Ferrobádminton, inmediato sucesor de Livingstone. Con mayor experiencia que ellos estaban Hernán Fernández, de Unión Española, gran atajador de penales; Mario Ibáñez, de Universidad de Chile, de asombrosa seguridad de manos, Daniel Chirinos, de Audax Italiano, de sorprendente agilidad; Carlos Espinoza, de Everton, de enorme regularidad; René Quitral, de Wanderers, valiente y atajador.

Después de Escuti, pasó un tiempo largo sin dueños absolutos. Juan Olivares defendió los cáñamos de la Roja en el Mundial de Inglaterra ’66, y Leopoldo Vallejos hizo lo propio en Alemania ’74. Adolfo Nef y Oscar Wirth también tuvieron sus oportunidades. Tuvo que llegar Mario Osbén para que el dueño del puesto tuviera continuidad. El Gato se mantuvo ahí durante once años y fue héroe en la invicta clasificación al Mundial de España ’82 y villano en ese torneo.

Lo bueno para el fútbol chileno es que por esos años apareció Roberto Rojas, otro que discute puesto con Livingstone y Bravo como el mejor de la historia, pero que lo echó todo a perder con su absurda maniobra de inferirse una herida en el tristemente célebre Maracanazo.

Nelson Tapia llegó para quedarse once años (entre 1994 y 2005) y tuvo el honor de pasar la fase inicial en el Mundial de Francia ’98, algo que el fútbol chileno nunca había logrado fuera de casa. En seguida surgió Claudio Bravo, que se adueñó no sólo del puesto sino de la capitanía, en los procesos comandados por Marcelo Bielsa, Jorge Sampaoli y Juan Antonio Pizzi.

LA SEQUÍA ACTUAL

No hay tantos extranjeros en los arcos chilenos, como para culparlos de la decadencia en el puesto. Matías Dituro en Universidad Católica, Agustín Orión en Colo Colo y Carlos Lampe en Huachipato son los más destacados. También hay nacionalizados: aparte de Gabriel Arias en Unión Calera, están Fernando De Paul en Universidad de Chile; Cristián Muñoz en Universidad de Concepción, y Mauricio Viana, en Wanderers.

Reinaldo Rueda quiso conocer en su primer miniciclo a porteros de escaso nombre, pero bien recomendados por sus condiciones: el huachipatense Yerko Urra y el quillotano Nelson Espinoza. El futuro dirá hasta dónde llegan.

Hubo varios que en su momento aparecieron como posibles y se quedaron sin fulgurar. En esas condiciones están Miguel Pinto, de O’Higgins; Gabriel Castellón, de Wanderers; Darío Melo, de Palestino; Diego Sánchez, de Unión Española, y Paulo Garcés, de Antofagasta.

No se vislumbra mucho en todo caso. Para la emergencia inmediata, Gabriel Arias es el que parece con más posibilidades, aunque es posible que Rueda comience su experimento con Toselli, que ya tiene alguna experiencia internacional. Brayan Cortés, seguramente, deberá esperar un poco más, lo mismo que el loíno Gonzalo Collao, el temuquense José Luis Gamonal y el quillotano Ignacio González, González, los más promisorios del medio chileno.