Australia: ley obliga a sacerdotes a violar el secreto de confesión

La nueva disposición legal rige exclusivamente para casos de abuso sexual de menores.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: TWITTER

Hace unos días entró en vigor en el estado de Australia Occidental una ley que obliga a los sacerdotes católicos a violar el secreto de confesión, si es que en el sacramento reciben información sobre abuso sexual de menores.

La norma, que se extiende a todos los ministros de culto de otras religiones, es parte de las nuevas leyes introducidas por el gobierno de Mark McGowan, primer ministro de Australia Occidental desde 2017.

Según informa el Catholic Weekly, no reportar un abuso sexual del que tengan información en la confesión, los hará responsables penalmente, y serán multados en hasta seis mil dólares australianos (cerca de cuatro mil dólares estadounidenses).

En 2020, el arzobispo de Perth, monseñor Timothy Costelloe, defendió el secreto de confesión o sigilo sacramental ante una comisión en el parlamento de Australia Occidental, uno de los seis estados del país oceánico.

El prelado reconoció la “horrible historia” de los abusos sexuales en la historia y explicó las razones de la defensa del secreto de confesión: “Los pecados no se confiesan al sacerdote, sino a Dios… El sacerdote no tiene derecho ni autoridad para revelar nada de lo que ocurre en este encuentro íntimo con Dios”, afirmó.

Pero, precisamente, la medida legislativa persigue acabar con las confesiones entre sacerdotes pedófilos.

Sin embargo, Costelloe cree que “hacer ilegal la práctica libre de un aspecto esencial de la fe católica me parece que es algo que las sociedades seculares modernas tienen siempre entendido y que está más allá de los límites de su autoridad”.

El Código de Derecho Canónico establece en el canon 983 que el sigilo sacramental o secreto de confesión es inviolable: “Está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo”.

Asimismo, el canon 1388 señala que “el confesor que viola directamente el sigilo sacramental, incurre en excomunión latae sententiae (automática) reservada a la Sede Apostólica”, lo que quiere decir que sólo el Papa puede levantar la pena de la excomunión.