Balance del Torneo de Apertura: aceite, vinagre y balsámico para aliñar las emociones

Universidad Católica ya duerme tranquila después de vivir tantas y tan encontradas emociones. El comienzo de pesadilla, con cuatro fechas sin ganar y sumida en los últimos lugares de la tabla, tuvo un vuelco a partir de su brillante victoria sobre Universidad de Chile. A partir de ahí, la remontada fue incesante, sólo interrumpida por la ya clásica derrota, ante San Luis en Quillota, en la séptima fecha.

Los fantasmas se asomaron dos jornadas después en el estadio Santa Laura. Apabullada en el primer tiempo por Unión Española, tuvo espíritu para reponerse y conseguir una victoria con tintes épicos. Esa noche los cruzados terminaron por convencer de que tenían pasta de campeones. Aunque recién pudo alcanzar a Deportes Iquique en la fecha 13, a la siguiente prácticamente se puso la corona al apabullar a los nortinos en Cavancha. La fecha final fue de trámite: los dos ganaron -como se esperaba- y ahí quedaron ambos con pasajes para la Copa Libertadores.

Así concluyó un campeonato que -como todos- tuvo aceite, vinagre y balsámico para aliñar el entusiasmo; bencina, parafina y petróleo para encender las pasiones, y risas, llantos y muecas para sacar las conclusiones.

Los mejores

La tabla no miente. Aunque se trata de un anacrónico minitorneo que permite especulaciones sobre los reales méritos de los equipos, 15 fechas dan una pauta.

Universidad Católica, Iquique, Unión Española y O’Higgins fueron los más destacados, o los más parejos. Los cuatro tuvieron opción hasta antes de iniciarse la penúltima fecha. Pero hubo un quinto que tuvo momentos brillantes, pero no supo sacarles adecuado partido: Colo Colo.

Los albos -como el campeón también partieron muy mal. La diferencia estuvo en que tardaron mucho más en mostrar su poderío. Incluso en la séptima fecha quedaron penúltimos en la tabla de posiciones, con riesgo de quedar colistas en la jornada siguiente. Recién ahí se pusieron serios, pero no les alcanzó para amagar a los candidatos.

La UC se afirmó en un juego irregular defensivamente, pero letal en ataque. Con las irrupciones sorpresivas de Enzo Kalinski, la velocidad y remate de Ricardo Noir, la habilidad y sentido futbolístico de Diego Buonanotte y la contundencia de Nicolás Castillo, costaba aguantar a ese equipo. Había buenos complementos también: el defensor Guillermo Maripán y el dúctil José Pedro Fuenzalida contribuyeron mucho al equilibrio que consiguió el equipo.

Iquique fue una fuerza pareja que nunca deslumbró y que tuvo una sola resbalada: cuando fue goleado en casa por la UC. Con un volante de vuelo superior, el argentino Gonzalo Bustamante, y otro de enorme valía, el uruguayo Mathias Riquero, encontró buenos caminos para sostener a la defensa y armar ataques punzantes.

Unión Española declinó cuando menos se esperaba. Las derrotas ante la UC y la U, en partidos consecutivos que disputó en Santa Laura y que parecía tener ganados, fueron mazazos de los que le costó reponerse. Los rojos también tuvieron su mejor arma en el ataque. Abastecidos por el experimentado Felipe Seymur y el promisorio Pablo Galdames, sus atacantes tuvieron ocasiones para lucirse. Y así, Carlos Salom y Diego Churín formaron una de las mejores duplas de ataque del torneo.

O’Higgins siempre estuvo entre los destacados, pero nunca alcanzó el primer lugar. En algún momento fue segundo, y en otro fue sexto. Durante el resto de las fechas anduvo entre el tercero y el quinto. Y terminó cuarto. Su fortaleza estuvo también en la delantera. Cuando pudo juntar a los argentinos Cristián Insaurralde, Pablo Calandria y Gastón Lezcano, los rivales sufrieron y sus hinchas festejaron.

Los peores

Colista, Universidad de Concepción; penúltimos, Audax Italiano y Everton; un poquito más arriba, Cobresal y Temuco.

No tuvo remedio el cuadro del Campanil. Abrumado por su ineficacia goleadora, agravada por la partida de Gabriel Vargas, no le resultó el cambio de técnico. Incluso le fue peor. Estaba 14° cuando fue despedido Ronald Fuentes. Terminó 16° con Francisco Bozán, tal vez el DT más promisorio del fútbol chileno. Como ocurre tantas veces, ese equipo no tenía remedio. Ni Guardiola lo mejoraba.

Al que le dio frutos la receta del cambio de entrenador fue a Everton. Con Héctor Tapia en la banca, el cuadro viñamarino estaba último en la tabla, y lejos de los que le antecedían. Con Pablo “Vitamina” Sánchez a cargo, los viñamarinos dejaron de perder durante seis fechas y salieron del fondo. Los viñamarinos pudieron avanzar más, pero priorizaron la Copa Chile y perdieron dos partidos de resultado incierto con sus titulares.

Audax Italiano también cambió de técnico en plena competencia. El equipo de La Florida era colista cuando despidió a Jorge Pellicer. Con Hugo Vilches, otro entrenador promisorio, mejoró su juego pero sólo avanzó dos lugares.

Proporcionalmente, el peor equipo de la competencia fue Universidad de Chile, otro que cambió prematuramente a su director técnico. Con un plantel estelar y con Sebastián Beccacece al frente, los azules fueron un desastre. Con la dupla técnica formada por Víctor Castañeda y Luis Musrri les fue un poquito mejor: estaba en el décimo lugar y avanzó hasta el séptimo. Lo mejor, el triunfo sobre Unión Española después de ir 0-2. Pero cayó dando pena ante Colo Colo y no pudo contra el equipo B de Audax Italiano. Y, así, La U se quedó esperando otra manito de los albos para ir a la Copa Sudamericana.