Barrabrava con micrófono: cuando se cruza la línea

A propósito de Manuel de Tezanos, que relatores, periodistas y comentaristas deportivos tengan su corazoncito no es condenable per se. Sí que confundan tanto los planos que a algunos les llore una vuvuzela. En esta columna separamos la paja del trigo.

Por ELE EME / Foto @manueldtp

¿Ubica a Manuel de Tezanos Pinto, verdad? El dato duro rosa es que es el ex de Fran García-Huidobro, la “dama de hierro” de la extinta farándula local. Saque el mate o el tejido si quiere (Chile cambió). Le cuento que a los días de terminar con ella ya estaba jurándole a otra amor eterno. Sospechoso por decir lo menos.

En lo que a nosotros nos ocupa, el deporte, Manuel es “Manoel”. Vivió mucho tiempo en Argentina y quizás por eso se le pegó el sonsonete rioplatense, pero como este muchacho es muy creativo, inventó una vertiente del acento trasandino, que consiste en hablar como los che, pero cambiando las vocales. Por ejemplo, él no dice “¡muy bien!”, sino “¡moi biá!”. Y la palabra “balón” nunca-pero-nunca la pronuncia como corresponde. Es una mezcla entre “argentino”, francés y alguien que trata de comunicarse estando fuertemente sedado. Me cae bien.

Bueno, él hizo noticia la fecha que recién pasó al llenarse de críticas desde las diferentes redes sociales porque aparentemente se le notaba demasiado la camiseta cruzada al comentar los pormenores del lance de Católica contra Cobresal, cuyos tres puntos se llevaron los tricampeones vigentes en los descuentos.

Este episodio me trae a la mente la cantidad de “barrabrava con micrófono” que nos rodean, como androides infiltrados entre los hinchas comunes y corriente, tratando de no delatarse, aunque siempre terminen por hacerlo. Esto nos lleva al viejo mito de la objetividad. “Ay, es que tú no eres objetivo”. “Claro que no”, habría que responder a esa cantinela, agregando “soy humano, ¿puedo?”.

Cristián Arcos.

Igual no criminalizaría esa práctica. El bueno de Cristián Arcos siempre ha dicho que es de Curicó y todo bien. Y el recordado Manuel “Mañico” Román, que nos dejó el 2008 y que por años fue la voz que resumía cada fecha tras las transmisiones futboleras de radio Minería, entre canciones de Ángela Carrasco y Pablo Abraira. Disfrazaba tan bien su amor por Universidad de Chile que cuando repasaba la tabla de posiciones y los azules estaban muy abajo se burlaba de los chunchos diciendo “y la Uuuuuuuuu va décima”, con un tono lastimero que, cuando supe que era simpatizante de esos colores, comprendí que era genuino.

Vamos transparentando otros casos. Ya está bueno ya.

De Católica, además de De Tezanos, son Grace Lazcano (hay incendiarios tuiteos que lo prueban. Sigo gritando), Dante Poli, Ignacio Valenzuela, el gran Matías Alcántara y “Coke” Hevia, gusto que probablemente heredó de su padre, seleccionado nacional y de la franja de vóleibol.

Por Unión Española viven y mueren el simpar Marco Sotomayor, Fernando Solabarrieta, Álvaro Lara, Aldo Rómulo Schiappacasse (ahí quedaste, Audax), Benjamín Bonhomme (apellido goleador), Mauricio Israel (se acaban de perder tres lucas) y Víctor “Tigre” Cruces.

Por Colo Colo gozan y sufren cada fin de semana el notable Sergio Gilbert, Felipe Bianchi, Claudio Palma (aunque él hace cruz pa’l cielo jurando ser de Magallanes), Claudio “Bichi” Borghi, Francisco Sagredo, Álex Nilo y Esteban Abarzúa (ambos de LUN), el connotado Eduardo Bruna, Juan Cristóbal Guarello y Luis Urrutia O’Nell (“Chomsky”).

De la “U” son, a prueba de desmentidos, Daniel Pérez, Cristián Caamaño, Rodrigo Sepúlveda, el maestro de maestros Julio Salviat y Gonzalo Fouillioux, pese a que su ilustre padre se identificó a fuego con Católica.

A Pedro Carcuro y Hugo Marcone les late el corazón más rápido por Audax. La sangre tira.

De Cobresal es Gustavo Huerta, hijo del Alex Ferguson chileno, su homónimo padre (si no ha dirigido 27 años a los mineros como lo hizo el inglés con el Manchester United, su bien turro de temporadas debe llevar a su haber al frente de ese equipo).

Gustavo Huerta con su hijo, el periodista Gustavo Huerta.

Como le digo, no es para condenarlos que estos comentaristas tengan sus preferencias y máxime si a algunos ni se les nota. Lo que ruboriza un poquito es cuando no son capaces de separar los planos y controlarse en pantalla, el locutorio o frente al computador. Cierro con dos casos que ejemplifican estas soltadas de cadena.

25 de abril. TNT Sports Chile (ex CDF) transmite el superclásico chileno. Los equipos vuelven a la cancha del Monumental tras el entretiempo. Claudio Borghi, ex jugador y entrenador multicampeón de los albos, se despacha esta joyita: “yo creo que la ‘U’ le ha ganado el mediocampo a Colo Colo y eso es preocupante”. A veces creo que “Bichi” está convencido que no está al aire…

Claudio Borghi.

La última. Quienes sintonizamos Canal 13 pasada la medianoche de ese sábado 14 de junio de 2019 (ya domingo 15) para ver al crédito boxeril Julio “El ingeniero” Álamos en el Gran Arena Monticello fuimos testigos privilegiados de otra desubicación mayúscula. 

Uno de los comentaristas reclutados para la jornada fue Carlos “Cruz” Cruzat. Sí, nada menos que el chileno que alguna vez fue campeón mundial de peso crucero. El semifondo lo protagonizaron dos peso pluma: el argentino Gonzalo Garay y el connacional Luis “La joya” Cruzat. No era alcance de nombre. Se trataba del sobrino regalón de Carlitos.

Iba 1 minuto y 9 segundos del segundo round y lo que era un desempeño equilibrado y mesurado del ex campeón, ahora comentarista televisivo debutante, se fue a las pailas. Ante una embestida de su familiar que sería decisiva para quedarse con el combate, empezó, micrófono en mano, a gritarle: “¡eso! ¡Ahí! ¡Lo sintió!, ¡lo sintió!, ¡lo sintió! ¡¡¡Vamos Junior!!!”. 

Adivinó: no lo invitaron más.

Carlos Cruzat y su breve paso en el comentario deportivo.