Beccacece atribulado, Salas tranquilo, Guede optimista

Es cierto, el comienzo del torneo fue ingrato para los tres grandes –algo menos para Universidad Católica-, pero la desazón no afligió a unos igual que a otros. Es que el peso de la mochila es distinto y las reservas en la cuenta corriente también. Hay tropiezos y tropiezos.

La conclusión general de esta primera fecha es la certeza de que será difícil hacer apuestas a ojos cerrados y que Universidad Católica, Colo Colo y Universidad de Chile deberán mejorar sus rendimientos si quieren sostener la meta común de llevarse el título al cabo de estas escasas 15 fechas que durará el campeonato.

Pero yendo a lo particular, indudablemente el gran damnificado es Universidad de Chile. Porque el desastre de Playa Ancha sorprende a toda la institución, incluida su hinchada, en un estado frenético por demostrar cuánto antes que son capaces de escalar el barranco al que cayeron durante el torneo pasado.

Y el corolario del debut azul es que de no mediar la ayuda de la diosa fortuna el riesgo de un dejá vu ahora sí que fatal está a la vuelta de la esquina.

Es que lo de la U en Valparaíso fue un calco del primer semestre. Con otros intérpretes –los llamados “beccalácticos”- pero la misma confusión, atolondramiento y empuje ciego que los convirtió en el epítome de la impotencia.

No se vio a la orquesta azul más afinada y coordinada que en el primer intento de Beccacece, y la hinchada (y posiblemente la dirigencia), ya se preguntan si la llegada de 11 refuerzos, varios de primer nivel, y del “profe” Bonini, servirán de algo. Las redes sociales estallaron con las críticas e insultos a Beccacece. Al menos en la supuestamente incondicional barra bullanguera la paciencia se acabó. En el mismo estadio resonaron las pifias para el DT y el equipo. En esto, al menos, Heller habrá respirado tranquilo: quinientas entradas nada más recibieron los azules, que si no, la rechifla habría sido inolvidable.

Lo peor es que en la rueda de prensa Beccacece apeló a los mismos lugares comunes de los últimos meses. Ningún concepto táctico, ningún razonamiento distinto y esclarecedor que sea promesa de un cambio para mejor. Ya está dicho: o los azules empiezan a meterla a punta de empuje y suerte o el destino del ex ayudante de Sampaoli estará sellado. Y tal vez antes de la tan manida “evaluación al final del torneo” con la que el melenudo trata de ganar tiempo desde que se le ocurrió dárselas de entrenador.

Lo de Universidad Católica fue frustrante, pero no desdoroso. Claro, solo arrancó un empate de local ante el débil Cobresal, sin embargo aun jugando buena parte del cotejo con un hombre menos por expulsión de David Llanos, se las arregló para mantener el control del partido.

Más que su rendimiento, las dudas que genera el cuadro estudiantil es si será capaz de sostener un nivel parejo en el torneo local y en la Copa Sudamericana, sobre todo si en esta última comienza a superar etapas. La ambición de Salas y los suyos es no flaquear en ninguno de los dos frentes, algo que históricamente le ha costado a los equipos chilenos. Un punto a favor es la corroboración de que Kalinski será un genuino refuerzo y que la velocidad y potencia de Noir pueden disimular la partida de Jeisson Vargas.

En el Monumental hubo comprensión. De los 30 mil hinchas que casi repletaron el estadio y hasta de la prensa, que tanto en sus comentarios como en las preguntas a Pablo Guede mostró benevolencia y hasta aprobación por la nueva propuesta popular.

Difícil hubiese sido esperar otra cosa. Los albos se desplegaron como nunca lo consiguieron con el “Coto” Sierra. Machacaron a un ritmo superior y con una fluidez satisfactoria para haber cumplido apenas dos semanas de ensayos.

Ni siquiera puede reprochárseles groseras debilidades defensivas. Los goles más bien hay que atribuírselos a un débil Paulo Garcés, que pese a sus condiciones sigue empecinado en demostrar que la titularidad debe ser de Justo Villar.

Lo que sí repitió el Cacique respecto de la era de Sierra fue su débil definición. Fueron siete al menos las ocasiones de gol marradas. Y eso es grave. Una escuadra tan ofensiva como pretende ser esta debe tener poder de fuego. Este tipo de equipos, cuando llegan ser grandes de verdad, pueden soportar que le anoten una o dos veces por partido porque convertirán tres o cuatro. Cuando se queda en el intento ocurre lo de hoy. En la era Borghi la inicial debilidad defensiva se solucionó con la contratación de «Kalule» Meléndez. ¿Tendrá igual sabiduría Guede para darle más apoyo a Zaldivia, Barroso y Pavez?

Al cabo de la fecha, son equipos menores y muchísimo más baratos los que empezaron punteando. Algunos, como Iquique, Huachipato y O’Higgins, con propiedad. Otros, como Universidad de Concepción y Deportes Temuco, con mucho sudor. Y finalmente los que, como Wanderers y Unión Española, tuvieron meritorios comienzos encerrándose en su terreno, sabiéndose incapaces de enfrentar de igual a igual a los grandes, pero confiados en que sus cerrojos serán durante un buen tiempo más un escollo insalvable para los favoritos, que meten miedo pero todavía no aprenden a matar.