Beijing y otras ciudades chinas ponen fin a las pruebas de covid-19 en el transporte público

Las autoridades anunciaron una nueva flexibilización de las restricciones contra la pandemia, que incluye a la capital y a las principales ciudades.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: TWITTER

Las autoridades chinas anunciaron una nueva flexibilización de las restricciones contra el covid-19, pues en las principales ciudades, como Shenzhen y Beijing, ya no se exigen pruebas negativas para tomar el transporte público.

La ligera relajación de los requisitos de las pruebas se produce incluso cuando las infecciones diarias por el virus alcanzan cifras casi récord, y se produce después de protestas del fin de semana en todo el país por parte de los residentes frustrados por la rígida aplicación de las restricciones antivirus que ahora entran en su cuarto año, incluso cuando el resto del mundo se ha abierto.

El centro tecnológico de Shenzhen, en el sur del país, dijo que los viajeros ya no necesitan mostrar un resultado negativo en la prueba del covid-19 para utilizar el transporte público o al entrar en farmacias, parques y atracciones turísticas.

En tanto, la capital, Beijing, informó ya el viernes de que a partir de este lunes tampoco será necesario presentar un resultado negativo para utilizar el transporte público. Sin embargo, se sigue exigiendo un resultado negativo obtenido en las últimas 48 horas para entrar en centros comerciales, que han ido reabriendo paulatinamente con muchos restaurantes y locales que ofrecen servicios de comida para llevar.

Este requisito ha provocado las quejas de algunos residentes de Beijing, ya que, aunque la ciudad ha cerrado muchos puestos de control, la mayoría de los locales públicos siguen exigiendo la prueba de covid-19.

Mientras el resto del mundo ha aprendido a convivir con el virus, China sigue siendo el único país importante que sigue manteniendo una estrategia de “covid cero”. Esta política, que ha estado en vigor desde el comienzo de la pandemia, ha provocado cierres repentinos y pruebas masivas en todo el país.

A pesar de la flexibilización de las medidas, las autoridades afirmaron que la estrategia de “cero covid” sigue vigente.

Así también, China sigue imponiendo la cuarentena obligatoria a los viajeros que llegan al país, a pesar de que las cifras de infección son bajas en comparación con sus 1.400 millones de habitantes.

Las recientes manifestaciones, las mayores y más extendidas en décadas, estallaron el 25 de noviembre tras el incendio de un edificio de apartamentos en la ciudad noroccidental de Urumqi, en el que murieron al menos 10 personas.

Eso desencadenó airadas preguntas en internet sobre si los bomberos o las víctimas que intentaban escapar estaban bloqueados por puertas cerradas con llave u otros controles antivirus. Las autoridades lo negaron, pero las muertes se convirtieron en un foco de frustración pública.

En el país se produjeron varios días de protestas en ciudades como Shanghai y Beijing, en las que los manifestantes exigían una flexibilización de los controles del covid-19. Algunos exigieron la dimisión del presidente chino Xi Jinping, una extraordinaria muestra de disidencia pública en una sociedad sobre la que el Partido Comunista en el poder ejerce un control casi total.