Bicampeón bipolar: tras la alegría de la Roja, la depresión de un torneo sin hinchas

Luego de la gloria sudamericana, el fútbol chileno debe ir al rescate del público para los estadios del campeonato local, y la ANFP asumir su dilema de privilegiar a los abonados al CDF o generar las condiciones para la vuelta de los aficionados.

El viernes despega la Copa Chile y, en rigor, se abre la temporada 2016-2017 del fútbol nacional luego de un mes y medio de competiciones internacionales que convocaron, en distintos continentes, a las mejores selecciones de Europa y América. Más allá de los “fuegos artificiales” que entornaron ambos acontecimientos deportivos y la danza de millones de dólares que rodean a la industria permanece en el balance el recuerdo de partidos y figuras memorables, donde –esta vez- la Roja no fue sólo una comparsa de carnaval.

Defenestrados Brasil y Uruguay, Chile y Argentina su dieron brillo a una Copa América que quedó marcada por el bicampeonato del equipo de Vidal y Alexis y la lamentable “abdicación” de Lionel Messi. En cambio, con un Ronaldo relampagueante, la Eurocopa no tuvo astros deslumbrantes ni más situaciones impensadas que la violencia inusitada de los hinchas rusos en las calles de Marsella antes de la eliminación de su escuadra.

En tiempos de hegemonía radial y grandes relatores como Raúl Prado, Carlos González Márquez, Hans Marwitz y Darío Verdugo –entre tantos otros que, entonces, no apelaban a la estridencia ni la fraseología ramplona para cautivar audiencia-, Julio Martínez acuñó incontables frases que con el tiempo devinieron en lugares comunes: una de ellas, “y ahora, a lo nuestro”.

Después de la fiesta, el regreso a la rutina. Tras lo excepcional, lo habitual. Luego de la cena de gala, al plato cotidiano.

Y al cabo de tantas emociones multidimensionales, la Copa Chile asoma con cierta timidez, casi con vergüenza, dispuesta a resetear la actividad en un medio plagado de contradicciones.

A despecho de las glorias de la Roja y los casi 30 millones de dólares que recibirá la Federación de Fútbol –gran parte de los cuales corresponden a los premios de los jugadores-, parece previsible que el torneo doméstico sufra un regreso con estadios vacíos y lejano a las vibraciones que genera la Selección.

En una etapa de refundación admnistrativa a causa del desfalco cometido por Jadue y su grupo, la ANFP deberá abordar un añejo dilema que pone en juego sus verdaderos intereses. Como administrador del Canal del Fútbol, el organismo que preside Arturo Salah debe sopesar sus prioridades en la balanza: si quiere al público como hincha del fútbol en los estadios o si lo mantiene en su letargo de cliente-consumidor abonado a la señal televisiva.

Hasta hoy, el crecimiento insospechado del CDF transformó al viejo hincha del tablón –en fin, de la butaca- en un cliente sometido y entregado a un servicio por cable. Socios de la misma empresa, algunos clubes alentaron las barras-bravas y despreciaron al público familiar al no entregarle las comodidades y seguridad que correspondía. En esa transformación de los últimos 13 años, en la lógica comercial el abonado le ganó al hincha. Y mientras más lejos estaba el aficionado de los estadios, la ganancia redituaba más y no se gastaban recursos en implementación o seguridad en los recintos deportivos.

Recuperar al hincha o “sepultarlo” para siempre en la desidia parece representar el próximo reto insoslayable de la dirigencia, aún orgullosa por esos dos títulos sucesivos de la Roja que –hace trece años- también suponían una misión imposible…