Blanco y Negro lucra con la desgracia de Colo Colo

Los cerebros de la concesionaria que lidera Aníbal Mosa pusieron a la venta una infamante polera para recordar la quiebra alba, de 2002. ¿La gente todavía no se entera que al “Cacique” y a la U los quebraron fraudulentamente para implantar el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas y crear el Canal del Fútbol, el negocio más millonario de la historia del deporte chileno?


Pasadas ya unas horas de que la usurpadora Blanco y Negro presentara para la venta una polera de “Campeón en la quiebra”, con Luis Mena y Marcelo Espina como sonrientes modelos, todavía no sé si se trata de una broma de mal gusto o un producto más del marketing con el que las Sociedades Anónimas Deportivas, que tienen por el suelo al fútbol chileno desde su tramposa implantación, buscan sacar plata de donde sea y recurriendo a cualquier cosa, incluso las bajezas.

Porque entiendo que en esto, y como es por lo demás lógico, nada tuvo que ver el Club Deportivo y Social Colo Colo. Primero, porque se sabe que no son muchos los recursos con que cuenta. Segundo, y esto es lo más importante, porque sería una monumental paradoja que ese mismo club que en 2002 fue víctima de uno de los mayores robos a nivel deportivo en toda la historia de este país, estuviera intentando lucrar con su propia desgracia.

Claramente, esto es fruto del directorio que preside Aníbal Mosa y su corte de ingeniosos audaces que, por ignorancia o simple frescura, pretenden allegar recursos a la concesionaria mediante la venta de la infamante polerita entre la gilada que todavía cree que la quiebra del “Cacique” fue desde todo punto de vista legal y derecha.

A través de su red social Instagram se ofrece a la venta la polera con la siguiente descripción: «¡Campeón en la quiebra! Sin plata en los bolsillos, pero con el corazón lleno de amor por la camiseta. Un equipo forjado en el Monumental con talento de casa y un par de caciques adoptados”.

Referencia clara al título conseguido ese año 2002 con un par de fogueados (los “caciques adoptados”), Marcelo Espina y Francisco Huaiquipán, a los que se sumaron un Marcelo Barticciotto dispuesto a morir con las botas puestas por ese club que se le había metido en el corazón, y un grupo de jugadores efectivamente surgidos de la cantera del Monumental, y entre los cuales se contaban Claudio Bravo, Miguel Riffo, Rodolfo Madrid, Braulio Leal, Sebastián González, Manuel Neira e Ignacio Quinteros, entre varios otros.

Fue Jaime Pizarro, ex capitán e histórico ganador de la Copa Libertadores de 1991, el director técnico de ese equipo de muchachos que, contra todo pronóstico, venció en la final a Universidad Católica, en el Estadio Nacional.

Sólo que recordar este título, y los jugadores que lo consiguieron, ya debería darle vergüenza a Blanco y Negro. Porque, efectivamente, y siendo una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro, Colo Colo fue capaz de armar un equipo competitivo con jugadores surgidos de su serie juvenil, cuando lo que entraba a las arcas del club se reinvertía, entre otras cosas, en sus series menores y no existía una legión de ávidos accionistas esperando cobrar su dividendo.

Y ojo, que esa fue sólo una primera camada. Porque después se sumaron el “Mati” Fernández, el “Mago” Valdivia y Arturo Vidal. Jugadores cuya venta, dicho sea de paso, significó a los sinvergüenzas de Blanco y Negro allegar recursos por más de 40 millones de dólares sin haber invertido ellos un miserable peso en su formación.

A propósito de esa cantera de la que ahora Blanco y Negro hace ostentación para vender esta infamante polera, ¿cuántos jugadores ya no digo de nivel internacional, sino para el pobre nivel casero, han podido producir ustedes, en estos ya catorce años de usurpación del club? Cero. Ninguno. Lo poco que han podido mostrar no han dado la talla ni siquiera en un campeonato local que debe ser el de peor nivel de toda Sudamérica.

¿Recordar, además, una quiebra absolutamente fraudulenta, ilegal y tramposa?

La pertinacia de estos sinvergüenzas nos obliga a ser majaderos. A recordarle a la gallada del fútbol, una y otra vez, que tanto Colo Colo como a la U los quebraron mañosamente, porque había que implantar por las buenas o por las malas un sistema de Sociedades Anónimas Deportivas que han resultado absolutamente corruptas y nefastas desde el punto de vista deportivo, como la mayoría de las cosas de este país de morondanga que nos han legado derechistas y concertacionistas y que hoy se cae a pedazos.

Tras esta “cruzada” privatizadora del fútbol, una de las pocas actividades que moviendo dinero no había caído en las voraces fauces de los poderosos, estuvo Ricardo Lagos, el mejor presidente que ha tenido la derecha en los últimos cien años, Heraldo Moreno, hoy con tiritón de pera por el movimiento del pueblo y, por supuesto, nuestro inepto pero ultra frescolín Presidente Piñera, que en cuanto olió plata, influencias y poder, se dedicó son singular entusiasmo a trabajar -junto con otros aprovechados- en el “marco legal” para echar a andar este mamarracho que hoy sufrimos los aficionados.

Lo decimos una vez más, con toda la majadería que en estos casos es imprescindible: legalmente, ni Colo Colo ni la U podían quebrar, por tratarse de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro. Si eran insolventes, desaparecían, pero no quebraban.

Pero he aquí que, al menor asomo de pataleo de la dirigencia de ambos clubes por ese abuso descomunal, surgió presto el Servicio de Impuestos Internos. Sí, ese mismo servicio que a usted lo aprieta por 10 lucas pero que en cambio les condona deudas millonarias como si nada a los ricachones de este país.

Ese mismo servicio, buenazo para apretar atorrantes, desconoció el DL N° 1, dictado en las postrimerías del gobierno de Eduardo Frei Montalva, es decir, en 1969. ¿Y qué estipulaba ese cuerpo legal? Que los futbolistas profesionales, por tener una carrera muy corta en relación a otras profesiones u oficios, sólo estaban obligados a tributar del dinero que recibían por concepto de sueldos, pero no por lo que recibieran por concepto de primas y premios.

Cuando el SII hizo este tamaño descubrimiento, es decir, que Frei Montalva y sus decretos y leyes valían callampa, la mayor parte de esa supuesta deuda de los clubes ya había expirado. Sin embargo, aplicando nada más que los últimos cinco años, de la noche a la mañana los clubes nacionales se hicieron de una deuda tan gigantesca como impagable.

Algo así como 10 mil millones de pesos de la época.

¿Y quiénes eran las más endeudados, por tener siempre planteles más caros? ¡Adivinaron…! La U y Colo Colo.

Pero el SII, el gobierno del monarca Lagos I y el fútbol mismo fueron de lo más comprensivos: aquel club que se transformara en Sociedad Anónima Deportiva , iba a poder pagar en cómodas cuotas y a través de los años su inventada deuda. El que no, debía pagar al contado violento.

Un jaque mate perfecto para Peter Dragicevic y el doctor René Orozco.

Ya con ambos clubes tramposamente “quebrados”, y en manos de síndicos que se le pasaron de maravilla ganando buena plata y siendo más conocidos que nunca, pudo crearse el negocio mayor, la ollita de oro que buscaban los frescolines de todos los pelajes y raleas al final del arco iris: el Canal del Fútbol.

Negocito que el fútbol traspasó finalmente a la transnacional Turner, en una cifra que rondó los 1.300 millones de dólares, y mediante la cual cada club de los 32 que cobija la ANFP, recibió graciosamente 3,1 millones de la divisa verde.

El problema es que los clubes no han parado de llorar miserias. ¿Dónde se fue toda esa plata?

Por eso, que Blanco y Negro pretenda hacer un negocio más con la celada que en su momento vivió Colo Colo, resulta indignante. Ya va siendo hora que el pueblo futbolero se sume al movimiento ciudadano. No para matonear, “apretar” jugadores ni parar partidos.

Para recuperar ese fútbol que, como otras tantas cosas, los sinvergüenzas de este país también le robaron.