Gustavo Quinteroas

Blanco y Negro se fracturó aún más luego de que se propuso el nombre de Quinteros

Mientras el sector de Mosa jugó sus cartas a favor del ex técnico de Universidad Católica, los hombres de Leonidas Vial en el directorio de la Concesionaria no sólo tiraron el nombre del “Bichi” Borghi, sino que golpearon la mesa y hasta exigieron renuncias. Con ese panorama, Colo Colo no tiene para cuándo salir de la crisis que a todo nivel lo afecta.

Por EDUARDO BRUNA

A punto de quedar eliminado en Copa Libertadores, perdiendo la categoría incluso si el Campeonato Nacional terminara hoy, como medida desesperada la Concesionaria que desde 2005 usurpa a Colo Colo, en otras palabras, Blanco y Negro, tiene pensado contratar a Gustavo Quinteros para dar un golpe de timón e intentar sacar al “Cacique” de la verdadera pesadilla que está viviendo, con un equipo que no juega a nada y que peligrosamente se está acostumbrando a protagonizar papelones.

Quinteros, campeón con Universidad Católica el año pasado, director técnico en su momento de los seleccionados de Bolivia y Ecuador, posee ciertamente un currículo más que interesante. Sin embargo, mago no es, por lo que se supone que, conociendo al actual momento de su nuevo probable equipo, tendría que exigir por lo bajo la llegada de dos refuerzos de jerarquía de los tres permitidos para cuando se abra la ventana de hacer nuevas contrataciones. Aunque si los regentes quieren asegurarse, no serían ni unos bobos ni unos botarates si se proponen aprovechar la cuota máxima de tres.

El momento albo es demasiado dramático como para estar sacando cálculos de boliche pobre cuando es todo un “mall” el que se cae a pedazos. ¿No hay plata? Salgan a buscarla, zopencos inútiles. Agudicen el ingenio y hagan gestión, como en aquellos tiempos en que Colo Colo, sin un Canal del Fútbol que propició la molicie dirigencial, era capaz de sumar esfuerzos notables, como en su momento lo fueron el “Pato” Yáñez, el “Diablo” Etcheverry o el “Cabezón” Espina, hoy cuestionado gerente técnico albo. 

¿No pueden? Entonces jódanse, porque con los jugadores que tiene Colo Colo está condenado a seguir pasando vergüenzas y sufrir hasta fin de año, rogando porque los números no lo manden por primera vez en su historia a los “potreros”, como se decía antes que hubiera en este país gobiernos pelotudos que, por construirle bonitos estadios a privados, dejaron de erigir hospitales, escuelas y hasta cárceles para guardar a los patos malos que se han tomado las calles sin que ni por asomo se les acabe la fiesta.

Si una ventaja tiene Quinteros, aparte de su reconocida capacidad, es que conoce al dedillo el medio. Y como ya a comienzos de año hubo rumores que lo vincularon al “Cacique”, luego que el Fórmula 1 de Mario Salas demostró ser una “cacharra” y el técnico tuvo que cerrar la puerta por fuera, no hay que ser muy suspicaz para imaginar que el argentino-boliviano le ha seguido toda la campaña al equipo y sabe mejor que nadie las funciones que es necesario fortalecer o renovar.

Como ciertamente de fútbol algo entiende, Quinteros tiene más claro que nadie que, por ahora, la prioridad la tienen esos dos o tres jugadores que, a medias con Blanco y Negro, tendrán que conseguir para arreglar al menos en parte el panorama y seguir siendo, al menos, un club de Primera División. Pero también debe tener claro, de acuerdo a esa misma premisa, que a fines de campeonato la poda debe ser profunda y a fondo, sencillamente porque la mayoría de los jugadores del plantel albo no han dado el ancho con lo que significa jugar en Colo Colo.

Para decirlo claramente, le va a salir mucho más cómodo y más fácil confeccionar la lista de los que se pueden quedar, que hacer la nómina de los que se deben marchar.

Por mientras, como dice un huaso, llora una columna vertebral, es decir, un hombre por línea.

La lesión de Matías Zaldivia, de partida, obliga a traer cuanto antes un zaguero central. Un jugador que, aparte de ir bien arriba, marcar con eficacia y poseer velocidad, tenga claro que, recuperada la pelota, sus compañeros son los blancos y por lo tanto son ellos las alternativas de pase. Parece chiste o hasta ironía, pero no lo es. Basta apreciar lo fácil que Colo Colo la pierde cuando intenta salir jugando y al frente hay un equipo que marca y muerde.

Urgente es, además, un buen armador, porque quizás si esa sea la mayor carencia de un Colo Colo al que no le sobra nada. Más bien es todo lo contrario. A estas alturas tenemos claro que Leonardo Valencia puede ser un buen complemento, pero nunca quien maneje los hilos y se eche el equipo al hombro, como suelen decir aquellos comunicadores amigos del lenguaje figurado. En cuanto a Matías Fernández, a estas alturas también tenemos más que claro que, por más que se lo proponga, por más empeño que le ponga, sus rodillas y su físico ya no le dan.

Para terminar con esta “fashion emergency” imprescindible para un Colo Colo que se cae a pedazos, Quinteros debiera pensar en un delantero que, además de devolverla redondita cuando le tiran una pared, sea rápido, busquilla y, además, haga goles. Tarea nada de fácil, estamos de acuerdo, porque los goles valen mucha plata y comprarlos cuesta mucho dinero.

¿Blandi? Puede ser que la eventual llegada de Quinteros le de un segundo aire. Con Salas no anduvo y con Gualberto Jara ni siquiera ha mostrado muchas ganas de jugar y de justificar la millonada que gana. Si el muchacho se compromete y se pone las pilas, todavía puede resultar, aunque en ningún caso sería un despilfarro pensar igual en otro atacante. Uno que, sobre todo, desborde por las bandas, porque tanto Mouche como Bolados, tal vez contagiados por esta epidemia de pésimo fútbol que está jugando Colo Colo, están desbordando menos que el Mapocho.

Tal vez sea en ofensiva donde el “Cacique” se advierte más pobre. Porque no puede seguir esperándolo todo de Paredes, que con 40 años todavía hace mucho para la evidente pérdida de sus aptitudes físicas, por lo demás enteramente naturales y normales. Porque a la baja evidente en las producciones de Mouche y de Bolados se suman un Parraguez que, aunque suene duro decirlo, no es jugador para Colo Colo, y un peruano-uruguayo Costa que llega a ser irritante por su evidente falta de recursos de todo tipo.

¿Morales? El hasta hace poco juvenil es otro caso, que sirve para graficar la dramática producción de jugadores en las divisiones menores albas desde que están estos iluminados de Blanco y Negro. De partida, en quince años de haber usurpado Colo Colo a sus socios y a sus hinchas, no han sido capaces de producir ni un solo jugador de real nivel. Y Morales, fuerte y de buen físico, entre lesiones y pataletas no ha terminado nunca por explotar. Mucho menos de consolidarse. Hasta aquí, es menos que Ignacio Quinteros, Hëctor Tapia y Sebastián González, delanteros que se impusieron en el primer equipo, luego de que los poderes fácticos de este país le inventaron a Colo Colo una mañosa y fraudulenta quiebra.

El caso de Morales obliga, además, a hacer un punto con los jóvenes jugadores albos que, actuando por el primer equipo, tampoco han estado a la altura de las circunstancias. Nos referimos a Branco Provoste, Carlo Villanueva y Williams Alarcón. De ellos, Provoste es quien menos se puede quejar de falta de oportunidades, porque ya con Pablo Guede empezó a tener minutos. Y, sin embargo, cuando entra, por esta ridícula cláusula de que hay que tener un Sub 21 en cancha, es bien poco lo que demuestra. Como no quita, y tampoco juega mucho, jamás abandona la intrascendencia.

Con Villanueva y Alarcón sucede algo parecido. ¿No sería una medida sensata cederlos a préstamo a otro club para ver si, con menos exigencias, explotan de una vez por todas? Si ello sucede, podrían ser considerados. De lo contrario, significará que su destino futbolístico estará en cualquier parte, menos en Colo Colo.

Lo que está claro para todos es que Gualberto Jara, más allá de su buena voluntad, y hasta valentía, no se la pudo nomás. Y lo peor es que llegó a caer en un evidente desconcierto, a adoptar medidas desesperadas, cuando no derechamente absurdas. Fueron varias, pero basta con citar una: cuando en el encuentro frente a Peñarol, en Montevideo, ordenó a los 89 minutos dos cambios: sacó a Paredes y a Bolados para hacer ingresar a Parraguez y a un juvenil de apellido Espinoza. 

Buscándole la quinta pata al gato, el comentarista de la cadena Fox dijo que “seguramente es para preservar a ambos para el encuentro frente a Huachipato, por el campeonato local”. De acuerdo a ese criterio, ¿Paredes y Bolados iban a llegar físicamente más enteros al compromiso casero dejando de jugar ese minuto más descuentos? ¿Parraguez y el joven Espinoza ingresaron para intentar un vuelco? Como ninguna de las alternativas permite una respuesta lógica, sólo cabe pensar que Gualberto sólo estaba dando manotazos de ahogado en el estadio “Campeón del Siglo” de los “carboneros”.

Lo peor, y que ayuda a explicar la profunda crisis institucional de Blanco y Negro y el pésimo momento futbolístico de Colo Colo, pudo apreciarse con toda claridad ayer, luego que el directorio de la Concesionara se reuniera virtualmente para analizar la posible llegada de Quinteros a la banca popular.

No sólo no hubo acuerdo porque la facción opositora propuso como candidato al “Bichi” Borghi en lugar del boliviano-argentino, sino porque además hizo una serie de cuestionamientos al manejo administrativo de Mosa y hasta pidió renuncias en el caso de no ser enmendados siete puntos que ellos consideran inaceptables, y que van desde la crítica al pago de sueldo que recibe Harold Mayne-Nicholls en su cargo de vicepresidente, hasta la toma de decisiones financieras sin contar con el mínimo sustento económicos, entre otras.

Por lo que puede verse, la crisis alba seguirá escribiendo nuevos capítulos. Tanto en la cancha como en los pasillos del Monumental.