Oscar Bravo v/s Rubén Torres

Boxeo: la aventura de Óscar Bravo terminó tan mal como se esperaba

Enfrentando en California a una figurita emergente del boxeo estadounidense -Rubén Torres-, el peleador nacional cayó noqueado en el 6° asalto. Es lo que va a suceder siempre cuando se enfrenten un boxeador del “primer mundo” y otro proveniente de un medio agonizante por décadas, como el nuestro.

Por EDUARDO BRUNA

No había que ser un experto en boxeo para pensar que las posibilidades de Óscar Bravo, peleador surgido del Club México, eran limitadas, por no decir nulas, frente a Rubén Torres, peleador estadounidense de campaña tan breve como llamativa. Y lo ocurrido en el ring montado al aire libre en un centro comercial de la localidad californiana de Corona no hizo más que confirmar los sombríos cálculos: Bravo, superado durante gran parte del combate, cayó por toda la cuenta en el 6° round, con un nocáut que por cierto no admite mayores objeciones.

Es lo que va a pasar siempre que se enfrenten un peleador del primer mundo pugilístico con otro que, más allá de su profesionalismo y sus virtudes, proviene de un medio que, como el nacional, hace décadas dejó de ser competitivo.

Con esto queremos decir que no es culpa de Óscar Bravo. La culpa es de un medio que hace tiempo viene cuesta abajo en la rodada, que muestra escasa o nula actividad y que el año pasado, para colmo de males, ni siquiera pudo llevar a efecto el Campeonato Nacional Amateur.

Si no hay boxeadores no puede haber competencia. Y los pocos que surgen pueden tener éxito frente a rivales de un nivel tan pobre como el nuestro o provenientes de un medio superior, como el argentino, pero sólo cuando son escogidos con pinzas por los promotores de combates.

Internacionalmente hablando, y aunque suene triste decirlo, no podemos aspirar a nada. No cuando los boxeadores nacionales en actividad se cuentan con los dedos de las manos y el ranking de púgiles profesionales que mantiene la Federación Chilena de Boxeo da para llorar a gritos. Simplemente porque, mientras hay categorías que sólo consignan a tres o cuatro, hay otras en que simplemente no existe nadie. Pero de verdad nadie. Así de triste.

Para el estadounidense Rubén Torres la pelea fue, como se suponía, de mero trámite. Con una hoja inmaculada de doce combates, todos ganados, y diez de ellos antes del límite, no se veía por dónde Bravo podría hacer peligrar su invicto.

Lo ocurrido en tierras californianas ahorra mayores comentarios. Bravo, que con su metro 70 de estatura daba además una apreciable ventaja en lo que a alcance respecta (Torres mide 1.80 metro), nunca pudo ser un rival de riesgo, simplemente porque no podía serlo, y seguramente que eso el equipo que maneja al estadounidense lo sabía.

El KO obliga a Bravo a un obligado receso, de acuerdo a las normas que rigen el boxeo en Estados Unidos. Cuando vuelva, en la medida que al frente tenga otro adversario de quilates, va a seguir sumando contrastes, aunque obteniendo bolsas que en el país no podría conseguir ni de broma.

Su disyuntiva es, pues, para nada halagadora. Si decide seguir combatiendo en tierras estadounidenses, va a estar cambiando en cada pelea su salud por un puñado de dólares.