Boxeo: Velásquez, tras un peldaño más en procura de su gran sueño

Perdió por la corona del mundo de peso supergallo de la AMB y de la FIB ante el invicto uzbeko Murodjon Akhamadaliev, debiendo afrontar la pelea en las peores condiciones. Volvió en mayo de este año, noqueando en el ring del Casino Monticello, y ahora se prepara para combatir este mes en Bolivia por una corona que, de ganar, lo ubicaría entre los 15 mejores del ranking mundial de la OMB (Organización Mundial de Boxeo).

 

José Luis Velásquez, el más mexicano de los boxeadores chilenos, conocido en su natal Chiloé como el “Pancora” Velásquez, no se echó a morir tras perder por puntos, en noviembre del año pasado, su opción por la corona mundial de peso supergallo frente al uzbeko Murodjon Akhamadaliev. Con esa fe que lo distingue, y que nunca lo ha abandonado, por estos días se prepara en Indio, California, con miras a un combate que él toma como un escalón más para tener una nueva oportunidad.

Tras su contraste ante el uzbeko, por decisión de las tarjetas y sin haber ido jamás a visitar la lona, como apuntaban los pronósticos, Velásquez reapareció en mayo pasado en el ring del Casino Monticello, venciendo mediante un contundente nocaut a Ronald Ramos. Y ahora se prepara para enfrentar, a fines de este mes, al boliviano Ramón Averanga, por el título latino de los supergallos de la Organización Mundial de Boxeo, OMB, en El Alto, Bolivia.

Cuenta el “Pancora” Velásquez:

“En mi reaparición, tras caer por el título mundial tuve cambio de rival a último momento. La idea era pelear con un campeón colombiano, pero algo pasó que finalmente reaparecí ante Ramos. Por suerte salió todo bien. Le metí una buena mano y no se paró más”.

-¿Sigues pensando que no fue un error de tu parte afrontar esa pelea de título del mundo cuando para el combate en Manchester, New Hampshire, quedaban menos de diez días? Ni siquiera te estabas preparando para un combate de esa envergadura.

“Es cierto que el ofrecimiento de viajar urgente a Estados Unidos me pilló de sorpresa. Y claramente no me había entrenado para una pelea como esa. Pero en la vida las oportunidades suelen darse una sola vez y yo ni loco iba a rechazarla. Ni siquiera me preocupó saber que el uzbeko estaba invicto, ni que iba a pelear en supergallo, siendo yo de una categoría inferior. La afronté nomás y, aunque me ganó, le di guerra hasta el final”.

-¿Te dijo algo el campeón aquella noche? ¿Alguien de su equipo se acercó para felicitarte por la pelea que hiciste?

“No, aquella noche no. De Akhamadaliev me despedí rápidamente y me bajé de inmediato del ring. Había perdido y ellos eran los dueños de esa fiesta. Pero ahora, entrenando en Indio, que está como a tres horas de Los Angeles, California, me topé en el gimnasio con el equipo del campeón. Fueron reconfortantes los elogios que me prodigaron. Me dijeron que ellos seguían sin explicarse cómo yo le había aguantado en pie a esa bestia. Y la verdad es que, salvo una mano que me metió en el hígado, que nunca antes había sentido con tal violencia y precisión, el resto de la pelea no pasé grandes zozobras. El golpeaba y se iba, aprovechando su velocidad y alcance. Y costaba cazarlo, porque el tipo era muy hábil y escurridizo”.

-¿Cuál es la razón de prepararse en Indio para una pelea que tendrá lugar en la altura? Porque debes saber que El Alto es el sector donde está el aeropuerto, y desde allí se baja hacia La Paz.

“Lo que pasa es que ni en Chile ni en Bolivia iba a tener la oportunidad de prepararme como a mí me gusta, es decir, con buenos “sparrings”, que a uno le presenten problemas y lo exijan al máximo. Acá hay campeones del mundo, ranqueados mundiales y muchachos buenísimos, deseosos de abrirse paso. Empecé haciendo seis rounds, para luego subir a ocho y finalmente a diez”.

-Pero debes tener claro que en Bolivia la altura puede jugarte una mala pasada.

“Lo tengo clarísimo. Por eso, la idea es un par de semanas antes viajar a Chile y de allí subir a Putre. Tengo todo arreglado con la alcaldesa, Maricel Gutiérrez Castro, y con las organizaciones deportivas para concluir allí mi preparación. A La Paz sólo llegaría un par de días antes del combate por este título latinoamericano que, de ganar, me dejaría entre los 15 primeros del ranking mundial de la Organización Mundial de Boxeo (OMB)”.

-Tú ya combatiste una vez con Ramón Alvarenga…

“Sí, pero de esto ya ha pasado mucho tiempo.  Recuerdo que, por una lesión a lo que se llama el “manguito rotador” del hombro, estuve como seis o siete meses inactivo. Y cuando reaparecí lo hice precisamente frente a este boliviano”.

-¿Recuerdas algo de esa pelea?

“No es por agrandarme ni nada de eso, pero recuerdo que, como  no había peleado en meses, quise hacerla durar, para ver cómo me sentía. Pasó que, viéndolo sentido, no ataqué como debía haberlo hecho para cerrar el combate de una buena vez. Y fue un error, porque Alvarenga era durísimo y después incluso me dio harta lucha. Por suerte, finalmente gané. Esa experiencia no podría repetirla. En la altura boliviana, si lo veo sentido me le voy a ir con todo encima”.

-Me imagino que sigues añorando una buena oportunidad por un título mundial. Pero ahora en peso gallo y con el tiempo suficiente para prepararte en forma ante un combate de tanta trascendencia.

“Acá en Estados Unidos firmé contrato con una empresa que va a representarme de aquí en más. Con ellos apoyándome va a ser mucho más fácil tener una nueva oportunidad. Porque tuve mala suerte también: cuando estaba lista la pelea ante el filipino Reymart Gaballo, número uno del ranking, eliminatoria para un título del mundo, se enfermó de Covid el retador de la pelea estelar y lo reemplazaron con Gaballo, dejándome a mí sin rival y sin pelear. Perdí harta plata, porque ni siquiera me indemnizaron por todo lo que tuve que gastar en hotel y alimentación. En ese momento me manejaba solo. De haber tenido una empresa detrás, como ahora, todo habría sido muy distinto”.

-Por lo que ve, sigues teniéndote mucha fe.

“Es que si yo no creyera en mí, ¿entonces quién? Antes de enfrentar al uzbeko Akhmadaliev me llevaron “de punto”, como se dice en la jerga del boxeo, a tres peleas en que yo iba de acuerdo a todos los pronósticos como víctima. Sin embargo, se llevaron la gran sorpresa. La primera vez, le gané por nocaut a  Antonio Paulo Soares, que estaba invicto y era la figurita emergente del boxeo brasileño. Si me ganaba el título latino, entraba al ranking mundial. Los paulistas no podían salir de su asombro cuando lo puse en la lona. Después otra vez fui de víctima a Miami, para pelear con el nicaragüense Melvin López, ranqueado mundial e invicto en 24 peleas, 19 de ella ganadas por fuera de combate. También lo tiré y no se paró más. La última fue en Carolina del Norte, ante el mexicano Ariel “Kuman” López, invicto en 16 peleas. Mi triunfo fue tan claro, que a pesar de que el mexicano era ídolo local, las tres tarjetas me favorecieron. Quiero decir que a mí me podrán ganar, pero que a ninguno le va a resultar fácil vencerme. Por ir tras mi sueño estoy dispuesto a cualquier sacrificio, como prepararme fuera de Chile y durante todo ese tiempo no poder ver siquiera a mi mujer y a mi hijo”.