Brandon Cortés, o cómo la “Operación Retorno” funciona a media máquina

El mediapunta de Boca Juniors se cansó esperando un llamado desde Chile y acabó siendo parte de la selección argentina Sub 18 que desde este domingo jugará el torneo de L’Alcudia. Como él, abundan los frustrados casos de promesas de sangre chilena convocados para las rojas menores que, en disparidad de condiciones con sus compañeros “nativos”, suelen ser devueltos prontamente a sus países de origen.

El último fue un chico nacido en Bélgica, de padre marroquí y madre chilena. Del Anderlecht, por añadidura.

Convocado en febrero por Hernán Caputto, poco tiempo antes de que la Roja Sub 17 viajara a Lima a ganarse un cupo para el Mundial de Brasil, el volante Nayel Mehssatou Sepúlveda entrenó unos pocos días Quilín, hizo banca en un cuadrangular ante Paraguay y Japón y luego se devolvió a su país, donde ya ha defendido a los “diablos rojos” en la categoría Sub 15.

Como él, en los años recientes se repiten los ejemplos de adolescentes de sangre chilena nacidos en el exterior que han pasado circunstancialmente por las selecciones nacionales Sub 15, Sub 17 y Sub 20, sin que hayan dejado más que fotos y biografías utilizados por los medios de comunicación para hacer crónicas llamativas sobre un nuevo “hallazgo” para el fútbol chileno que rápidamente termina convertido en otro eslabón perdido.

Por eso la convocatoria de Brandon Cortés, el mediapunta de Boca Juniors e hijo de padres chilenos, a la selección argentina que disputará el Torneo de L’Alcudia, despertó tardías e inútiles alarmas en el medio nacional.

El chico, que a sus 18 años ya es parte del plantel adulto boquense, estuvo a fines de 2016 en la primera Sub 17 que Caputto clasificó a un mundial. Tal como Mehssatou, no pasó de unos días de trotar y “hacer fútbol”, y prontamente cruzó la cordillera de vuelta. Ese episodio no se ha aclarado más que con una vaguísima apelación a los consabidos “problemas administrativos”. Tampoco está claro por qué no lo consideró un año después Héctor Robles para su fracasada Sub 20 del reciente verano. Y eso que Cortés repitió una y otra vez sus deseos de jugar por Chile, declararse hincha de Colo Colo y estar al tanto de nuestro fútbol.

Pero ahora, con claras posibilidades de seguir escalando en el club xeneize y de progresar en las selecciones menores trasandinas, es muy difícil que Cortés vuelva a presentarse en Quilín, aunque el reglamento de la FIFA lo permita.

Ni él ni Mehssatou escapan a esta ya descrita regla. Como si la irrupción de los hermanos Robledo en las selecciones de los años 50 del siglo pasado hubiese sido casi debut y despedida.

Es que el aporte de los oriundos al equipo de todos tuvo un inicio a todo dar con Jorge y Ted  Robledo, una reanudación esperanzadora en los años 90, con la convocatoria de hijos de familias que retornaban a Chile -Dion Valle, Jaime Lopestri y Marcelo Peña, los más recordados- y una paulatina declinación en esta última década, justo cuando la apertura del país hacia la globalización suponía que el aporte de ese tipo de jugadores a las nuevas rojas sería pródigo y constante.

Algo hay -y eso debería analizarlo ya la ANFP y sus unidades técnicas que mantienen un sistema de monitoreo permanente- que impide que prometedores adolescentes que destacan en sus países de nacimiento se apropien de una camiseta roja.

Porque a nivel adulto la cosa es distinta. Luego de la obsesión de Sampaoli por buscar talentos para la Roja adulta, aparecieron varios que terminaron siendo aporte. Pedro Pablo Hernández y Gabriel Arias, los últimos, y un poco antes Miiko Albornoz. Posiblemente su mayor madurez futbolística –y no solo su calidad innata- influyó en un final feliz. Aun así, pareciera que el conocimiento del medio –como les pasó a Hernández y Arias- ayudó a una mejor aclimatación al camarín nacional.

Falencias e iniciativas desaprovechadas

Claro, ni su inmadurez personal y futbolística, a las que se suman a veces a la incomunicación idiomática y brechas culturales, facilitan el aterrizaje de las jóvenes promesas que desean vestir la camiseta roja que emociona a sus padres.

Tampoco ayuda la falta de un soporte estructural adecuado que permita a estos muchachos una permanencia adecuada para mostrar sus condiciones a los técnicos de las selecciones menores. Estos, a su vez, difícilmente les harán un lugar en sus nóminas definitivas si apenas los pueden observar unos pocos días, a diferencia de los convocados locales, a los que conocen al menos durante un año antes de los torneos sudamericanos, tiempo que suele durar la preparación de las selecciones.

La única estrategia de cierta coherencia coincidió, justamente, con la era Sampaoli. Advertido del error cometido con Ricardo Rodríguez, el buenísimo lateral izquierdo de la selección suiza y del Milán que ha disputado ya dos mundiales adultos y que luego de ser campeón mundial Sub 17 en 2009 esperó infructuosamente una llamada desde Chile para integrarse a alguna selección, Sampaoli decidió que tamaña negligencia no podía repetirse y diseñó un plan busca-talentos que tuvo algunos tropiezos. El más insólito lo protagonizó el hermano menor de Ricardo, Francisco (1995), hoy en el Lucerna, quien  declinó en septiembre de 2014 y agosto de 2015 dos citaciones de Sampaoli y acabó jugado por la Sub 21 de Suiza. Igual portazo recibió el casildense de los consagrados delanteros argentinos Mauro Zárate y Leonardo Ulloa.

Pero obstinado como es, Sampaoli no se rindió. Convencido de que había talento afuera -y no solo en la vecina Argentina- tomó contacto con George Vera-Kohler, un chileno avecindado en Suecia y, por si fuese poco, fisonómicamente muy parecido a él.

El mérito de Vera-Kohler es ser el gestor de una experiencia inédita en nuestro fútbol: la creación en Suecia de una agrupación denominada “Sangre chilena FC”, dedicada a rastrear y aglutinar jóvenes jugadores –niños y adolescentes- hijos y nietos de chilenos que viven en cualquier país fuera de Chile. Con sacrificio, la iniciativa se ha consolidado gracias a que son cientos los noveles futbolistas con ese perfil y “Sangre chilena FC” hoy cuenta con distintas categorías que disputan competencias de corta duración, principalmente europeas. La mayoría de los futbolistas milita en distintas series de clubes formales –incluso de las divisiones principales- y acuden a las nominaciones.

En enero de 2016 Vera-Kohler trajo a Chile a 23 jugadores, todos juveniles, para cumplir con una gira cuyo objetivo era que fuesen observados por entrenadores de clubes, pero principalmente por los responsables técnicos de las selecciones menores.

Lamentablemente, el viaje coincidió con la renuncia de Sampaoli, el promotor de este original esfuerzo de búsqueda. No hubo ya respaldo oficial y el plantel apenas disputó algunos pocos amistosos de escaso nivel (incluyendo uno contra una selección del Sifup).

El masivo desinterés del medio solo fue roto por Universidad de Chile que quiso al volante chileno-sueco Anton Guerrero (1999). Éste no pudo quedarse de inmediato por la prohibición de la FIFA para traspasos internacionales de menores. Finalmente retornó al CDA azul a fines de 2017, pero posteriormente se devolvió a Suecia, donde juega en la tercera división.

De ese grupo, actualmente al arquero chileno-sueco Giuliano Gatica y el mediapunta chileno-suizo Jordan Puglia, ambos generación 1999, se les monitorea para evaluarlos. Incluso el primero fue invitado por Reinaldo Rueda para entrenar con la Roja adulta en la gira de marzo de 2018.

Casos y casos

A la hora del recuento, sobran los ejemplos de experiencias frustradas que minimizan las pocas que han prosperado.

Vamos viendo.

En el Sudamericano Sub 20 de 2013 Mario Salas incluyó a Lawrence Vigouroux, pero no lo llevó al Mundial de Turquía. El británico de origen jamaiquino-chileno sí ha sido convocado, sin poder jugar, en el periodo de Rueda. En la preparación para aquel Sudamericano Sub 20 también fue llamado el arquero alemán de origen chileno-portugués Marcelo Salinas. Tenía solo 17 años y, pese a haber sido seleccionado portugués Sub 15, no tuvo mayores posibilidades, salvo una vez que reemplazó en el plantel a Darío Melo, separado temporalmente por indisciplina. En ese tiempo Salinas estuvo en Colo Colo, pero no pudo ser inscrito en su serie y terminó yéndose. Entre los años 2016 y 2017 llegó a ser segundo arquero en el plantel profesional de la Unión Española.

En el Sudamericano Sub 20 de 2015 el argentino-chileno Luciano Cabral fue titular. Escaló profesionalmente en Argentinos Juniors y Atlético Paranaense, pero hoy purga una pena de 9 años y medio por homicidio en un incidente que involucró a su padre. Su carrera parece terminada. En la preparación para el mismo torneo fueron nominados el mediapunta canadiense-chileno Marcos Bustos, el volante central estadounidense-chileno Adolfo Ovalle, el central suizo-chileno Alejandro Álvarez y el centro delantero argentino-chileno Rodrigo Linares. Solo Ovalle continuaría siendo considerado en futuras selecciones. Durante el mismo 2015, en el Sudamericano y Mundial Sub 17, jugado en Chile, no hubo foráneos. En la etapa preparatoria sí estuvieron el arquero belga-chileno Fabián Vandenbosschen, el atacante central sueco-chileno Daniel Silva y el extremo argentino-chileno Matías Cavalleri. Este último se insertó profesionalmente en Curicó Unido y fue citado por Rueda para su último micro ciclo antes de la Copa América. El formado en Newell’s Old Boys destaca por su rapidez y habilidad y puede tener chance en la futura selección preolímpica.

 Para el Sudamericano Sub 20 de 2017 no hubo oriundos. Adolfo Ovalle sí volvió a ser considerado, ahora en su categoría 1997, en el equipo que ganó el torneo de L’Alcudia.

En cambio, la Roja Sub 17, de Hernán Caputto, categoría 2000, sí fue pródiga en aportes.

En la etapa previa fueron convocados cuatro chicos provenientes de Argentina: el volante central de River Plate, Diego González; el volante mixto de Lanús, Matías Toledo; el volante de salida de Rosario Central, Tomás Espinoza y el goleador de Estudiantes de la Plata, Jairo Vásquez. Solo Espinoza -incluido en octubre de 2018 por el diario británico “The Guardian” en una lista de 60 futbolistas del futuro- acabaría jugado el continental clasificatorio para el Mundial de la India. No llegó a este último certamen, en el que sí estuvo Vásquez. Un caso llamativo fue el del entonces armador del Ajax Sub 17, Giovanni de la Vega. El holandés-chileno jugó por Chile en la Copa UC antes del Sudamericano, no siguió en el proceso y meses después fue convocado en su categoría para la orange. Ahora en la reserva adulta del Utrecht de su país de origen, el joven declaró que sigue deseoso de jugar por Chile. A lo de De la Vega hay que sumar el ya explicado caso de Brandon Cortés.

Situaciones distintas son las del cubano-chileno Pedro Campos y del brasileño-chileno William Gama. Aunque nacidos afuera, ambos llevaban ya varios años jugando en la UC y Wanderers, respectivamente. Fueron aportes foráneos, sí, pero eran destacados atacantes en nuestras series menores. Del mismo origen que Campos es el veloz extremo César Munder, que hace dos años no cumplía los requisitos para jugar por la Roja, pero ahora sí y se perfila como posible carta para la nueva preolímpica.

Este año la fracasada Sub 20 de Héctor Robles no tuvo foráneos. De todas las cartas disponibles –como los ya mencionados Gatica, Puglia, Espinoza, Cortés y De la Vega- solo probó durante medio tiempo en un partido frente a Paraguay a Kenneth Hanner López, goleador juvenil en el Mainz alemán y que hace poco fichó por el Hoffenheim. Aparentemente sus cualidades no entusiasmaron a Robles, pero el atacante sigue siendo monitoreado por el cuerpo técnico nacional.

Finalmente, la actual Sub 17 vice campeona sudamericana y clasificada al Mundial de Brasil, tuvo en el clasificatorio como segundo portero al estadounidense-chileno Vicente Reyes. Perteneciente al Atlanta United, el arquero no estuvo en la primera nómina del nuevo técnico Cristián Leiva, pero podría figurar en nuevos llamados dada la muy buena impresión que dejó durante su primer paso por la Roja. Reyes gozó de las oportunidades que no tuvo Mehssatou, que todavía debe estar pensando para que recorrió los 12 mil kilómetros que separan a Bélgica de Chile si lo único que consiguió fue estirar las piernas en Quilín.