Bravo, el número uno

Bravo, el número uno

Claudio Bravo es el mejor arquero que ha habido en el fútbol chileno. Y es complicado que le arrebaten pronto tal cartel.

Por SERGIO GILBERT J.

A los 37 años, Claudio Bravo puede sentir que está lejos de ser un postulante al retiro. Si bien es un hecho que terminará en los próximos días su historia en Manchester City -donde, de verdad, tuvo una estancia complicada e irregular- es un hecho que el portero chileno seguirá sumando capítulos en Europa: Real Betis, Valencia, Villarreal y Leeds asoman como opciones para un fichaje pronto. Él decidirá dónde irá. Como siempre.

Este hecho solo es una constatación más para algo que debería ser obvio: Claudio Bravo es el mejor arquero que ha habido en el fútbol chileno. Y es complicado que le arrebaten pronto tal cartel.

No, no es una exageración. Tampoco es un mérito menor considerando que Chile ha tenido grandes arqueros.

Manuel Guerrero, por ejemplo, fue pieza clave en las primeras incursiones internacionales de la Selección. De hecho, en su debut en el Sudamericano de Argentina en 1916 fue ovacionado por los hinchas locales pese a la derrota sufrida por Chile ante Uruguay. Y aunque en realidad su apodo (“Maestro”) se originó por su oficio (era mecánico) quedó como buen mote identificatorio.

Sergio Livingstone, por cierto, es el otro portero que se anota en el podio. El “Sapo” revolucionó el puesto en Chile desde el punto de vista técnico. Flexionaba las piernas para darse impulso al saltar y atajaba la pelota con una mano, algo que sin duda llamaba la atención (incluso muchos lo tildaron de “cachetón” y “creído” por eso). Y fue dueño absoluto del arco nacional dejando fuera de acción a otros cracks como Eduardo “Pulpo” Simián, Hernán “Nano” Fernández, Francisco “Pancho” Fernández y Raúl Coloma.

Mario Osbén, el “Gato”, no puede estar ausente en una nómina de grandes porteros chilenos. Fue el sucesor de Juan Olivares, Leopoldo Vallejos, Adolfo Nef y Enrique Enoch a fines de los 70, eclipsando a otro joven portento que asomaba como dominador del arco chileno: Óscar Wirth.

El “Gato” era ágil, con reflejos instantáneos, atajador bajo los tres tubos. Claro, su magra actuación en el Mundial de España lo sacó de escena por un tiempo, aunque luego volvió a hacerse fuerte en el final de su carrera cubriendo el arco de Cobreloa.

Por cierto, Roberto Rojas también debe ser nombrado si se trata de contrastar a un arquero chileno con Bravo. De hecho, muchos dan al “Cóndor” como el mejor. 

Y claro, Rojas dejó en la memoria atajadas y partidos memorables jugando por Colo Colo y la selección nacional. Incluso es dable asegurar que en algunos aspectos técnicos no ha sido superado por Bravo ni por nadie: reflejos y achique, por ejemplo.

Pero Bravo lo supera en varias cosas. 

De partida, como cortador de centros y jugando con los pies es el número uno de la historia. Y su agilidad es tan alta como la de Rojas, aunque más sobria.

Eso sin considerar la trascendencia de las atajadas. Rojas las tuvo en definiciones de torneo nacional (ante Palestino), en eliminatorias (frente a Perú) o en amistosos (contra Inglaterra en Londres) mientras que Bravo deja para los libros atajadas de antología en finales de Copa América ante Argentina y en equipos de alta competencia en Europa.

Bravo es el número uno. Nada más que decir, señor juez…