Buscando recuperar su identidad, México examina el pasaporte de la Roja

  • La Selección de Pizzi no encuentra el funcionamiento óptimo, pero confía en los retornos de Vidal, Díaz, Bravo y Fernández para mostrar progresos imperativos en el último amistoso previo al estreno en la Copa Centenario, esta noche ante los aztecas.

Más allá del desasosiego de los hinchas por la caída ante Jamaica en Viña del Mar (2-1), las principal inquietud que genera la Selección chilena en la nueva etapa de la limpieza y reacomodo interno -sin Jadue ni Sampaoli-, está resumida en los primeros 270 minutos de Juan Antonio Pizzi en el comando de un equipo que ya se encuentra en Estados Unidos para afrontar el reto de la Copa América Centenario.

Luego de la derrota ante Argentina y el triunfo sobre Venezuela en las Clasificatorias, el 1-2 del amistoso previo al viaje a San Diego confirmó dudas de funcionamiento y repuso el acento en la búsqueda de variantes y ajustes que todavía no satisfacen al cuerpo técnico ni a la crítica.

En un partido de resultado irrelevante, pues ganar o perder con los jamaicanos no modifica el prestigio de Chile, pero trascendente para encontrar el módulo de funcionamiento, parece imprescindible registrar las ausencias de Claudio Bravo, Marcelo Díaz y especialmente Arturo Vidal, tres pilares de los que Pizzi no puede obviar bajo ninguna circunstancia.

«Para el ajuste general de este miércoles ante México -un adversario sólido y respetable de verdad-, Pizzi tendrá que reordenar piezas y funcionalidades para evitar que cierto desorden que asoma a ratos en la cancha logre debilitar más la confianza por los altibajos del conjunto».

Si en lo individual los tres son claves por su despliegue y ascendiente en la cancha, el aspecto colectivo es el que produce mayor cuota de incertidumbre. En rigor, se apreció cierto agotamiento físico de algunas figuras de mayor recorrido europeo (Orellana e Isla, por ejemplo) y la baja de rendimiento en otros que perdieron la “chispa”, como Jean Beausejour y Gonzalo Jara, afectados por la campaña deficiente de sus equipos.

Fuera del majadereo mediático por la marginación de Jorge Valdivia -suspendido tras su grosera expulsión frente a Uruguay-, la búsqueda de un enlace ofensivo de emergencia que ofrezca opciones distintas a Matías Fernández o el propio Vidal resultó infructuosa ante Jamaica. El posicionamiento de Fabián Orellana como atacante enganchado o enlace adelantado -9 y medio- no tuvo éxito, por la falta de manejo del ex Audax Italiano en un puesto que impone otras exigencias y de acompañamiento adecuado en un mediocampo inconexo, donde la sumatoria constante de Alexis Sánchez contribuye al desorden y al desconcierto de quienes se quedan sin espacios que ocupar o sin pelotas que administrar.

Otra de las cuentas pendientes fue, indiscutiblemente, la fragilidad defensiva que desnudaron los potentes delanteros caribeños. Ambos goles tuvieron el mismo movimiento y destino: ataque por la izquierda y definición en el medio del área. En el 1-0, Jara llegó tarde a neutralizar un centro e Isla no cerró bien al atacante que fue a recibirlo. En el 2-0, Jean Beausejour tampoco estuvo oportuno para cortar el envío y, a espaldas de Jara e Isla, el delantero definió de cabeza sin apuro.

«Un factor siempre desequilibrante es Alexis, tanto en el aspecto positivo como negativo. Para ganar partidos, como lo hizo a menudo en el último lustro con alguna genialidad».

Para el ajuste general de este miércoles ante México -un adversario sólido y respetable de verdad-, Pizzi tendrá que reordenar piezas y funcionalidades para evitar que cierto desorden que asoma a ratos en la cancha logre debilitar más la confianza por los altibajos del conjunto.

Un factor siempre desequilibrante es Alexis, tanto en el aspecto positivo como negativo. Para ganar partidos, como lo hizo a menudo en el último lustro con alguna genialidad. Y tampoco exento de responsabilidad en el desorden de la Roja cuando se convierte en un ventilador del mediocampo, ocupando sectores ajenos y desatendiendo su tarea fundamental en el área contraria.

En el umbral del debut en la Copa Centenario frente a Argentina, en rigor Chile podrá expiar sus culpas y tranquilizar las ansiedades ambientales si logra imponer los términos futbolísticos ante el respetable México, y -al margen del marcador- consigue retomar el espíritu y el sello colectivo que le prestigió en Sudamérica y en el mundo. Por ahora, al equipo de Juan Antonio Pizzi le sobra corazón y le falta consistencia, esa “alma” que recoge los talentos individuales y las fortalezas tácticas de los grandes equipos…