¡Capturen al 10! El caso del narcocrack uruguayo que dirigía cártel de la droga y está profugo de la DEA e Interpol

Jugó profesionalmente en Paraguay y Bolivia, pero se “esfumó” de Santa Cruz de la Sierra gracias a un pasaporte concedido por Uruguay que le permitió escapar de la policía, desatando una crisis política en Montevideo, donde ya renunciaron dos ministros.

Por DANIEL PÉREZ PAVEZ / Foto: ARCHIVO

La pasión por el fútbol y los negocios ilegales, como el narcotráfico, hermanan al uruguayo Sebastián Marset y al tristemente célebre Pablo Escobar Gaviria, que durante su auge llegó a financiar a importantes clubes colombianos.

El primero es hoy uno de los prófugos más buscados por la Interpol en Sudamérica y su intrincado caso –que incluye mafias y corrupción- produjo una crisis política que aún no supera el presidente Luis Lacalle Pou en Montevideo, luego que en 2021 se le otorgara entre gallos y medianoche un pasaporte que aún le permite seguir huyendo de la DEA.

La situación explotó en Uruguay con las renuncias de los ministros de Relaciones Exteriores e Interior, Francisco Bustillo y Luis Alberto Heber, respectivamente, y otros funcionarios de menor jerarquía, y de paso puso en cuestionamiento la imagen pública de un país ejemplar que lidera los rankings internacionales de transparencia y calidad de vida.

Marset ejercía como productor de eventos, aunque nunca dejó de lado su afición al fútbol –compartida con millones de uruguayos- cuando ya era un reputado traficante internacional, al que se acusa de haber transportado al menos 16 toneladas de cocaína entre Paraguay y Europa a través de Uruguay.

Y es más, porque participó en julio en la internación de 2.000 kilos de droga que fue decomisada en el puerto de Arica cuando iba con destino a Bélgica.

Como sea, el charrúa se radicó en 2020 en Paraguay cuando ya lideraba el primer cartel uruguayo (PCU), antes de trasladarse a Bolivia tejiendo las redes de su negocio. En el intertanto, nunca dejó las canchas, con ese fervor del que jamás jubila un amor eterno.

En ambos países jugó fútbol profesionalmente: primero en Capiatá de Paraguay y después en Los Leones El Torno, de Bolivia. Marset usaba las identidades falsas de Luis Amorim o Gabriel De Souza Beumer.

Marset (23) llegó a pagar 10 mil dólares al club boliviano para que le dieran la camiseta con el número 10.

EL MÁS BUSCADO DE SUDAMÉRICA Y ESTADOS UNIDOS

Considerado un jugador talentoso aunque de menores aptitudes físicas, sus compañeros –en el club boliviano donde incluso entregó un aporte al club por 10 mil dólares para usar la cotizada camiseta número10-, recuerdan que llegaba a entrenar en una camioneta blindada Toyota Land Cruiser, propiedad de la empresa Tapyracuái. Y que no era más que una fachada del clan Insfrán, sometido a proceso en Paraguay por el caso A Ultranza Py, la mayor operación contra el narcotráfico y lavado de activos de la historia en ese país.

Durante su estancia en Santa Cruz de la Sierra vivía en una mansión rodeada de lujos y autos de alta gama, hasta que en julio se “esfumó” dejando en ridículo a las autoridades bolivianas que comprometieron su pronta captura.

Además de incautarse en su finca 17 fusiles y 31 vehículos, se encontró un pequeño zoológico al estilo de la hacienda Nápoles que tenía Escobar en Colombia.

En ese contexto, mientras otros dos futbolistas uruguayos que fueron cómplices del 10 están en prisión en Bolivia, el ex crack de ese país, Erwin Romero, reconoció hace poco que el “narcotráfico perforó al fútbol nacional”.

Aunque a estas alturas el escandaloso caso del narcojugador escapó hace rato de la cancha…

El mensaje de Marset desde la clandestinidad: