Carlos Cantero: «Hay una cobardía ética e intelectual para asumir responsabilidades» 

Presentamos la segunda parte (y final) de este diálogo con el ex senador por Antofagasta, quien -muy en su estilo- arremete ahora contra la trenza entre el poder económico y la política: «Esa es la base del descrédito como fenómeno generalizado y, en Chile, se trata de un vicio demasiado transversal».

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

– En Renovación Nacional, que alguna vez encarnó una derecha más liberal, hay sectores pinochetistas importantes, como los que representan Camila Flores y Carlos Larraín, entre otros. ¿Cómo analiza esa situación?

– Es legítimo que se exprese una diversidad y no se puede personalizar un tema institucional. La derecha de los ’90, en general, y RN de los primeros tiempos, era mucho más plural y democrática, había respeto por la diversidad y por la amistad cívica. Un mejor sentido de identidad con el Chile ciudadano, con los valores superiores de nuestra cultura y país. En esa época me sentí muy cómodo conviviendo con grandes personajes de nuestra civilidad, hombres y mujeres de gran calidad humana, personal, intelectual y política. Era un lujo conversar, discutir y reflexionar en la Comisión Política o los masivos consejos generales. Luego vino una etapa de gran crecimiento partidista, el que no se supo administrar adecuadamente. Se cayó en un cierto clasismo y vocación de “emporio”: el dinero empezó a influir en la dirección y gestión partidista. Algunos liderazgos exigían sumisión o intentaron influir usando y abusando de los centros de estudios, sin contrapeso y sin escuchar opiniones políticas. Primaron los criterios economicistas. Un buen ejemplo de esto es el Instituto Libertad y Desarrollo, pero no fue el único. Por lo demás, es lo que ocurrió transversalmente en la democracia chilena. No hay partido que se salve de estos ejemplos vinculados al dinero.

– La diversidad a la que se refiere, ¿incluye hacer panegíricos o exaltar a una Dictadura que asesinó, torturó y mandó al exilio a miles de chilenos (as)?

– En Renovación Nacional se expresa siempre la diversidad y hay gente que cree legítimamente que el gobierno militar fue la salvación de Chile; otros sostienen que fue un punto de equilibrio y otros, definitivamente, votaron por el No en el plebiscito del ’89. Todo ello se decía con prudencia y respeto. El problema -para mí- no estuvo tanto en el gobierno militar o Dictadura (o como quieran llamar a ese período). El problema estuvo en la relación con el dinero, que es muy distinto. En RN, el tema que complicó las relaciones internas tenía que ver con la compulsión por el poder económico.

– Un elemento para reafirmar esa premisa es la trenza económica/ideológica entre la derecha y el gran empresariado, de donde obtiene financiamiento. ¿Le parece sana esa dependencia y en qué porcentaje condiciona sus decisiones políticas?

– Como está demostrado, no es un problema exclusivo de la derecha: el poder del dinero alcanza muchos rincones. Por cierto, no me parece una relación sana. Mezclar dinero con política trae como consecuencia la corrupción, el desvalor, la primacía del bien privado por sobre el bien público. Esa es la base del descrédito de la política como fenómeno generalizado.  Ese cruce entre dinero y política en Chile es un vicio demasiado transversal, como lo denotan los procesos judiciales en curso donde hay moros y cristianos, esos mismos que confunden valores con precios.

– En síntesis, ¿la derecha económica fagocitó a los sectores más liberales y democráticos?

– En la década de los ’90 y los 2000, la derecha liberal tuvo momentos muy relevantes en múltiples iniciativas constitucionales, políticas, sociales y legales. Enfatizó ese sentido social, ciudadano y de valores republicanos. Pero, eso no era del agrado de algunos liderazgos, mientras otros se extraviaron… Dieron la espalda a sus valores, y los pusieron al servicio del poder económico y de su bienestar personal. La élite económica tiene que aprender que este capítulo le está costando muy caro a nuestro país.  Hay que invertir en las ideas, en la formación de líderes, en centros de estudios que no sean meras cajas de resonancia de intereses particulares. No se puede pretender liderar un país diverso, desde la endogamia socio-cultural y política. Todos somos uno y uno debemos ser todos.

– Los líderes de la derecha liberal fueron irradiados de la política activa. ¿Piensan volver a aglutinarse y reinsertarse en la actividad pública?

– Irradiados significa sacados a empujones, si no a patadas. Con todo, yo mantengo muy buenas relaciones y tengo grandes amigos en el sector, y anhelo la unidad y la coordinación amplia. Poco a poco, y en privado, esa élite reconoce su ceguera y soberbia. Con muchos seguimos hablando de política, aunque en los liberales no observo interés por la rearticulación. Es necesario dar tiempo al tiempo, especialmente en un momento en que la política se está fragmentando en todo el espectro. Espero que pronto se toque fondo… Como prospectiva, me parece que se seguirá desgranando el choclo en un proceso de fragmentación que afectará nuestra gobernabilidad por polarización, por violencia y por el narcotráfico, que dañará aún más la probidad.

– ¿Observa esa voluntad de unidad o de coordinación amplia en la derecha?

– Sinceramente, no. Pronto, sin embargo, se entenderá la necesidad de avanzar en esa línea, ampliando la base y los tipos de liderazgos. Ya hay sectores que hablan de una derecha social, aunque parecen muy aislados aún.  En la derecha me molesta la voluntad exitista. Después del reventón social, fruto de ese desmadre partidistas ya tratado, se ha generado una estampida de los principales responsables. Me incomoda el silencio y la falta de liderazgo.  Me molesta la hipocresía de no hablar y asumir los errores. Me incomoda la torpe actitud de tratar de pasar colados. Debo decirlo claramente, hay una cobardía ética e intelectual al respecto.