Carlos Cantero: «La derecha no cauteló ni la probidad ni la solidaridad» (I parte)

Este geógrafo y doctor en Sociología, y ex diputado y senador por la Región de Antofagasta, es uno de los pocos intelectuales de la derecha chilena que expresa un pensamiento crítico hacia su sector. En paralelo, ha mantenido presencia en la reflexión académica sobre la Adaptabilidad a la Sociedad Digital, escribiendo varios libros en importantes editoriales europeas, sobre lo que mantiene un permanente ciclo de conferencias y talleres por América Latina.

Por EL ÁGORA / Foto: ARCHIVO

A pesar de que hace varios años está fuera de la política activa, Carlos Cantero suele mantenerse en primera línea mediática a través de sus libros, columnas periodísticas y perfil polémico, característica que lo llevó a renunciar a su militancia en Renovación Nacional y al comité de senadores por ese partido.

Sus razones fueron defender el sentido social y republicano (como sinónimo de democrático y respetuoso de las instituciones; no confundir con el partido de José Antonio Kast) de RN, cuando la agrupación tomó un rumbo neoliberal y más extremo en lo ideológico. De hecho, de público conocimiento es la distancia que tomó con el ex presidente Sebastián Piñera, como también sus enfrentamientos con el instituto Libertad y Desarrollo, ese extraño y elitista «think tank», cuyo financiamiento sigue siendo un verdadero misterio sin resolver.

Su último libro, «Crónicas de un Fracaso Anunciado», es un crudo repaso por sus columnas de opinión en distintos medios, en las que anunció con meses de antelación cada uno de los tropiezos políticos que cometió Piñera, demostrando gran asertividad en el análisis.

– Usted promueve la idea de «una nueva derecha social, anclada en los valores republicanos». ¿Cuáles son las bases para hacer esa afirmación?

– Mi llamado a la derecha es para exaltar, por un lado, los valores del Humanismo, que tienen una larga tradición en nuestra cultura y, por otro, los valores republicanos. Ambos vienen desde el origen de nuestra democracia: una ética pública, el valor del mérito, la probidad, el sentido de la amistad cívica, el valor de los bienes públicos, la excelencia como valor, el valor de nuestra cultura e identidad, etc… Hemos ido en sentido contrario en el último tiempo.

– ¿Por qué?

– La derecha tradicional mostró un enfoque minimalista de la persona humana, la reduce a cuestiones materiales, exteriores, “cosismos”, que por cierto también son importantes, pero no las únicas dimensiones a considerar. Se enfatizó el individualismo, en detrimento de un sentido de comunidad; se exacerbó lo material, desatendiendo las cuestiones espirituales; lo privado en perjuicio de los bienes públicos. Mi reclamo es por mayor atención del sector por los valores que deben regular la convivencia social y el sentido de comunidad nacional, para evitar esas fracturas o brechas insalvables que nos dañaron como sociedad. El haber desconocido esto nos trajo al colapso político y el reventón social de octubre del 2019.

– ¿Cómo evalúa a la derecha de las últimas décadas en Chile?

– Me parece una paradoja, una grave contradicción, lo que le ocurrió a la derecha chilena, que tuvo un gran éxito de crecimiento económico con un modelo insuperable para la generación de riqueza. Sin embargo, no tuvo la ética necesaria para cuidar la adecuada distribución de los beneficios ni se preocupó por un desarrollo más equilibrado y armónico. Tampoco cauteló la probidad y la solidaridad. No se percibió el grave proceso que le amenazaba. La derecha estaba ensimismada, no quiso escuchar a quienes, desde la interna, advertimos oportunamente de los peligros que amenazaban al país. Por el contrario, nos arrinconaron, nos empujaron y descalificaron (los díscolos).

– Muchos sostienen que la derecha en Chile, durante las últimas cinco décadas, es intrínsecamente antidemocrática, por su defensa del legado de la Dictadura (incluyendo complicidad con violación a DDHH). ¿Comparte esa premisa?

– No la comparto. En Chile hay quienes se sienten autorizados a darse licencias de demócratas y se asumen como los paladines de los Derechos Humanos, pero muestran un doble estándar. Miran la paja en el ojo ajeno y no se hacen cargo de las basuras en el propio. Olvidan la historia y, por hipócrita conveniencia, asumen que Chile nació el 11 de septiembre de 1973, por la mañana. Hay más historia de violencia, mucha sangre, dolor y abusos, de uno y otro lado, desde el pasado y luego con la Guerra Fría, que nos dividió y confrontó en una polarización que no termina.

Por cierto, no niego que la derecha tiene que ser capaz de ponerse en el lugar de quienes tienen personas desaparecidas y sufrieron vejaciones. Expresar espíritu fraterno y buscar y pedir el perdón y tender a la unidad nacional. Las familias de las víctimas tienen todo el derecho a perseguir justicia y a llorar sus muertos. Pero, la izquierda debe asumir sus propios pecados, dejar esa actitud cobarde, esa hipocresía de victimizarse. Asumir sus propias responsabilidades, como llamar en más de algún momento a la lucha armada, a la violencia y al terrorismo. Eso también acarrea consecuencias. En lo personal, me defino como un independiente moderado, que repudia todo tipo de hechos aberrantes, aunque tampoco adhiero a la grosera caracterización que muestra a una derecha mala y a una izquierda buena. Ese argumento binario de las películas de vaqueros no le hace bien a la sana convivencia en el país.