Carlos Palacios llega a Colo Colo para demostrar que no es un invento

Apodado la “Joya” a poco de debutar por Unión Española, fue transferido al fútbol brasileño, donde definitivamente no anduvo. En Inter de Porto Alegre fue definido como “un niño que está lejos de su casa”, y en Vasco da Gama dio la nota alta más por su indisciplina que por sus goles. En el Cacique, el ex hispano no tendrá alternativas: o es solución para Quinteros o se transformará en el “cacho” que muchos temen.

Por EDUARDO BRUNA / Foto: TWITTER

La aspiración de Gustavo Quinteros de contar con Carlos Palacios en Colo Colo no era nueva. El volante surgido en Unión Española siempre llenó el gusto del técnico albo, sólo que ahora, con la partida para él inesperada de Gabriel Costa, y sobre todo de la de Juan Martín Lucero, Daniel Morón y el directorio de Blanco y Negro debían hacer algo urgente no sólo para llenar esos vacíos, sino para morigerar la ira de la hinchada, que veía con desazón que se iban jugadores que habían sido importantes en el plantel campeón y, excepto una que otra incorporación, no llegaba nadie al menos con cierto nombre.

Palacios sin duda algo de nombre tiene, pero buena parte de la imagen que había podido labrarse vistiendo la camiseta de Unión Española se fue diluyendo durante su paso por el Inter de Porto Alegre y luego por el Vasco da Gama. La “Joya”, como fue apodado en su momento, jamás consiguió ganarse un espacio en el fútbol brasileño y he aquí que, con 22 años, vuelve al fútbol nacional todavía como “promesa”.

Una edad breve para cualquier existencia, pero no para un futbolista. A esa edad los buenos son jugadores ya hechos y derechos, cosa que no ocurre con este Palacios que tantas expectativas provocó en su momento.

Como sea, Colo Colo, que lo sacó de Vasco da Gama mediante la figura del préstamo, puede ser la última posibilidad para que el ex hispano demuestre que es un jugador por sobre la media, y no un simple producto del marketing a los cuales nuestros comentaristas de la televisión por cable son tan afectos.

El tema es que, más allá de lo estrictamente futbolístico, Carlos Palacios arrastra otros problemas. De partida, hace unas semanas fue denunciado por su pareja, embarazada y con la cual tiene un hijo de dos años, de violencia intrafamiliar e, incluso, de amenazas de muerte. El volante lo desmintió todo, pero frente a un hecho de esas características, especialmente sensible en los tiempos que corren, es inevitable pensar que el Cacique, en su desesperación por armar un equipo al menos de similar poderío del que tuvo para coronarse campeón, hizo la vista gorda, sin reparar en que ya antes se equivocó cuando incorporó a Leonardo Valencia, con problemas similares a los de Palacios.

Nos imaginamos que, de cualquier manera, el cuerpo técnico, sicólogo, asistentes sociales y el propio Daniel Morón, deberán tener con el jugador una charla tan sincera como dura, dejándole en claro que, como jugador de Colo Colo, una situación tan criticable y bochornosa no se puede volver a repetir.

La experiencia demuestra, sin embargo, que lograr el radical cambio del manejo de la ira en un agresor es altamente improbable. Carabineros y el 1455 están atochados de denuncias en ese sentido y hay momentos en que simplemente no dan abasto.

Pero Palacios también evidenció otro tipo de problemas en su paso de dos años por el fútbol brasileño. Cuando llegó al Inter de Porto Alegre nunca pudo adaptarse a una ciudad en la que “Don Elías” había sido Rey. Dirigentes del club “gaúcho” apuntaron a su excesiva instrospección como uno de los aspectos que lo frenaba. Excesivamente callado y retraído, Palacios era definido como “un niño que se siente lejos de su verdadero hogar”.

Su paso por Vasco da Gama, que luchaba por regresar al fútbol grande de Brasil, tampoco fue exitoso. De él, las imágenes sólo muestran un formidable gol de tiro libre y nada más. Desde el punto de vista disciplinario, en cambio, su currículo era mucho más prolífico. No sólo se ausentó de más de un entrenamiento sin causa valedera, sino que más de una vez llegó atrasado, provocando la natural molestia del cuerpo técnico y jugadores.

Que frente al llamado de Colo Colo la dirigencia de Vasco se mostrara más que receptiva, fue lo más normal del mundo, dadas las circunstancias. Dejando ir a un Palacios que no había resultado ser el jugador que todos pensaban, no sólo se ahorraban su sueldo e ingresaban 300 mil dólares por el préstamo, sino que se deshacían de un elemento que, aparte de no rendir lo esperado, sólo causaba problemas.

A pocos días del debut oficial de Colo Colo en este 2023, enfrentando a Magallanes por la Supercopa, el Cacique perdió por 1-2 enfrentando a puertas cerradas a Racing de Avellaneda. Naturalmente, nadie hizo de ese resultado un drama.

Más importante fue que, a la llegada de Leandro Benegas, se sumó la de este Carlos Palacios que llega con la obligación de demostrar que no es un invento. La “Joya”, aunque a su llegada cumplió con su costumbre de no hablar más allá de lo estrictamente necesario, sabe que esta es su última oportunidad de demostrar que quienes así lo bautizaron no estaban equivocados.