Caso suplantación: el “doble” de Arias quedó con arraigo nacional

Nicolás Ambrosio, quien habría prestado su bracito para que el meta calerano Alexis Martín Arias no diera positivo por Covid, previo a un partido por la Copa Sudamericana, no puede salir del país durante los 90 días que dure la investigación.

Por EDUARDO BRUNA

A los tecnólogos médicos del Laboratorio Etcheverry, ubicado en la calle Arlegui, de Viña del Mar, les pareció extraño el resultado que dio el examen de Alexis Martín Arias, arquero de Unión La Calera, tomado en el hotel de concentración del cuadro “cementero” el 31 de octubre, previo al viaje que el equipo debía realizar rumbo a Colombia, para enfrentar a Deportes Tolima por la Copa Sudamericana. El hisopado había entregado un resultado negativo, sólo que apenas tres días antes, otra muestra del arquero, tomada esta vez en Mantagua, había sido positivo para Covid 19.

El mismo resultado que habían entregado los test aplicados a Arias los días 28 de septiembre en su domicilio particular, y los tomados el 1 de octubre, el 17 de octubre y el día 25 del mismo mes, tanto en su casa particular como en Mantagua.

Este viernes, en una audiencia de formalización que se extendió durante 40 minutos, por una supuesta suplantación de identidad, en Viña del Mar, la Fiscalía de la Ciudad Jardín decretó arraigo nacional para Nicolás Ambrosio, principal inculpado de haber simulado ser Alexis Martín Arias a la hora de someterse al test para determinar si tenía o no Covid. Decidió además la Fiscalía fijar en 90 días el plazo para investigar a fondo esta insólita y rocambolesca situación, que, de finalmente confirmarse, constituiría sin duda un escándalo de nivel mundial.

Pasó que, a pesar de que no fue siempre el mismo funcionario del Laboratorio Etcheverry quien tomó las muestras de Arias, algo no les cuadraba. Para empezar, la repentina cura del golero “cementero”, pero también el hecho de que, quien apareció para someterse al examen, si bien físicamente se parecía mucho a Arias, no era su clon ni mucho menos.

El Laboratorio Etcheverry, consciente de que podía estar siendo utilizado para una maniobra que se saltara los procedimientos sanitarios establecidos por la autoridad, decidió denunciar el hecho y no correr el riesgo de ser eventualmente acusado de complicidad.

Si bien el medio periodístico abordó de inmediato este caso, que sin duda podía significar un mayúsculo escándalo, la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, presidida por Pablo Milad, se tomó las cosas mucho más a la ligera. Para el timonel del fútbol nacional “esto es algo que están estudiando los Tribunales y, mientras no haya una decisión de ellos, nosotros no nos vamos a pronunciar”.

Sólo agregó que “nuestra Comisión Médica ha recibido las instrucciones para colaborar al máximo, entregando todos los antecedentes de que disponga”.

Que, por las graves implicancias que podría tener este hecho, Milad marcara distancia, se podría entender. Después de todo, Unión La Calera es el subcampeón del fútbol nacional, representante chileno en la Copa Libertadores, y para ningún presidente sería fácil hablar incluso de la posibilidad de desafiliación que arriesga la institución calerana. Sin embargo, no deja de llamar la atención el escaso interés -por no decir nulo-, que ha evidenciado el organismo máximo del fútbol profesional por involucrarse y favorecer la investigación.

Y es que el hecho es lo suficientemente grave como para tomárselo a la ligera. No se trata de que, como en el caso de Universidad Católica, el defensa Salomón haya actuado frente a Ñublense con un número distinto al que aparecía en la planilla. Tampoco de que, como en el caso del meta De Paul, de la “U”, utilizara un atuendo de distinto color al que supuestamente iba a utilizar y que constaba en la planilla. 

Esas eran minucias, simples anécdotas frente a este caso.

Esta sería una suplantación de identidad, lo que además de constituir un delito y no una simple falta para todos los efectos legales, puso en peligro la salud pública no sólo del resto del plantel calerano, sino de familiares, cercanos e incluso hinchas.

Doblemente grave si se considera que la inepta y sinvergüenza ministra de Deportes, Cecilia Pérez, frente a casos aislados de Covid 19 en algunos clubes, como Curicó Unido y Universidad de Chile y la propia Unión La Calera, ha señalado que el fútbol está al filo de la navaja para seguir desarrollándose como hasta ahora, olvidando que su incapacidad y tejado de vidrio le aconsejan ser menos terminante y taxativa. 

¿Con qué ropa puede usted pontificar y dictar normas, ministra?

Mucho menos cuando su propio jefe y protector, saltándose reglas que supuestamente rigen para todos, se ha mandado a este respecto varios numeritos que delatan una vez más su supina arrogancia o su reconocida imbecilidad. O ambas cosas a la vez. Como por ejemplo, asistiendo al funeral de su tío Bernardino con una concurrencia superior a la permitida y hasta levantando la tapa del cajón, o paseándose y sacándose fotos sin mascarilla con los pocos admiradores que aún le van quedando en Cachagua y Zapallar.

En este supuesto escándalo calerano, además de Nicolás Ambrosio, que quedó impedido de salir del país luego que quedara claro que en diciembre y enero viajó en dos oportunidades a Buenos Aires y existe el peligro de que vuelva a desaparecer en cuanto se levanten las restricciones, está también involucrado el gerente de la institución “cementera”, Martín Iribarne. Y es que, de acuerdo a lo señalado por personal del Laboratorio Etcheverry, fue el gerente quien apareció acompañando a Nicolás Ambrosio cuando este simuló ser el arquero, y a quien definió como “un amigo muy cercano que está siempre conmigo”.

Para el fiscal de Viña del Mar, Lionel González, sin embargo, no cabe ningún tipo de duda de la suplantación de identidad cuando, en un informe acerca del caso, señala que “Ambrosio se presentó los días 4, 12, 16 y 20 de noviembre en el laboratorio para realizarse el test PCR y se identificó como Alexis Martín Arias”. Y agregó: “El imputado (Arias), practicó fútbol profesional en torneos locales e internacionales, ocultando su condición de portador del virus, burlando con ello las restricciones o limitaciones a la circulación ambulatoria nacional e internacional”.

El fiscal concluyó que a Alexis Martín Arias, a Iribarne y a Ambrosio, se les podrían aplicar los artículos 214 y 318 del Código Penal, que van desde una multa de 50 millones de pesos hasta prisión.

Sanciones más que dudosas, en todo caso, en un país donde se han producido toda clase de violaciones a las normas y, según cifras conocidas, apenas el 1 por ciento ha pagado la multa. De ir a un calabozo, ni hablar. Eso queda para los que revuelven el gallinero protestando y tirando piedras, porque son tan miopes que no son capaces de calibrar y valorar las muchas virtudes que nos ofrece este oasis. Y con eso sólo se ha confirmado que, mientras tengamos un gobierno inepto y chapucero, la chacota de la muchachada no tiene visos de detenerse.

Más allá de la jugada para la que se habrían prestado el arquero Arias, el gerente Mateo Iribarne y su amigo Ambrosio, muchos apuntan, sin embargo, a la cabeza del club “cementero”. Se trata de su dueño, el argentino Christian Bragarnik, que según se dice tiene también fuertes intereses en San Luis de Quillota y clubes internacionales, entre los cuales se cuentan el Elche español y los trasandinos Defensa y Justicia, Ferrocarril Oeste y Nueva Chicago.Bragarnik, es cierto, no ostenta ningún cargo directivo ni administrativo en la entidad. sin embargo, como a todo nivel se sabe que quien pone la plata elige la música, resulta impensable pensar que de esta rocambolesca y turbia jugada este empresario argentino no tuviera ni la más mínima idea.