Científicos sorprenden y afirman que los ojos azules no existen

Para los investigadores, el ojo no contiene ningún pigmento que le otorgue ese color: se trata de un efecto de dispersión de la luz.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE / Foto: IMDB

Son, casi con seguridad, los ojos más alabados de un actor de Hollywood. Comparables sólo con los de color violeta de Elizabeth Taylor. “King Cool” apodaron al hombre con la mirada más azul y profunda de la historia del cine: Paul Newman. Sin embargo, ahora la ciencia nos dice que los ojos azules no existen.

Que la mirada azul casi transparente que deslumbró al mundo en “Un largo y ardiente verano” o en “La gata sobre el tejado caliente” son poco menos que una farsa.

Pero si los vemos de ese color, ¿cómo puede ser esto posible? A pesar de lo que parece a simple vista, realmente no son azules, porque el ojo humano no posee un pigmento azul que aporte esa tonalidad.

La solución del misterio es el mismo con el que la ciencia explica el color azulado del cielo o el verde del mar.

Los colores no son más que la forma en la que nuestros ojos interpretan la luz que llega hasta ellos, procedente de los diferentes objetos que los rodean. Por lo tanto, los colores son, simplemente, luz. ¿De qué depende entonces esa interpretación y los diferentes tonos que vemos? Pues nada más y nada menos que de la cantidad de luz que absorban o reflejen esos objetos.

La luz está compuesta por un conjunto de longitudes de onda, cada una identificada con un color: las longitudes de onda más grandes son las rojas, naranjas o amarillas; mientras que las más cortas se identifican con los tonos azules y morados.

Así, cuando la luz llega hasta un objeto, éste absorberá o reflejará algunas de ellas en función del material del que esté hecho, dictaminando su color. Las que refleje llegarán a tus ojos, el cerebro traducirá su longitud de onda por un color y relacionarás ese tono con el del objeto, mientras que las que absorba, no colaborarán a la asignación de la tonalidad.

¿Qué ocurre, entonces, con los ojos azules? Que no poseen ningún pigmento azul que los tiña, sino que el tono azulado se debe únicamente al comportamiento del iris: absorbe las longitudes de ondas largas de la luz, dejando reflejarse las tonalidades que se relacionan con el color azul. No es éste el caso de los marrones, donde la melanina (sustancia también relacionada con el color moreno del pelo o de la piel) se sitúa en el iris, tiñéndolo directamente de castaño.

Es esta zona, el iris, la responsable de dotar de color al ojo humano. Se compone de dos capas principales: el epitelio pigmentario y el estroma. La primera, el epitelio, contiene, para casi todas las personas, una cierta cantidad de melanina, es decir, de pigmento marrón. Por eso, el protagonista en este aspecto de la tonalidad es la segunda capa, el estroma, compuesto por una serie de fibras superpuestas y un gran número de células especializadas.

Si el estroma carece de pigmento, las fibras se dispersan a lo largo de toda la zona, lo que conlleva que absorban las longitudes de ondas largas, reflejando las cortas, es decir, los tonos azules, dotando los ojos de ese color a la vista de otras personas. Sin embargo, cuando el estroma posee melanina, se combina con la de la parte trasera para cubrir el iris y pigmentarlo de marrón.

En cambio, los ojos verdes son una mezcla curiosa de ambos casos. Así, de la misma forma que los pardos, para que se dé esa tonalidad la cantidad de melanina en el estroma debe ser poca y estar acompañada de un pigmento marrón muy claro, llamado lipocromo. Así, la falta de melanina provocaría un tono azul, debido a la reflexión de la luz, pero la aparición del lipocromo se combinaría para dar lugar a los tonos verdes.

Esto mismo explica el porqué algunos bebés, hasta su primer año, normalmente presenten los ojos azulados, y posteriormente se tornen marrón o café. Esto es debido a que, al nacer, no hay demasiada melanina y es, justamente, durante el primer año de vida cuando este pigmento se va acumulando, oscureciendo el iris de los infantes.