Colo Colo 2020: otra vez los contrasentidos


Con la llegada de Miguel Pinto y César Fuentes, la cacareada aspiración de bajar el promedio de edad del plantel y dar paso a los de casa de nuevo parece chocar contra las urgencias que siempre terminan primando en Pedrero.

Todo día tiene su afán. Es cierto, a veces no queda otra que ser cortoplacista. Pero contra esa compulsión siempre será posible pensar con la mente fría y no abandonar a la primera proyectos minuciosa y largamente diseñados.
Ese apremio es el que parece permear de nuevo a Colo Colo con las contrataciones de Miguel Pinto y César Fuentes.
Sin aminorar un ápice sus méritos y aceptando la urgencia del club y de Mario Salas por recuperar el paso extraviado durante este año, ninguno de los dos suena imprescindible de cara a los nuevos desafíos.
Menos si sus llegadas son examinadas a la luz del ideario dinámico y revulsivo del DT y también del famoso proyecto 60/40, anunciado en febrero pasado, y que pretende terminar nutriendo, de aquí a seis años, al primer equipo con una mayoría de canteranos.
En el caso de Pinto, a sus 36 años y habiendo pasado ya su mejor época, no parece ser el reserva más adecuado de Brayan Cortés (22). Menos, si ya estaba Darío Melo, que con 26 años y amplia experiencia profesional e incluso internacional, daba el tono para afrontar emergencias. Con su llegada, Pinto relegará al baúl a Melo, incluso puede precipitar su salida, y también bloquea a un portero que el club ha preparado concienzudamente desde hace años: Omar Carabalí, que seguramente estará en la Selección Preolímpica y que luego de ese torneo deberá buscar un destino donde ir a préstamo.
Lo de Fuentes tampoco se entiende mucho. Es cierto que satisface a Salas, que acumula
experiencia y que está muy lejos de llegar a su declive. La contradicción surge acá porque en Pedrero abundan los volantes de su perfil formados en casa y que, incluso, pueden alcanzar mayor proyección que el rancagüino, cuya gran cualidad es solamente el orden táctico. De partida está Gabriel Suazo (22), que por dinámica, atrevimiento y disparo, es una de las mejores promesas del mediocampo nacional. Y junto con él han ido sumando experiencia jóvenes como Branco Provoste (19) y Williams Alarcón (19), ambos con muy buen pie y conocimiento de la zona media de la cancha. Por si fuera poco, regresan de sus préstamos Jorge Araya (23) y Benjamín Berríos (21). Muy técnico el primero y más dinámico el segundo, por su juventud y cualidades eran buenos candidatos para agilizar el tránsito del balón, que uno supone es el objetivo principal de Salas durante el próximo año.
Estas situaciones, más la exclusión de otro canterano, Cristián Gutiérrez –cuya velocidad y marca en el flanco izquierdo de la defensa no destiñeron sino hasta una lesión que lo marginó por largas fechas- dejan en entredicho dos objetivos declarados por el club.

El primer contrasentido es inmediatista y tiene que ver con el rejuvenecimiento del equipo.
Porque si Salas quiere implantar por fin su fútbol dinámico, atosigante y atrevido, se suponía que ahora sí se desharía de los veteranos y daría paso a los jóvenes. Pero solo se fue “Pajarito” Valdés (38). Seguirán en cambio Paredes (39), Barroso (34) y Carmona (32), se quiere retener al “Mago” Valdivia (36) y a Insaurralde (35), y está a punto de retornar el “Mati” Fernández (33).
La segunda incongruencia es a mediano plazo, porque se sigue postergando la consolidación del mentado “Proyecto Fútbol Joven Colo Colo 60/40″, que ilustra el deseo de que el año 2025, centenario del club, esa sea la proporción de canteranos versus foráneos.
Si sigue primando la necesidad de conseguir títulos o impedir goles con contrataciones que van en sentido contrario de lo que se declara y promete, no es mucho lo que se puede creer de los dese de convertir por fin a Colo Colo en un grande de verdad.