Colo Colo cumplió mayoría de edad ganándole a la U en el Monumental

En un partido horrible y mal jugado por ambos cuadros, hasta el gol que implicó el triunfo del Cacique fue feísimo. El elenco universitario fue a la cancha alba exclusivamente a no perder y así le fue ante un equipo que al menos mostró un poco más de ambición por quedarse con los tres puntos.

En un partido discretísimo como pocos, paupérrimo desde el punto de vista técnico y de las emociones, Colo Colo cumplió con su costumbre de ganarle a la U el Superclásico en el Monumental. Esta vez por la cuenta mínima y con un gol de Insaurralde que estuvo a tono con el espectáculo brindado por los dos equipos que, sin duda alguna, constituyen lo mejor de nuestro mediocre fútbol casero.

Nada de belleza hubo en la conquista alba que sirvió para refrendar una paternidad alba de 18 años en el recinto de Macul. Corrían 65 minutos de enervante falta de ideas y de precisión cuando, tras un córner y un mal rechazo de Echeverría, la pelota le quedó a Opazo, quien metió el centro que cabeceado por Barrios, en su única aparición de mérito de todo el partido, fue a dar contra el vertical. El rebote le quedó a Insaurralde, quien con el pecho la envió a las mallas ante los injustificados y desaforados reclamos de un Johnny Herrera que alegaba una mano del todo inexistente por parte del zaguero.

Un gol feísimo, pero coherente con lo que fue el partido más esperado del año. Un encuentro que mantuvo hasta el final el interés por lo que significa el morbo en este tipo de duelos, pero que debe ser uno de los peores protagonizados por albos y azules en toda su historia.

Si Colo Colo volvió a imponerse al archirrival fue porque, por lo menos, buscó más y propuso más frente a un rival para el cual pisar el pasto del Monumental ya se ha convertido en todo un trauma.

Porque, ¿a qué salió esta U de Kudelka? Claramente, a no perder. A cerrar espacios, a maniatar a Valdivia, el cerebro albo, sabiendo que cuando el “Mago” no funciona Colo Colo es un equipo sin claridad, ideas ni inventiva. Y en buena medida lo consiguió, sacando provecho además de un partido en que el volante no pudo sustraerse a la imprecisión generalizada, en que el balón parecía quemar los pies de todos. No sólo eso: Valdivia perdió más que ganó cuando, intentando crearse el claro, pretendió girar para dejar atrás a sus marcadores.

Pero, ofensivamente, ¿qué buscó la U? Durante la primera etapa, apenas el palotazo largo que pudieran cazar la velocidad de los tres en punta, es decir, Arancibia, Henríquez y Soteldo. Sólo que la defensa alba, mucho más lenta, se las arreglaba con oficio y aplicación para abortar una y otra vez las tibias y desordenadas cargas azules. Parecía que la U dejaba entregadas sus posibilidades de gol más a la fortuna que a una elaboración futbolística para la que, dicho sea de paso, tampoco tenía los hombres.

¿Jugó Lorenzetti, por ejemplo? El mismo jugador que durante la semana había reconocido que un tema pendiente para él en su larga trayectoria con la camiseta azul era ganar en el Monumemntal, tendrá que concluir que, por esta vez al menos, deberá seguir esperando para sacarse por fin la espina que lo clava a él y a todos sus compañeros. Simplemente porque nunca apareció.

Frente a un rival claramente temeroso de cosechar otra derrota en una cancha para ellos maldita durante tantos años, Colo Colo tenía mucho más el balón y controlaba mejor el partido, pero tampoco era capaz de procurarse ocasiones claras. Además de que Valdivia no era el generador de otras oportunidades, Barrios y Paredes se mostraban particularmente desacertados para controlar el balón y procurarse el claro dejando atrás a un marcador con habilidad.

Y si a eso le sumamos que para abrir la cancha Opazo depende mucho más de su velocidad que de su talento, y que Pérez fue escasamente acompañado las veces que pasó, sacar conclusiones resulta fácil: mientras la U no quería, Colo Colo no podía.

Como sea, mientras tanto Herrera como Orión vivían un partido insólitamente tranquilo para todo lo que estaba en juego, al meta azul al menos le tocaba intervenir de tanto en tanto. Como para enviar al tiro de esquina un tiro libre de Paredes que se le podía colar en el ángulo más alejado. O estirarse ante un cabezazo de Valdivia que se perdía por poco frente al vertical.

Orión, en cambio, ni necesidad tuvo de exigirse a fondo frente a algún disparo. Lo suyo fue apenas estar atento a la eventual falla de algún zaguero o quedarse una y otra vez con el balón ante centros insulsos, tirados como por compromiso.

Una de las pocas jugadas de mérito, futbolísticamente hablando, fue protagonizada por Colo Colo a tres minutos de la reanudación del juego en su segunda etapa. Una jugada iniciada por la banda izquierda, prosiguió con una precisa pared de Paredes para Valdivia que dejó al “Mago” destapado para el remate, sólo que el volante albo dejó ir la preciosa oportunidad con un disparo que se le fue apenas elevado sobre el travesaño.

Recién tras el gol de Insaurralde, y a juego perdido, Kudelka, el técnico azul, intentó torcer el rumbo de un cuadro que, hasta ahí, no había jugado a nada. Metió a Ubilla por un Arancibia inexistente, y poco después excluyó a un fantasmal Lorenzetti para el ingreso de Pizarro. Y cuando ya no quedaba nada, a Henríquez para el ingreso de un “Torito”Díaz con una misión clara: cazar algún centro o un rebote, pelearles a los zagueros albos. Después de todo, peor de lo que lo había hecho Henríquez, imposible.

¿Qué puede pretender la U jugando como esta vez lo hizo y teniendo en la práctica un solo jugador capaz de sorprender? Nos referimos, ciertamente, a Soteldo, el único que, aunque esporádicamente, preocupó a la defensa alba por habilidad y velocidad.
Los minutos finales, con Colo Colo atesorando su mínima ventaja y dejando la posibilidad de otro gol entregada exclusivamente a que Barrios o Paredes se las arreglaran, dieron motivo a la aparición de esos ingredientes que sirven para eludir las razones futbolísticas para explicar una derrota inapelable.
Como que en el área de Herrera cayera una bengala lanzada por un simio (y que nos perdonen los simios). Como que, ya en los descuentos, Ubilla se inventara burdamente un penal que, sin embargo, fue el pretexto justo para que el mundo azul, desde el presidente Carlos Heller, el público, los jugadores y Kudedlka, volvieran a reflotar argumentos que a estas alturas ya no se sostienen.

Como que Julio Bascuñán, el juez de la brega, les había robado el partido. Como que el Monumental había sido el escenario de uno de los mayores escándalos de los últimos tiempos.

Las cosas claras: Colo Colo ganó porque fue el menos malo de los dos y tuvo el indudable mérito de buscar con mayor ahínco la victoria.

Y la “U” volvió a perder el Superclásico porque su temor a volver a caer en esa cancha fue mucho más fuerte que su intención de ganar. Ni hablar de sus recursos. Reiteramos: ¿qué pelota de peligro atrapó Orión en los 110 minutos que duró el partido?

¿Qué el partido fue horrible? A nadie le importa. Menos a los albos. Porque como alguna vez dijo el gran Alfredo Di Stéfano, “hay que ganar siempre, aunque sea con un gol con la mano”.

El de Insaurralde fue con el pecho, pero da lo mismo. Lo único que vale y cuenta es que Colo Colo cumplió la mayoría de edad ganándole en su cancha a un archirrival que para estos partidos ya está pidiendo a gritos un sicólogo.

PORMENORES
Torneo Nacional. Vigésimo primera fecha.
Estadio: Monumental.
Público: 35.788 espectadores.
Arbitro: Julio Bascuñán.
COLO COLO: Orión; Zaldivia, Barroso, Insaurralde; Opazo, Baeza, Carmona (67’ Valdés), Pérez (60’ Fierro); Valdivia (83’ Pavez); Barrios, Paredes.
U. DE CHILE: Herrera; Echeverría, Vilches, Vaz, Rodríguez; Espinoza, Seymour, Lorenzetti (69’ Pizarro); Arancibia (66’ Ubilla), Henríquez (81’ Díaz) y Soteldo.
GOL: Insaurralde, a los 65 minutos.
Tarjetas amarillas: En Colo Colo, Opazo, Zaldivia, Insaurralde, Carmona y Pérez; en Universidad de Chile, Echeverría, Rodríguez y Seymour.
Tarjeta roja: Ubilla, de la U, a los 90+8’.