Colo Colo: el ciclo de Salas pende de un hilo

Si el “Cacique”, por lejos el peor equipo del campeonato en esta segunda rueda, no mantiene al menos su invicto de 18 años frente a la U, en el Monumental, la historia del “Comandante” en la cabina técnica alba habrá llegado a su fin. El problema es que quien llegue a hacerse cargo tendrá que hacer milagros, por la escasa calidad de los jugadores que existen hoy en el plantel popular.

Los paupérrimos números que exhibe Colo Colo, luego de concluido el largo receso de Copa América, entregan una realidad tan insólita como inquietante: con cinco puntos de veintiuno disputados, el “Cacique” sería colista si sólo se considerara la segunda rueda. Una segunda rueda tan ilógica, pero tan propia del fútbol de pacotilla que a todo nivel tenemos, que partió antes que se disputara la última fecha de la primera.

Números que, por lo demás, tornan más incomprensible la supuesta “tranquilidad” del director técnico albo, Mario Salas, expresada reiteradamente luego de los últimos contrastes. Porque ningún entrenador puede mantener esa templanza, y menos quien ejerce en Colo Colo, por historia y tradición obligado a ser campeón o, al menos, firme candidato a cuanto título a nivel local se dispute.

Hacemos la aclaración porque está visto que, ni Colo Colo ni los demás protagonistas de nuestro mediocre campeonato, poseen ni siquiera las más mínimas armas para expedirse en el plano internacional sin caminar permanentemente por la cornisa del papelón.

Para decirlo claro, en lo que va de campeonato otros técnicos han sido defenestrados por mucho menos que lo que ha marcado Salas al mando del “Cacique”. Como Francisco Meneghini, por ejemplo, el joven entrenador de Unión La Calera.

¿Qué gatilló este verdadero derrumbe albo, particularmente en cuanto a resultados, toda vez que la primera parte tampoco fue un dechado de jerarquía y contundencia respecto del juego?

Los sesudos analistas de los programas especializados, que hablan con propiedad acerca de la posesión de la pelota, y de que hay volantes “mixtos” y otros que no lo son (¿?), apuntan a la intempestiva salida del meta Agustín Orión como el detonante de la absoluta crisis futbolística alba. Según ellos, el “camarín se quebró”, cuestión que habría quedado más que patente con la asistencia de los “referentes” a la conferencia de prensa en que el argentino informó de su partida.

No es algo habitual, precisamente. No es lo que se estila, al menos.

Si algo faltaba para que las especulaciones subieran como la espuma, ahí estuvo la intervención de Esteban Paredes tras esa bullada conferencia en el Monumental. El capitán, a la denodada búsqueda de un record que le está jugando en contra tanto a él como al equipo, señaló crípticamente que “más adelante hay muchas cosas que se van a saber”.

No se necesita ser muy perpicaz, en verdad, para interpretar su frase como una velada crítica a la decisión de Mario Salas de prescindir de Orión.

Pero si todo eso tuviera algún asidero, habría que concluir que, molestos y dolidos por la anticipada partida de un compañero, los jugadores sufrieron tal shock que hasta hoy no han podido recuperarse. Hilando más fino aún, el golpe fue tan inesperado y tan duro que, de la noche a la mañana, a la mayoría se le olvidó lo poco que hasta ahí habían podido jugar.

La tercera opción, más de alguna vez mencionada en algún panel, hay que descartarla de plano. Por absurda y delirante: el plantel, con una que otra excepción, estarían “yendo a menos” para dar la hora gratuitamente y, con ello, propiciar el despido de Salas por parte de la usurpadora Blanco y Negro.

Ningún jugador en su sano juicio va a ir “para atrás” por propio gusto. Nunca. Por delante está su imagen de jugador que por algo -se supone- llegó a Colo Colo. Están en juego, y vaya que no es poco, ingresos por puntos ganados a los cuales nadie va a renunciar por una mal entendida solidaridad.

¿Qué pasó, entonces?

Que Salas se equivocó en la conformación de un plantel que él erróneamente creyó competitivo. Sumó a un Mouche que se ha venido por el tobogán y a un Costa que, salvo uno que otro golcito contra cuadros de tercera línea, nunca ha justificado su presencia. Peor aún: les dio otra oportunidad a un Vilches y a un Bolados que desde que llegaron a la tienda popular jamás fueron solución.

Para “fortalecer” su plantel incorporó a Parraguez como delantero y a De la Fuente como lateral izquierdo. Sólo que una cosa es defender la camiseta de Huachipato o la de la Universidad de Concepción y otra muy distinta la alba. Porque la historia de Colo Colo está plagada de jugadores que, siendo “Gardel” en sus equipos, pasaron por el Monumental sin pena ni gloria. Hacer una lista de esos fracasos sería larga y desgastante. Casi interminable.

¿Qué tenía Colo Colo para sustentar su capacidad competitiva? Veteranos que ya vienen de vuelta, como Barroso, Valdés, Valdivia y Paredes. Jugadores cuya indiscutible calidad de otrora se va viendo desgastada por el paso inclemente de los años.

Hoy, Barroso está lento, con el agravante de que Insaurralde también lo es. Paredes carece de la chispa que lo caracterizó y ni siquiera puede prosperar ya en tramos cortos frente a defensores más veloces y más fuertes. ¿Valdés? Puede rendir 20 ó 30 minutos, pero en 90 minutos va a terminar irremediablemente fundido.

En cuanto a Valdivia, es uno de los talentos más grandes que ha entregado el fútbol chileno a través de toda su historia. Y aunque con 34 años todavía podría rendir en un alto nivel en un fútbol como el nuestro, conspiran contra sus posibilidades sus lesiones y sus casi siempre absurdas expulsiones. En su caso, y lamentablemente, su incipiente veteranía no significó la madurez que da el criterio.

En resumen, Colo Colo inició este campeonato con un plantel absolutamente sobrevalorado, en el que parecía tener más importancia la calidad que la cantidad. Más los blasones de años pasados que la categórica realidad actual.

Nadie vio esas señales durante el largo receso. Un paro de dos meses que significó incluso perder a Pavez, el jugador más importante de ese mediocampo, por todo lo que corría y metía.

Encandilados por una campaña en que los puntos eran poco coherentes con lo que el equipo jugaba, y porque el puntero Universidad Católica estaba ahí, a sólo cuatro unidades, ni Salas pidió nada, como no fuera integrar a Rossi, ni Blanco y Negro hizo un mayor esfuerzo por “romper el chanchito” y conseguir, al menos, un volante de calidad que apurara a Valdivia y un tipo de área que significara un revulsivo cuando Paredes ya no se pudiera las piernas.

La pésima campaña, lo mal que juega, al punto que Colo Colo es el peor equipo de todos cuantos animan la segunda parte de nuestra competencia, amenaza con no tener remedio. El “Cacique” se hunde fecha a fecha, al punto que incluso el colista, ese equipo que no ganaba desde hacía once fechas, en Collao terminó pasándole por encima.

Como es lógico, por lo demás, Salas ha caído en la más absoluta de las confusiones. Frente a la Universidad de Concepción excluyó a Mouche, cuando claramente el argentino no era quien peor jugaba; echó mano a Morales como la gran solución, después de tenerlo dos o tres fechas “cortado” sin motivo aparente ni declarado; no utilizó a Costa, que es verdad que no ha rendido nada, pero aún así, y hasta aquí, había sido uno de sus jugadores favoritos; mantuvo hasta el final a Paredes, incluso tras decidir el ingreso de Parraguez, cuando está claro que tener más hombres en ofensiva no te garantiza nada, como no sea a veces una mayor confusión por la superposición de roles dentro de una cancha.

¿Le servirá de algo a Colo Colo esta nueva detención del campeonato con motivo de las festividades patrias? Por lo pronto, frente a Audax Italiano Salas ya podrá contar con Jorge Valdivia y podrá volver al equipo Insaurralde, que algo de oficio tiene. ¿Cuál es el problema con el “Mago”? Que suma cuatro amarillas, por lo que una más frente al cuadro itálico lo dejaría fuera del Superclásico.

El pueblo albo, harto de un equipo absolutamente inope, podrá tolerar cualquier cosa, menos resignar una paternidad incontrarrestable de 18 años frente a la U en el Monumental, amén de siete temporadas en el Estadio Nacional.

Si Colo Colo, como la lógica por lo demás indica, llegara a perder ese partido, el ciclo de Mario Salas en la banca alba habrá llegado irremediablemente a su fin.

Se lo damos firmado.