Colo Colo 0-1 Wilostermann

Colo Colo: el enésimo y más triste papelón

Los regentes de Blanco y Negro, con una caradura digna de exposición, soñaban con recibir el millón de dólares que implicaba clasificar a la fase de octavos de la Copa Libertadores. ¿Con este equipo, con estos jugadores? No sean frescos. Perdiendo 1-0 ante el Wilstermann boliviano el “Cacique” está condenado a luchar denodadamente apenas para salvarse de una histórica caída a los “potreros”.

Por EDUARDO BRUNA

Cuando cualquiera, con un mínimo de lógica y raciocinio, podría pensar que Colo Colo tocó fondo, y que no podría jugar peor ni podría seguir protagonizando papelones, la cruda realidad constituye todo un cachetazo. Perdiendo por la cuenta mínima frente al Wilstermann de Bolivia, el “Cacique” ratificó que sigue en caída libre. No sólo no tuvo jamás ni la más mínima opción de seguir en carrera en la Copa Libertadores, clasificando a la fase de octavos, sino que su derrota lo condenó al último lugar del Grupo C, con miserables seis puntos que ni siquiera le dieron para obtener el premio de consuelo que significaba ir a la Copa Sudamericana.

El encuentro del Monumental fue una nueva pesadilla alba. Más bien una vergüenza infinita, porque no se puede jugar peor y mostrar tal colosal impotencia frente a un cuadro que, como el Wilstermann, es apenas discreto, por más que con su triunfo haya desplazado a Peñarol y al Paranaense y se clasificara -sorpresivamente-, primero en el grupo.

Al cuadro de Cochabamba le bastó jugar aplicadamente y cerrar espacios para reducir a Colo Colo a su más mínima expresión. No era una tarea titánica, ni mucho menos. Sin un armador, sin entrada por las bandas y con un Paredes que claramente ya no está para la competencia internacional, el “Cacique” tampoco cuenta con ese “plus” que suele sacar de apuro cuando escasean las ideas y los recursos, esto es, remate de distancia o cabeceadores capaces de ganar al menos uno de los tantos centros que suelen caer sobre el área cuando -como esta vez- cunde la desesperación.

Digamos, de partida, que el meta paraguayo Jiménez del Wilstermann, durante todo el primer tiempo apenas tuvo trabajo repeliendo un disparo desde fuera del área de Véjar, el único que se atrevió en un par de oportunidades a explorar esa vía. Y es que ni Bolados ni Costa existieron. Tampoco Opazo y Véjar en lo que a desbordes por las bandas concierne. ¿Qué quedaba? Una pared milimétrica y viveza para superar el permanente anticipo del fondo boliviano, sólo que eso era como pedirle peras al olmo. Las pocas veces que tal recurso se intentó el que iba a buscar la devolución -cualquiera- tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos para intentar controlar el melón que le habían tirado de vuelta.

Naturalmente que, frente a jugadores tan pobremente dotados técnicamente, los defensores bolivianos se hacían un pic-nic. Era cuestión de aplicarse un poquito y ya, para que la trabajada carga alba, por lo demás con cero velocidad y menos sorpresa, se viera una y otra vez abortada.

El segundo lapso fue de una monotonía tremenda: el Wilstermann, bien parado atrás, incluso con menos metros respecto de su arco que en la primera etapa, sacaba la tarea adelante sin nada de sobresaltos. De tanto en tanto, hasta intentaba un tibio contragolpe, pero estos a cada minuto eran más esporádicos. Colo Colo, mientras tanto, seguía chocando y arremetiendo a ciegas, sin la más mínima muestra de inteligencia ni habilidad. No vamos a hablar de talento, porque eso sería como intentar tomar en serio a un equipo que es para la risa. O, mejor dicho, para el desconsolado llanto.

Lo peor es que esa impotencia, esa desesperación, fue permeando incluso al técnico Gustavo Quinteros, que a estas alturas, y con toda razón, debe estar pensando dónde fue que vino a meterse. De partida, en el descanso excluyó a Fuentes para hacer ingresar a Provoste. ¡Provoste…! Un muchacho que viene teniendo oportunidades desde los tiempos de Guede y que nunca ha dado el ancho.

¿Qué esperaba con ese ingreso? ¿Tener más fútbol, más claridad? Date cuenta, Quinteros, que desgraciadamente el chico no trasciende, porque no crea nada y tampoco quita nada.

Que el técnico albo ya estaba absolutamente enloquecido y desesperado con el bodrio que su equipo protagonizaba, quedó claro en los minutos siguientes, cuando el “Cacique” chocaba y chocaba contra el eficiente muro defensivo boliviano. Porque excluyó a Paredes y a Valencia para hacer ingresar a Parraguez y Blandi. No sólo eso: faltando siete minutos reglamentarios excluyó a Opazo para hacer ingresar a un Iván Morales que no jugaba hacía como un año, más o menos. Un Morales que, por lo demás, como todos estos juveniles que Colo Colo viene promoviendo en los últimos años, carece de nivel para desenvolverse satisfactoriamente en un equipo de las mayores exigencias.

Es decir, que Colo Colo terminó jugando con tres centrodelanteros nominales. Era la desesperación elevada al cubo, porque sólo Blandi justificó en algo su presencia. Primero, desviando en forma increíble su cabezazo, ante un centro de Opazo, y luego, mediante otro frentazo ya en los descuentos, haciendo rebotar el balón en el vertical para que éste volviera mansamente a las manos del arquero.

Si a esas dos llegadas le sumamos el tiro de distancia de Véjar en el primer tiempo, en esas tres incidencias se condensó toda la capacidad ofensiva de un Colo Colo que partido a partido se desmorona futbolística, anímica y físicamente.

La guinda de esta indigesta torta alba llegó en el minuto 88, cuando tras un córner la defensa alba nunca supo resolver para al menos alejar el peligro de su área. El balón le cayó a Villarroel, ingresado minutos antes, y el disparo de este desde fuera de las 18 yardas dio fortuitamente en Provoste para alejarse por completo de Cortés.

Lo dicho: Colo Colo todavía no encuentra el fondo en su caída libre. Con lo miserable que es su juego, resulta de una audacia supina aspirar a algo. ¿Blanco y Negro soñaba con el millón de dólares de una eventual clasificación a octavos? No sean caraduras, muchachos, que con este equipo apenas están para luchar denodadamente por escaparle a los “potreros”.

PORMENORES

Partido por el Grupo C de la Copa Libertadores. Sexta fecha.

Estadio: Monumental.

Arbitro: Darío Herrera, de Argentina.

COLO COLO: Cortés; Opazo (83’ Morales), Campos, Insaurralde, Véjar (73’ De la Fuente); Valencia (60’ Blandi), Fuentes (46’ Provoste), Suazo; Bolados, Paredes (60’ Parraguez), Costa.

WILSTERMANN: Jiménez; Orfano, Venegas, Zenteno, Montero; Torrico, Aponte; Rodríguez (82’ Ballivian), Melgar (73’ Villarroel), Chávez (60’ Serginho); y Alvarez (82’ Arrascaita).

GOL: Villarroel, a los 88 minutos.

Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Opazo, Campos e Insaurralde; en Wilstermann, Venegas y Ballivian.

El resumen del partido:

https://www.youtube.com/watch?v=nDF3gHgcQFU