Colo Colo hizo una “poda” que muchos piensan todavía se quedó corta…

Nueve jugadores, protagonistas de la peor campaña alba en sus 96 años, dejaron de pertenecer al club, a petición del técnico Quinteros y con la anuencia de Blanco y Negro. El fin de la historia de Paredes, Valdivia, Fernández y Barroso con la alba, entre otros, sólo viene a ratificar que, nos guste o no, el fútbol es de momentos. 

Por EDUARDO BRUNA

Se veía venir, y de tal manera luego de una campaña para el olvido, que la poda producida en Colo Colo, un día después del Vía Crucis de Talca, no puede sorprender ni espantar a nadie. Ni siquiera porque, entre aquellos que deberán buscar otros destinos, aparecen ídolos inmensos, como Esteban Paredes, y jugadores que en su momento aportaron para la consecución de más de un título, como Barroso, Valdivia y el Mati Fernández.

Es que el fútbol es antes que nada presente. La historia y las estadísticas, que tan caras son en este deporte, sirven para los balances y los recuentos, pero en nada ayudan cuando se trata de planificar nuevos desafíos. Para decirlo pronto, algunos se van porque el físico ya no les responde, otros porque tampoco estuvieron a la altura de las expectativas y los hay finalmente que, como se trata de abaratar costos ante la incertidumbre instalada en Chile y el mundo, deben partir en búsqueda de otros horizontes.

El hecho de que todos ellos terminaran contrato, además, facilitó las cosas. Con la anuencia del técnico, Gustavo Quinteros, se van Esteban Paredes, Jorge Valdivia, Matías Fernández, Julio Barroso, Carlos Carmona y Miguel Pinto, sumándose a otros que, como Juan Manuel Insaurralde, Pablo Mouche y Nicolás Blandi, ya antes del partido definitorio para mantener la categoría, frente a la Universidad de Concepción, habían cerrado la puerta del Monumental por fuera.

Es que, más allá del legítimo dolor del hincha por esos que de una u otra manera fueron sus ídolos, y que ya no estarán más vistiendo la alba, como no sea en un eventual partido de homenaje “por los servicios prestados”, la renovación del cuadro popular hace tiempo se venía pidiendo a gritos. Al menos de aquellos que, entienden de qué se trata esto, y no apelan a burradas como aquellos que predican que hay que “mojar la camiseta”, “trancar con la cabeza” y “tener huevos”. Porque si de eso se tratara el fútbol, bastaría con ir a buscar esos mapuches ensalzados por Alonso de Ercilla en “La Araucana”, mientras que los equipos del mundo estarían llenos de “gurkas”.

Para ganar hay que cumplir primero que nada con el requisito de jugar bien. Y para jugar bien se requiere de un plantel equilibrado, conformado por buenos jugadores, y con la capacidad física suficiente para soportar el trajín de 90 minutos y los minutos adicionales que sean necesarios, según sea el caso.

Eso, claramente, Colo Colo ya no lo tenía, agravado además por la genial idea de Blanco y Negro de acogerse, en plena pandemia, a la Ley de Protección del Empleo, pergeñada por los ineptos de La Moneda no para favorecer a los trabajadores, sino que para proteger a los empresarios. Cuestión que explica, además, que un plantel de jugadores discretos retornara a la actividad con un estado físico penoso y una tendencia a lesionarse por cualquier cosa con una continuidad escalofriante.

Colo Colo era un equipo demasiado veterano. No sólo eso: algunos de esos veteranos demostraban en cada una de sus actuaciones ser ya ex futbolistas. Dolorosamente, eran los casos de Paredes, el “Mati” y el “Mago”. Y decimos dolorosamente porque, legítimamente, cada uno de ellos en su momento se ganó un lugar grande en el corazón de los hinchas. Sólo que -también lo sabemos- para un futbolista no hay nada más doloroso que encontrarse con el final a la vuelta de la esquina, cuando la pasión y las ganas se resisten a abandonar.

Del plantel albo 2020, en definitiva, ya se marcharon nada menos que nueve jugadores. Una cifra más que respetable, pero que es enteramente coherente con una campaña que tuvo a Colo Colo a un tris de perder la categoría tras casi 96 años de rica historia.

Y más allá de que sean nueve los desvinculados del equipo, que surja la pregunta es inevitable: ¿La poda alba acabó con estos jugadores que vencían contrato o continuará ahora con aquellos que, teniendo vínculo vigente, no siendo tan veteranos, y a lo mejor tampoco tan caros, también demostraron que la alba les pesó una tonelada?

Nos referimos, concretamente, a un Leonardo Valencia que, problemas judiciales de por medio, estuvo con la cabeza en otra parte, y tiene todos los visos de seguir con ese problema nadie sabe hasta cuándo. Nos referimos a Gabriel Costa, que con Gustavo Quinteros en la banca algo mejoró y al menos aportó lucha, pero copa cuota de extranjero y no se antoja sensato gastar un cupo en un tipo tan impredecible y tan enredado. Nos referimos, finalmente, a dos de los cuatro centro atacantes que tuvo Colo Colo -Javier Parraguez e Iván Morales-, que, de no existir un vínculo contractual de por medio, perfectamente pudieron sumarse a aquellos que ya se fueron.

Y es que ninguno de los dos, con diferentes recursos y actitud en la cancha, porque Parraguez fue, como sea, bastante más útil que Morales, demostraron estar futbolísticamente a la altura de los desafíos que deberá enfrentar Colo Colo durante una temporada en que estará obligado a borrar todo lo malo que tuvo ésta. 

Si Parraguez siguiera en los planes de Quinteros, habría que verlo como integrante de un plantel al cual echar mano en determinadas circunstancias. Respecto de Morales, sin embargo, la apreciación es del todo distinta. Porque viene teniendo oportunidades hace años, y porque tiene tan poca autocrítica, que hasta se ha dado el lujo de provocar gratuitos problemas extra futbolísticos. ¡Eso queda, y hasta por ahí nomás, para los buenos pues cabro…!”.

De los muchachos de la denominada “cantera alba” es bien poco lo rescatable con miras a lo que se viene. Desde que está Blanco y Negro han tirado al ruedo casi puros caballos cojos a los que claramente la camiseta les quedó grande. Y el punto no puede ser soslayable, porque con todos los que ya se fueron, y a lo mejor un par más que pudiera seguir el mismo camino, la conformación de un plantel capaz, y criteriosamente generoso, significará traer un número de nuevos elementos al menos coherente con lo que fueron los éxodos.

Eso significa dinero, pero ocurre que Blanco y Negro tiene un hoyo financiero tan gigantesco que el pichiruche monto por el cual se le decretó a Colo Colo en 2002 una quiebra tan ilegal como fraudulenta, se antoja toda una minucia. Para decirlo en forma clara: si estos iluminados regentes no deciden un alza de capital, no se ve por dónde puedan llegar jugadores de calidad que contribuyan a hacer olvidar el desastre que significó una temporada de angustiosa pesadilla.

Está claro que, de las caras nuevas mostradas en los últimos tiempos, sólo el larguirucho Jeison Rojas, con todos sus ripios y sus metidas de pata típicas del jugador inexperto, supera la prueba de la blancura. Con mayor razón si se observa que, a causa de las apremiantes necesidades, tuvo que jugar de lateral, en circunstancias que su ubicación natural es la de zaguero centro.

En esta hora de decisiones dolorosas, la reacción de la hinchada alba, llorando por la partida de algunos de esos que fueron sus ídolos, es absolutamente comprensible. Pero irracional, como suele ser el hincha, y más cuando participa de la masa tan amorfa como vociferante.

Es la ley de la vida, muchachos. En este caso específico, la ley del fútbol.

¿Ustedes creen que a la dirigencia del Barcelona no le costó abrirles las puertas del club a tipos como Chavi e Iniesta, después de toda la contribución que hicieron en sus muchos éxitos y títulos? ¿No fue lo mismo que les pasó a los personeros del Real Madrid cuando llegó el momento de desprenderse del arquero Iker Casillas y Raúl, todo un portento en el mediocampo de la “Casa Blanca”?

Fíjense lo que está pasando con Gerard Piqué por estos días en la Ciudad Condal. Que el “Barza” haya sido vapuleado en el mismísimo Camp Nou en la Champions, por el París Saint Germain, fue sólo la guinda de la torta para una afición y un periodismo que entienden que, nos guste o no, hay ciclos que llegan a su fin. Creen que eso es lo que está ocurriendo con Piqué, inmenso zaguero central del Barcelona y de la Selección Española, campeón de Europa y Campeón del Mundo, nada menos, en Sudáfrica 2010.

Lo encuentran lento, sin esa flexibilidad y capacidad de reacción que lo transformó en uno de los mejores centrales del mundo. Piensan que, al menos en el “Barza”, con el momento que con 34 años vive, no es el aporte de antes y que ya viene siendo aconsejable su salida del equipo.

¿Se dan cuenta, zopencos, que si eso le pasa a un jugador de talla mundial es lo más normal del mundo que les suceda a Paredes, al “Mati”, al “Mago” y a Barroso?