Colo Colo jugó con fuego y terminó quemándose

Amparado en una exigua ventaja, el cuadro albo renunció a ser la tromba que había sido en la primera etapa. Ya fuera por una evidente baja física de varias de sus figuras, o porque pretendió “cerrar” el partido, en el segundo tiempo le cedió el balón y el terreno de juego a Antofagasta. Lo pagó caro: el empate le entregó en bandeja el título a su archirrival, Universidad de Chile.

Desnudando su absoluta falta de jerarquía, concepto que ya habíamos enunciado en anteriores comentarios, Colo Colo no pudo superar a Antofagasta en su cancha, a estadio lleno, y debió conformarse con  un empate a uno que, salvo un milagro en la última jornada del Torneo de Clausura, le va a significar resignar el título de campeón, toda vez que Universidad de Chile sí sacó su tarea adelante en Rancagua.

El resultado es, por cierto, un balde de agua fría para las aspiraciones albas, pero absolutamente coherente con lo que fue su actuación en el segundo tiempo, en que desapareció por completo el cuadro arrollador de la primera etapa para dar paso a un equipo chato, sin luces, y en que la expresión colectiva inicial terminó por completo desdibujada.

Para decirlo pronto y claro: Colo Colo perdió absolutamente la pelota ante un cuadro apenas discreto y quedó la impresión de que, a favor de la ventaja conseguida por Rivero, en la primera etapa, pretendía “cerrar” el partido. Pero ya se sabe lo peligroso que resulta ir tras un objetivo tan pobre y tan pueril: basta una desaplicación, un pequeño error o un acierto del rival, para que todo se vaya por la borda.

Fue lo que le ocurrió al Cacique, que en el minuto 87, finalmente, se quemó de tanto jugar con fuego: ante un tiro de esquina le falló el cálculo en la salida a Salazar y la pelota fue impulsada dramáticamente hacia las mallas por Villagra. ¿Culpa del arquero? Puede ser, porque claramente falló en esa jugada, pero ya había salvado antes a su valla de una caída inminente, repeliendo con los pies, en la línea de meta, un cabezazo a quemarropa de Orlando.

Los últimos minutos albos, para el numeroso público que casi repletó el Monumental, movido por la aspiración de bajar su estrella número 32, fueron una mezcla de frustración, desencanto y no poca ira. Y es que le habían fallado sus jugadores, pero también el hombre encargado de conducirlos: Guede realizó cambios que esta vez no le resultaron para nada, excluyendo hombres que estaban siendo un al menos aceptable aporte y manteniendo en cancha a otros que, como Valdés y Paredes, dejaban en claro en cada intervención que ya no estaban en condiciones físicas de sostener el ritmo intenso que se necesitaba para ganar.

Colo Colo pagó tributo a esa falta de jerarquía que se echó de menos en el tramo final de este campeonato. Tras un comienzo esperanzador para sus huestes, primero igualó en el Monumental frente a Huachipato para luego caer en Iquique. Y lo que vino no fue mejor: no perdió el clásico frente a su tradicional rival, es cierto, pero tampoco fue capaz de derrotar a Palestino y hasta cosechó su segundo contraste en Quillota, frente a San Luis.

En otras palabras, el elenco de Guede fue rotundamente incapaz de sostener el tranco arrollador de las primeras fechas. Sólo la mediocridad manifiesta de este campeonato nuestro permitía que, a pesar de los muchos puntos resignados en  el camino, Colo Colo conservara intacta sus posibilidades de campeonar una vez más.

Antofagasta, un equipo discreto, más acostumbrado a transitar por la medianía de la tabla hacia abajo, hizo lo que tenía que hacer: complicó a Colo Colo cerrando todos los caminos durante el primer tiempo y prácticamente no atacó.

Defendió el cero hasta que pudo aparecer Rivero para anticiparse al defensor que intentó el cierre ante el centro rasante de Valdés, pero de ahí en adelante, a juego perdido, intentó hacer daño, como sabiendo que este Colo Colo limitado es un cuadro sólo de ráfagas que, cuando no son aprovechadas, termina nublado y en la más absoluta de las impotencias.

En esos momentos de apremio, Antofagasta tuvo en el arquero, Juan Manuel García, un factor vital para que la cuenta fuera tan exigua que en cualquier momento podía llegar el zarpazo que acallara el Monumental.

El título perdido en la recta final, a dos metros de la meta, tiene que provocar un terremoto en el seno del Cacique. Incapaz –como todo cuadro nacional- de competir internacionalmente con ciertas posibilidades, su exigente hinchada no se va a quedar impávida al observar este nuevo fracaso. Fracaso agravado –además- porque significará dejarle el campeonato en bandeja al archirrival, Universidad de Chile.

Colo Colo es un cuadro demasiado veterano que, para colmo, se va volviendo previsible con el correr de los minutos. A la pérdida natural de vigor físico para mantener el ritmo intenso, se suma el hecho notorio de que carece de desborde por las bandas, no tiene tiro de distancia y tampoco muchas posibilidades en el juego aéreo. Bien marcado Paredes, sus opciones son prácticamente nulas.

El Cacique, pues, pasó del cielo al infierno sin transición de ningún tipo. Depende de ir a ganar a El Salvador y que San Luis le saque puntos a Universidad de Chile. Un milagro. Y, se sabe, los milagros no suelen ser frecuentes, mucho menos en el fútbol.

Colo Colo ya gastó su milagro ganándole en el último minuto de descuento a Everton.

PORMENORES

Torneo de Clausura. Fecha 14.

Estadio: Monumental.

Público: 38.996 espectadores.

Arbitro: Patricio Polic.

COLO COLO: Salazar; Meza, Barroso, Baeza; Figueroa (90’  Gonzáles), Pavez, Valdés, Suazo; Fernández (67´ Véjar); Paredes, Rivero (60´ Morales).

ANTOFAGASTA: García; Barrios, Muñoz, Rojas, Jerez; Sandoval, Villagra, Droguett, Araos (90’ Corral); Orlando y Ciampichetti (46’ Carvallo).

GOLES: Para Colo Colo, Rivero a los 23’; para Antofagasta, Villagra a los 87’.

Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Salazar, Barroso y Pavez; en Antofagasta, Rojas y Sandoval.