Columna de Eduardo Bruna: Colo Colo no fue campeón en quiebra, fue secuestrado y luego usurpado

Con motivo de los 20 años de la obtención del título número 23 que ostenta el Cacique, se ha insistido majaderamente, por parte de cierta prensa pertinaz, ignorante o alcahueta, que la tienda popular se levantó del suelo para sumar una nueva corona con casi puros jugadores juveniles. ¿Hasta cuándo van a repetir esa monserga barata?

Por EDUARDO BRUNA / Foto: ARCHIVO

La pertinacia, o la ignorancia y mala fe de muchos periodistas y comunicadores de este país, verdaderamente me descompone. Y es que, a raíz de cumplirse 20 años deltítulo 23 de Colo Colo, se signó tal logro como “el de Colo Colo en la quiebra”.

Si con ello se pretende elogiar y reconocer uno de los campeonatos más difíciles y sufridos del Cacique a través de su historia, puede entenderse. Después de todo, con excepción de Raúl Muñoz, Marcelo Espina, un Marcelo Barticiotto que ya quemaba sus últimos cartuchos con la camiseta alba, y la solitaria incorporación de Francisco Huaiquipán, proveniente de Magallanes, el resto del plantel popular estaba integrado sólo por muchachos juveniles provenientes de la cantera alba.

Fue, en buenas cuentas, un equipo que se armó prácticamente de la nada, pero con muchachos que respondieron porque, entre otras cosas, en aquellos años los clubes, al ser Corporaciones de Derecho Privado, sin fines de lucro, invertían buena parte de sus ingresos en el fortalecimiento de sus series menores y, no tenían, como ahora, tener que estar sacando cuentas acerca de cuánto hay que repartir por dividendos entre los accionistas. Dicho de otra forma: se trabajaba mejor y con mayores recursos que los de ahora, en que invertir en formación se considera un gasto casi tan innecesario como superfluo.

Pero hablar de “un Colo Colo en la quiebra”, convencido por completo de esa falacia, es suponer, lisa y llanamente, que quien así define la situación no tiene idea de lo que dice, o que forma parte de aquellos corifeos y alcahuetes que, por vivir del fútbol, se hacen olímpicamente los bobos.

Sépanlo todos: Colo Colo nunca estuvo en quiebra. Colo Colo estuvo secuestrado por los poderes fácticos de este país para luego ser entregado al mejor postor, al usurpador o grupo de usurpadores que vieron en la incontrarrestable popularidad del Cacique un negocio. O la vitrina para darse a conocer, salir del oscuro anonimato y, de paso, tender todo tipo de redes para hacer negocios por otro lado.

Colo Colo, es verdad, en ese verano de 2002 atravesaba en ese momento por graves momentos de falta de liquidez. No había en tesorería el efectivo para responder oportunamente a cada una de las obligaciones contraídas. Pero, ¿era esa situación algo nuevo en la tan triunfal como azarosa historia del club? Para nada. Colo Colo había vivido antes momentos de dramática estrechez, así como períodos de bonanza que ayudaron a elevar la institución en todos los planos.

¿Cómo podía, además, ser declarado en quiebra un club que, aparte de su plantel de jugadores y de su estadio, contaba con el Teatro Caupolicán y una sede de lujo en calle Cienfuegos 41? Es decir, había cómo responder, sólo que la jueza Helga Marchant, titular del 22° Juzgado Civil de Santiago, había echado a andar una maquinaria bien aceitada y preparada con tiempo: había que quebrar a Colo Colo, y luego a la U, para implantar en Chile el nefasto y corrupto sistema de Sociedades Anónimas Deportivas.

El argumento fue una demanda de la Asociación Chilena de Leasing, que había instalado el nuevo marcador a espaldas de la Avenida Departamental, y a la que se le debían 55 millones de pesos de la época, por seis cuotas impagas, y una del jugador Juan Carlos González, a quien se le adeudaban 15 millones tras cinco años de permanencia en el club, proveniente de Unión Española.

Arturo Yussef y Jorge Ovalle, abogados de Colo Colo, nada tardaron por cierto en pedir audiencia y ser recibidos por la jueza Marchant. Y esta fue muy clara y tajante: si Colo Colopagaba prontamente esa deuda, ella no tenía ningún problema en dejar sin efecto la quiebra.

Peter Dragicevic, presidente de Colo Colo en ese momento, enterado de la respuesta de la jueza fue al día siguiente a pagar, recurriendo a dineros que semanas antes había recibido por la venta de un departamento de su propiedad, en calle Pedro de Valdivia. No sirvió de nada. La jueza Marchant nunca cumplió su promesa.

Lo hemos dicho muchas veces, pero los pertinaces e ignorantes nos obligan a repetirlo: la quiebra era, además, absolutamente ilegal, por la sencilla razón de que una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro no podía quebrar. Si era rotundamente insolvente, desaparecía, pero no podía ser declarada en quiebra.

Si un engranaje le faltaba a esta maquinaria montada en el gobierno de Ricardo Lagos, con la desinteresada participación de Sebastián Piñera, que se encargó de darle cuerpo a la ley que crearía las Sociedades Anónimas, intervino luego el Servicio de Impuestos Internos (SII) para dar el golpe de gracia.

De la noche a la mañana, un servicio ineficiente y alcahuete con los poderosos, desconoció el DFL N° 1, firmado en las postrimerías del gobierno de Eduardo Frei Montalva, que, considerando lo breve de sus carreras, liberaba a los futbolistas de tributar por aquellos dineros que recibieran por concepto de primas y premios. Sólo debían hacerlo por sus sueldos. Y como no tenían que tributar por esos dineros que podríamos denominar “extras”, por supuesto que los clubes jamás les retuvieron dineros de un impuesto que no existía.

Lo de Frei Montalva había sido firmado a fines de 1969. En otras palabras, el 2002 buena parte de esa deuda absurda y fantasma ya había expirado, pero sólo considerando los últimos cinco años el SII calculó que los jugadores le debían al Fisco más de 10 mil millones de pesos de la época. Pero como habían sido los clubes los que nunca retuvieron esos dineros, ni los hicieron llegar al Fisco como impuestos, eran los clubes los deudores.

Que los dados estaban echados para implantar el maravilloso sistema que impulsaría al fútbol chileno como un cohete hacia la estratósfera, quedó en claro cuando el Servicio de Impuestos Internos ofreció su solución mágica: aquellas instituciones que se transformaran en Sociedades Anónimas podrían pagar la inventada deuda en cómodas cuotas mensuales. Aquellos que se negaran a sumarse a tan maravillosa panacea, debían, en cambio, pagar de inmediato.

¿Cuáles eran los clubes que, según el SII estaban más endeudados con el Fisco? Adivinó, querido lector: ColoColo y Universidad de Chile, que por ser competitivos siempre son los que más le entregan al jugador por concepto de primas y premios.

Así es que, por favor, dejemos de lado esa monserga del “Colo Colo campeón en la quiebra”. Porque el Cacique nunca estuvo realmente en quiebra. Fue secuestrado, lo que es bien distinto. Al igual que, tiempo después, fuera secuestrada Universidad de Chile, con las mismas aviesas intenciones.

Hoy, ambas instituciones, las más populares del país, están usurpadas por una tropa de ineptos aventureros. Como terminó usurpado al final todo el fútbol chileno, salvo un par de excepciones.