Colo Colo se hunde en una crisis sin fondo

A la derrota por Copa Libertadores frente al modesto Delfín sumó ahora una caída ante San Luis, hasta ayer colista de la competencia casera. El Cacique cerró así de la peor manera una semana tormentosa y todo puede ser incluso peor: este fin de semana se juega el Superclásico.

Colo Colo se hunde en una crisis que parece no tener fondo. A su humillante derrota por Copa Libertadores, frente al Delfin de Ecuador, sumó esta vez una nueva caída por el Torneo Nacional frente a San Luis de Quillota, por la cuenta mínima.

Una crisis que, ciertamente, no es sólo futbolística. Es total. Cuestión que se vio reflejada cuando, el pasado viernes, renunció Pablo Guede, se dice que también arrastrando la dimisión de Mosa, para que todo al final quedara en nada luego que el plantel de jugadores convenciera al técnico de que debía mantenerse al mando de la cabina técnica alba.

Todo un sainete lo vivido ese día en el Monumental. Por las horas de espera que hubo para hacer el bombástico anuncio, con una prensa expectante y que no sabía a qué atenerse. Por la actitud del mismo presidente de la concesionaria Blanco y Negro, que en la conferencia de prensa apareció vistiendo buzo, como uno más del plantel.

Un show ordinario e innecesario, pero que tuvo un indiscutible mérito: que todo el mundo hablara de la fallida renuncia del entrenador y quedara en un conveniente segundo plano el papelón copero albo, lo mal que juega un equipo al que todos elevaban a la categoría de candidato para clasificar en un grupo donde, por antecedentes, el Atlético Nacional era el único rival a vencer.

Tres partidos, dos derrotas y un empate. Un solo gol convertido. Eran los fríos número de la hasta ahora bochornosa participación alba en un torneo que en su oportunidad hasta ganó, habiendo merecido ganarlo ya en el lejano 1973.

Para la competencia nacional, sin embargo, los números no eran sustancialmente mejores. Con dos derrotas en apenas siete compromisos, el que marchara en la tabla lejos de los líderes (la U y Universidad Católica) era la consecuencia lógica de una campaña mediocre.

Esta vez, frente a San Luis, Colo Colo volvió a decepcionar en toda la línea. Porque frente a uno de los colistas del torneo, un cuadro que en siete partidos sólo había podido anotar tres goles, fue incapaz de imponer sus términos. Y como habrá que creerles a los jugadores, que se juramentaron para sacar esto adelante, lo que supone estar dispuestos a dejar el alma en cada partido para respaldar a su técnico en los hechos y no en las palabras únicamente, habrá que concluir, simplemente, que el juego del Cacique no da para más.

Que, contra todo lo que pregonan los dueños de la opinión crítica –mayoritariamente ex futbolistas-, Colo Colo es incapaz de jugar bien sencillamente porque tiene unos pocos jugadores de calidad, pero ya muy veteranos, otros en la media y una pléyade de chicos provenientes de las divisiones menores cuyo pobrísimo nivel futbolístico lleva a preguntarse cómo es que llegan a Primera. Como es que ese Colo Colo capaz de producir en su momento cracks de la categoría de Vidal, Brazo, Fernández y Valdivia, entre otros, sea ahora incapaz de entregar jugadores al menos para la mediocre competencia local.

Y la respuesta, aunque majadera, es una sola: a Blanco y Negro, como a la inmensa mayoría de las Sociedades Anónimas, fomentar las series inferiores no le interesa. A ellos lo que les interesa es el negocio, obtener dividendos por acciones cada fin de año, en lugar de invertir en chicos que, al final de cuentas, sólo son una apuesta.

Porque está claro que, de cien, uno, o dos con mucha suerte, llegarán a jugar en Primera División.

Y frente a ese equipo absolutamente sobrevalorado, San Luis terminó por desnudar todas sus limitaciones, todas sus falencias. Con una planilla que debe ser veinte o treinta veces inferior, el cuadro quillotano se paró de igual a igual y no sólo eso: fue capaz de ser mejor durante la mayor parte del encuentro.
Una vez más, Colo Colo fracasó desde la génesis de su fútbol. Dicho de otra forma, nunca pudo salir con claridad y balón asegurado desde sus últimas posiciones. El despliegue quillotano, la marca presta en la salida, obligaban a los del fondo albo una y otra vez a dividir, a tirarla para adelante para disminuir el margen de error.

Ausente además Barroso, otro que está claramente “cortado”, como se dice también de Maturana, el fondo albo pierde mucho en ese aspecto. Porque Insaurralde, uno de los pocos que se salva, porque al menos responde en lo suyo, carece de esa virtud que por varios campeonatos le ha servido al fondo albo. De diez pelotas, el ex boquense prefiere tirar siete u ocho hacia adelante.

Lo grave es que Guede lo intentó todo. Dejó fuera a Valdés, a Paredes y, por supuesto a Barroso, consciente de que el partido del pasado jueves, más la dinámica de este modesto San Luis, podían pasarle tempraneramente la cuenta al físico de sus jugadores, obligados además a desenvolverse en una cancha sintética.

Sólo que los que entraron –y como siempre, o casi siempre- no dieron el tono. Pinares no fue aporte, Suazo mezcló más malas que buenas y el juvenil Berríos sólo ratificó que lo suyo es marcar y correr, pero que desde el punto de vista del juego es poco lo que puede aportar. Es más: desde el minuto 34 jugó gratis, porque ya estaba con amarilla cuando cometió otra falta que ameritaba el segundo cartón.

Y ofensivamente, ni hablar: Rivero se mostró absolutamente peleado con el arco, al paso que Orellana, aparte de una respetable cuota de velocidad, y una buena dosis de potencia, carece en absoluto de habilidad para sacarse un hombre de encima y resolver las pocas pelotas que le llegan bien jugadas.

San Luis, incluso, anotó ya a los 58 minutos el gol que le estaba dando los tres puntos. La rapidez de la jugada, en un principio dudosa, y la experiencia de Orión para ir a reclamar un supuesto fuera de juego, hicieron dudar al pito Piero Maza, quien, después de un largo conciliábulo con el línea, decidió después de transcurridos cuatro minutos, anular la conquista “canaria”.

Pero ni ese poco frecuente cobro salvó a Colo Colo de la derrota. Ni el ingreso de Paredes mejoró las cosas. Acaso sabiendo el goleador que su pérdida de velocidad y chispa lo obligan a jugar al límite para superar a defensores fuertes y más jóvenes, cayó reiteradamente en el fuera de juego. A los 82, incluso, le anularon un preciso cabezazo que llegó a las mallas, pero desde posición adelantada.

Ya en los descuentos, sin embargo, San Luis encontró premio a sus afanes y Colo Colo el resultado que se merecía. González, ingresado en la segunda etapa, desbordó con increíble facilidad a Suazo y su centro, a la que saliera, encontró absolutamente libre a Sagredo. Y el volante, que también había ingresado en la segunda parte, tuvo hasta tiempo para acomodarse y medir el disparo.

Quillota celebró eufórica, y con toda razón, esta victoria que los saca del último lugar de la tabla.

Colo Colo, por su parte, lamenta mucho más que una nueva derrota. Sumido en una crisis absoluta y al parecer todavía sin fondo, sabe que quedó muy lejos incluso de nuestra pobre competencia casera. Y que el archirrival se frota las manos pensando en el fin de semana que viene.

Porque si la U, que no le gana a Colo Colo desde el 2013, no es capaz de ganarle ahora, que está en el suelo, ¿cuándo?

PORMENORES
Torneo Nacional. Octava fecha.
Estadio: Lucio Fariña, de Quillota.
Público: 8 mil espectadores, aproximadamente.
Arbitro: Piero Maza.
SAN LUIS: I. González; Pino, Sepúlveda, Rojas; C Bravo (55’ R. González), Companucci, Moya, Lara; Martínez (46’ Sagredo), Caballero, Escobar (76’ Melivilú).
COLO COLO: Orión; Opazo, Zaldivia, Insaurralde, Suazo; Berríos (46’ Carvallo), Baeza (64’ Meza), Pinares, Valdivia; Rivero (64’ Paredes) y Orellana.
Gol: a los 90+2’, Sagredo.
Tarjetas amarillas: en San Luis, Ignacio González, Pino, Sepúlveda, Bravo, Moya, Lara y Martínez; en Colo Colo, Insaurralde, Suazo y Berríos.